La ecología cultural es una corriente que estudia las relaciones entre un grupo humano y su medio ambiente, centrándose en la interacción de los modos de vida de esa cultura y los ecosistemas que le dan soporte.

La ecología cultural implica el estudio de la conducta de las personas, siendo este su aspecto antropológico y de ciencia social, y además entiende cómo las características del medio influyen en el comportamiento humano, siendo esta la parte como ciencia biológica.

A continuación veremos más a fondo esa corriente procedente del materialismo cultural, relacionada con el particularismo histórico y que se ha considerado reveladora para la antropología del siglo XX.

¿Qué es la ecología cultural?

La preocupación sobre el rol y posición que ocupa el ser humano en la naturaleza ha ido creciendo durante el último siglo, en especial dentro de las ciencias naturales y sociales. Por este motivo se ha vuelto indispensable averiguar hasta qué punto el ser humano es parte integral de la naturaleza, cómo se diferencia de otras especies y en qué varía según su cultura, siendo muy importante su desenvolvimiento de la cultura en el medio ambiente.

Antes de hablar más a fondo sobre la ecología cultural debemos entender qué se entiende por ecología. Esta es la ciencia biológica que intenta estudiar y comprender la función de los sistemas en los que se encuentran conjuntos de seres vivos, que interactúan entre ellos y tienen relación directa con el entorno físico. El conjunto de seres vivos conforman un ecosistema, y los ecosistemas del planeta, como lo son los bosques, los ríos, los lagos y los arrecifes, constituyen lo que llamamos la biosfera.

Desde la perspectiva ecológica la especie humana es considerada muy importante por el grado de autoconciencia que tiene sobre su impacto natural, sin embargo, dentro de los eslabones que conforman un ecosistema, sigue siendo una especie más de la naturaleza. A lo largo de nuestra historia los humanos hemos impactado más o menos fuertemente en el entorno, tanto siendo cultura tribales como grandes sociedades industrializadas. Aun así, la especie humana se puede considerar tan “natural” como las demás.

El ser humano puede considerarse como un animal cultural por el simple hecho de que tiene la capacidad de generar cultura, algo fundamental para su desarrollo y supervivencia. Mediante ella hemos podido diseñar herramientas, estrategias y acciones que han permitido aprovechar los recursos naturales dados, modificando el entorno natural en función de nuestras necesidades, por muy aparentemente inmutable que este pudiera parecer. Por ejemplo, la explotación de las montañas como minas es directo resultado de nuestra capacidad de generar cultural y tecnología.

Entendido todo esto podemos dar paso a explicar qué es la ecología cultural, la cual trata del estudio de la relación de una cultura y su medio natural e histórico. Se estudia una cultura en concreto, teniéndose en cuenta sus adaptaciones al ecosistema en el que se han asentado y viendo cómo a lo largo de su historia se han ido moldeando a los obstáculos del ambiente, sabiendo usar provechosamente aquellos recursos que les ofrecía. La respuesta cultural varía en función de cómo sea el medio ambiente, tratando de superar sus limitaciones.

Estas adaptaciones culturales pueden representarse de muchas formas: herramientas, uso y utilización de los recursos, prioridad de clases en la explotación del medio, expresiones en el lenguaje, sistema de creencias, religión… Todos estos elementos se conocen como los mecanismos de adaptación a los ecosistemas desde la cultura. Por ejemplo, en una cultura que vive en el desierto es probable que se tenga especial cuidado con el agua, vista como un bien muy preciado y escaso el cual no debe ser malgastado.

Características

A nivel teórico, la ecología cultural es una corriente que procede de la escuela materialista no marxista de las décadas de 1960 y 1970. Se la relaciona también como disciplina de la antropología económica y es considerada la primera escuela que empieza a estudiar las relaciones existentes entre las sociedades y sus bases materiales de subsistencia.

La ecología cultural puede entenderse de dos formas. Por un lado, diacrónicamente, examinando las entidades que existieron en un mismo ecosistema en épocas diferentes, y por el otro lado, sincrónicamente, examinando el sistema presente y sus componentes culturales.

