Una duda frecuente en la crianza de niños pequeños: ¿es normal que hablen con amigos imaginarios? Unsplash.

La capacidad de socializar y mantener contactos positivos más allá de los meramente familiares, estableciendo vínculos con las personas de nuestro entorno y compartiendo situaciones, momentos y experiencias positivas con ellos es fundamental para nuestro completo desarrollo.

Las amistades van a ser muy importantes durante toda la vida, pero tener a alguien de características similares a las propias con quien compartir y experimentar resulta especialmente relevante durante la infancia y adolescencia. Y en muchos casos, algunos niños llegan a elaborar amigos que realmente no existen en el mundo real pero que son de gran importancia para ellos: estamos hablando de los amigos imaginarios. Es sobre este concepto sobre el que vamos a hablar a lo largo de este artículo.

¿Qué es un amigo imaginario?

Se considera amigo imaginario a todo aquel personaje invisible e inexistente en la realidad que es considerado como real o parcialmente real por parte de un niño con el que juega a interacciona con frecuencia y de manera directa y que es nombrado y reconocido delante de otras personas. La interacción y consideración de la existencia de este ser por parte del menor puede tener una duración variable. Si bien hemos hablado de seres inexistentes, a veces el amigo imaginario es un objeto o elemento al que el niño otorga la capacidad de estar vivo o interaccionar, como un muñeco.

La creación y mantenimiento de los amigos imaginarios suele darse en niños de corta edad, de entre dos y ocho años. El amigo en cuestión suele tener una función protectora o lúdica, siendo su presencia propia de situaciones en que el niño está jugando o siente miedo. El personaje en cuestión puede ser un niño como él o ella o bien seres animados, con características animales o incluso fantásticas. Generalmente el amigo empieza a ser olvidado o desaparecer cuando el menor empieza a tener un contacto más fluido y positivo con niños y hacer amigos, aunque puede tardar cierto tiempo en desaparecer.

Explicaciones a este fenómeno en la infancia

La creación de amigos imaginarios por parte de los niños ha sido un aspecto investigado con gran interés a lo largo de la historia, existiendo diferentes enfoques al respecto. Inicialmente existía la idea de que se trataba y se valoraba como la expresión de algún problema clínico, si bien la investigación ha demostrado que con excepciones esto no es así.

Inicialmente se consideraba que los amigos imaginarios eran la expresión de problemas afectivos vinculados a carencias tales como falta de afecto por parte de los padres, soledad o falta de personas de su mismo nivel madurativo o como mecanismo de compensación de lo que los niños consideran sus debilidades. Si bien en algunos casos puede ser así, especialmente en niños abandonados o que han padecido algún trauma, se ha observado que este fenómeno puede aparecer en cualquier tipo de contexto.

Autores como Jean Piaget, conocido por sus estudios sobre el desarrollo infantil y las fases de adquisición de las diferentes habilidades y capacidades mentales desde una perspectiva cognitiva, interpretaban la presencia de amigos imaginarios como una elaboración del menor a modo de intento de explicación de la realidad que no era capaz de comprender, teniendo dificultades para separar lo real de lo imaginario en la edad típica de aparición de este fenómeno (entre los 3-6 años). Sin embargo los niños sí son capaces de separar realidad de ficción a estas edades, a menudo sabiendo que sus amigos imaginarios no son perceptibles para nadie más que ellos o incluso que son producto de la fantasía.

Otra teoría más reciente valora que los amigos imaginarios son simulaciones de seres reales que los niños emplean para practicar situaciones de interacción real y que les sirven para mejorar su comprensión de la teoría de la mente (asumir y entender que los otros tienen opiniones, pensamientos y perspectivas diferentes de las propias).

¿Es algo patológico?

Si bien no ocurre en todos los niños, la presencia de amigos imaginarios es algo que a nivel general suele aceptarse como algo normal que pasará con el tiempo. Sin embargo, muchos padres muestran una gran preocupación cuando les ocurre a sus hijos ante la posibilidad de estar presenciando algún tipo de alteración o patología mental.

Esta preocupación tiene cierto sentido, ya que lo cierto es que el concepto de amigos imaginarios supone la existencia de algunas características que podrían asemejarse las propias de una alucinación o un delirio (se percibe y considera real la existencia de un ser que no existe más allá de la propia mente del sujeto, que se mantiene en el tiempo).

Sin embargo, en la gran mayoría de los casos no se trata de un suceso patológico sino normativo, siendo extremadamente frecuente (si bien no hay un consenso, algunos estudios indican que incluso alrededor de la mitad de los niños podrían tenerlos) y que suele ocurrir en una etapa de la vida en que suele estar muy activo el pensamiento mágico y en que existe gran creatividad.

Además, el amigo en cuestión puede tener una función en el desarrollo infantil: aliviar necesidades de compañía, proyectar su yo ideal o su propia autoimagen, practicar para interacciones reales, ensayar su teoría de la mente y la capacidad de comprender al otro, o liberar ansiedad generando un mundo ficticio en que pueda abstraerse de problemas varios.

De hecho, algunos estudios parece indicar incluso que la generación de amigos imaginarios (siempre que no venga a ser la expresión de carencias afectivas o genere un alejamiento activo del contacto real con otros) lejos de ser patológico puede incluso permitir el desarrollo de diferentes habilidades, mejorando su futura competencia social, apatía, abstracción y creatividad.

¿Qué hacer?

Muchos padres pueden llegar a preguntarse cómo actuar ante la presencia de amigos imaginarios en sus hijos, siendo una preocupación normal y lícita. Pero por norma general el hecho de tener amigos imaginarios no es algo que requiere de un tratamiento.

No es recomendable castigar, negar o ignorar la existencia del amigo imaginario, si bien cabe valorar el tipo de amigo o de personalidad que tiene. Tampoco intentar forzar que el niño haga actividades sobreocupando su tiempo para evitar la existencia de este amigo. También podría ser de utilidad intentar favorecer (sin que se convierta en una práctica forzada e insistente que genere ansiedad al niño) el acercamiento a situaciones donde pueda interactuar con otros niños.

Debe tratarse el tema con respeto. Hay que tener en cuenta que puede tratarse de una proyección de los miedos de nuestro hijo o incluso de una manera de conectarse con el mundo y comunicarse contigo, con lo que puede ser relevante escuchar en qué momentos aparece y las opiniones que el niño dice que su amigo tiene respecto al mundo.

Aspectos menos habituales que pueden generar una respuesta y que no deberían ser permitidos es el hecho de que el amigo imaginario sea utilizado como justificación o chivo expiatorio de los propios actos aversivos.

También puede ser más preocupante si se observa que el niño prefiere relacionarse con su amigo invisible que con el resto del mundo y ello le conduce al aislamiento, o que la personalidad del amigo sea extremadamente violenta o destructiva. Si bien hay casos en que los amigos imaginarios se mantienen hasta la adolescencia, no es algo muy habitual y habría que valorar que el menor pudiera estar teniendo algún tipo de problemática.

Referencias bibliográficas:

  • Benavides Delgado, J. (2007). La Creación de Amigos Imaginarios en los Niños: ¿Un Problema Clínico?. Tesis Psicológica [en línea] Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=139012670006.
  • Taylor, M. (1999). Imaginary companions and the children who create them. Oxford: Oxford.