El argumento central de esta corriente es que el medio ambiente, tanto a pequeña escala como en grandes sociedades, es un factor principal que contribuye en la configuración de la jerarquía social y las instituciones humanas, en especial aquellas que se encargan de la distribución de la riqueza.

Origen de este ámbito de investigación

El padre de esta corriente es Julian Steward, tomando como fuerte base el particularismo histórico, estaba interesado en hallar principios o leyes generales que explicaran cómo se desarrollan las culturas en relación a su entorno. Él planteó no solo las bases para la ecología cultural, sino también para la evolución multilineal, exponiéndolo en su libro “Theory of Culture Change: The Methodology of Multilinear Evolution” (1955).

Steward sostenía que, en primer lugar, cada cultura debe entenderse como una estrategia adaptativa al ambiente natural e histórico en el que se desarrolla. Es decir, la cultura es una respuesta a las características del entorno natural, tratando de sobrevivir a él. En segundo lugar se debe entender que la base ambiental condiciona el desarrollo cultural. Esto introduce al ambiente como un factor creativo y a la cultura como un hecho super orgánico.

El ambiente es limitante, y la cultura debe idear las mejores herramientas, ideas u opciones para superar los obstáculos. Esto es, las adaptaciones se condicionan a lo que el ambiente ofrece, haciendo que varíe o se potencien. Por ejemplo, en una cultura donde hay escasez de agua es bastante probable que se planteen y diseñen tecnologías que traten de transportar el agua a puntos alejados, como acueductos o sistemas de irrigación, algo muy común en las culturas del norte de África.

Por esto en la ecología cultural se plantea estudiar los procesos creativos de adaptación a la cultura, que probablemente se han dado de forma paralela alrededor del mundo en función de un mismo ambiente determinado, con la intención de formular principios universales que permitan predecir y entender come se va a desarrollar una cultura teniendo un ambiente dado. Las dos premisas mencionadas se pueden interpretar en base a tres variables: ambiente, cultura y desarrollo tecnológico.

La ecología cultural usa como método de estudio el abordaje del núcleo cultural, entendido este como los rasgos o las características relacionadas con la subsistencia, la parte económica y las necesidades de una población para subsistir, además de la apropiación de la tecnología la cual, naturalmente, varía en función de cada sociedad. Dentro de este método se propone seguir tres procedimientos básicos:

  • Analizar las interrelaciones entre tecnología productiva y extractiva, en donde se incluya la cultura material en una relación tecnología-ambiente.
  • Analizar los patrones involucrados en la explotación de un área por medio de una tecnología particular.
  • Analizar cómo afectan los patrones de conducta en el medio ambiente en la cultura, profundizando mucho más en los componentes de la cultura.

Técnicas de las que se vale la ecología cultural

Para realizar sus estudios y demostrar sus teorías, la ecología cultural hace uso de todo tipo de herramientas como el análisis de suelos, la arqueometría, los isótopos de carbón, el desarrollo de mapas con elementos geográficos y geológicos, sistemas de información geográfica, georadares para identificar asentamientos y disminuir a mano alzada los riesgos de excavar.

Entre las herramientas más importantes de las que se vale la ecología cultural tenemos el radiocarbono, usado para fechar los sitios arqueológicos. Conesta técnica, los arqueólogos y antropólogos pueden relacionar la aparición de un evento ambiental del pasado (p. ej., inundación, cambio climático, sequía...) con cómo se comportaron las personas de la región en ese momento.

También es posible establecer relaciones entre tradiciones actuales y fenómenos del pasado con estas técnicas. Un ejemplo de esto lo tenemos en la prohibición de consumir carne de cerdo en Oriente Medio. En base a registros arqueológicos se sabe que este animal, cuando fue primeramente criado en la región, supuso una amenaza ambiental muy grave. Como el cerdo podía acabar con los pocos entornos verdes de Oriente Medio se dijo que era un animal contaminado, con la intención de evitar su crianza ganadera.

Referencias Bibliográficas

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