Ejercicios para que los niños y niñas aprendan a reconocer sus emociones. Unsplash.

A lo largo de nuestra vida y desde el nacimiento, los seres humanos no dejamos de aprender. Pero sin duda alguna los mayores y más importantes aprendizajes se llevan a cabo durante la infancia y la adolescencia.

Uno de los aprendizajes más relevantes tiene que ver con la manera de relacionarse con uno mismo, así como con aprender a reconocer los propios pensamientos, creencias y emociones. Se trata de algo que requiere de aprendizaje, y en algunos casos pueden existir dificultades para reconocer y gestionar las propias emociones.

¿Cómo ayudar a los niños a reconocer sus emociones? A lo largo de este artículo vamos a ver algunas proposiciones o estrategias que pueden ser útiles en este sentido.

La emoción y el reconocimiento de las emociones

Denominamos emociones a aquellas reacciones subjetivas y de carácter fisiológico-cognitivo-conductual que surgen de la confrontación de estimulaciones internas (sensaciones corporales, pensamientos o ideas) o externas (los eventos que proceden del medio) y que tienen como principal función la de dirigir o alterar nuestra conducta de cara a lograr nuestras adaptación y supervivencia.

Las emociones tienen un origen neurobiológico, y tienen su origen en la activación del sistema límbico, pero también se ven fuertemente influenciadas por nuestras vivencias y aprendizajes vitales.

De hecho, tal y como hemos comentado se trata de reacciones ante lo que sucede en nuestra vida, las cuales activan nuestro organismo y nos predisponen a la acción, motivandonos y favoreciendo que actuemos de determinada manera y nos permiten a su vez vincularnos a los demás.

Las emociones aparecen por lo general de manera súbita e innata y durante un corto período de tiempo, y permiten otorgar algún tipo de valor a lo que nos ocurre. A menudo solemos dividirlas en positivas, negativas o neutras en función del tipo de activación o sensaciones que nos generan (como por ejemplo alegría, tristeza o sorpresa), pero todas ellas nos resultan profundamente adaptativas y han permitido que nuestra especie pueda haberse desarrollado y sobrevivido hasta el momento.

Difieren de los sentimientos en que estos se mantienen en el tiempo y surgen de la concienciación y elaboración cognitiva de las emociones y su vinculación con las causas de su aparición.

Podemos encontrar y experimentar una gran diversidad de emociones, y muchas de ellas tienen características o maneras de expresarse que hacen que en ocasiones puedan confundirse entre sí.

A lo largo de nuestro desarrollo y según las vamos experimentando, dichas emociones van siendo cada vez más fáciles de reconocer, pero lo cierto es que el mero reconocimiento de las propias emociones es una habilidad que precisa entrenamiento, y para la que puede precisarse de ayuda externa.

El reconocimiento de emociones entraría dentro de la habilidad cognitiva básica conocida como conciencia emocional, la cual se define como la capacidad de captar y reconocer las emociones propias y ajenas y ser capaces de clasificarlas e identificarlas con un nombre o dentro de una categoría básica.

La conciencia emocional es uno de los principales componentes que busca de la educación emocional, la cual permite el afrontamiento de las problemáticas del día a día, ser capaces de comprender, reaccionar y adaptarse el entorno y generar una identidad y autoestima propias sanas.

¿Cómo ayudar a los niños de reconocer sus emociones?

La conciencia emocional o reconocimiento de las propias emociones es una habilidad básica que por norma general se va desarrollando naturalmente desde la infancia, pero que requiere de un proceso de aprendizaje en el que la dotación de apoyos externos podría ser útil.

Desgraciadamente, en la educación formal habitual existe por lo general poco apoyo al desarrollo o formación de esta habilidad, con lo que a menudo la capacidad de reconocer las emociones puede quedar relegada como algo secundario y que depende más bien del propio sujeto y las vivencias y aprendizajes que adquiera de familia y amigos. Pero puede ser reforzado.

A continuación os proporcionamos algunos ejemplos de maneras en que podemos ayudar a los niños a reconocer sus emociones mediante el aprendizaje cotidiano.

1. Hablar sobre las emociones

Para poder reconocer las emociones resulta muy importante saber en primer lugar a qué llamamos alegría, tristeza, rabia, asco, miedo o sorpresa.

En este sentido resulta de utilidad que el menor pueda hablar libremente con los adultos o sujetos del entorno sobre sus sensaciones y deseos, y qué nota en distintas situaciones, con el fin de poder ponerle un nombre a la sensación en sí.

Es importante que si definimos una emoción lo hagamos de manera sencilla y comprensible para el grado de desarrollo evolutivo del menor. Sin utilizar conceptos muy abstractos y empleando ejemplos.

2. Poner ejemplos de situaciones en que pueden aparecer

Como ocurre también en la adultez, el hecho de utilizar ejemplos pueden permitir al niño entender qué implica una emoción determinada. Puede ser útil especialmente describir situaciones en que es habitual sentir cada una de las emociones.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que una misma situación puede provocar distintas reacciones emocionales en personas diferentes.

3. Expresiones faciales: emoticonos, fotografías y dibujos

Una manera clásica de entrenar el reconocimiento de emociones pasa por la identificación de expresiones faciales en caras dibujadas o fotografías. No hace falta que revistan gran complejidad, sino simplemente que puedan observarse el tipo de gestos que se llevan a cabo al experimentar una emoción.

4. Mímica e imitación

Igual de importante que verlas puede ser el aprender cómo las expresamos nosotros mismos. Puede ser de utilidad ensayar con el niño diferentes maneras y gestos que realizamos al sentir una emoción concreta, de manera que el pequeño las imite y pueda reconocer algunas de las sensaciones físicas que su cuerpo lleva a cabo al sentir una emoción determinada.

Un método que puede ser de utilidad es el de ensayar caras y gestos tanto acompañado por un adulto como ante un espejo.

También resulta de gran utilidad la representación física libre de las sensaciones sentidas por parte del menor, de manera que el niño por sí mismo intente expresar las sensaciones que le genera la emoción que siente.

5. Vídeos y películas

A todos o casi todos los niños les gusta ver películas infantiles, y esto es algo altamente beneficioso si tenemos en cuenta que en la mayoría de ellas aparecen personajes que sienten distintas emociones y situaciones que pueden suscitarlas a los propios niños.

Es posible utilizar este tipo de estimulación, que además les agrada y les resulta reforzante, con el fin de que empiecen a aprender a interiorizar intelectualmente situaciones emocionales e incluso a identificar emociones o expresiones físicas que revelen la existencia de una emoción concreta.

Es especialmente útil emplear películas que les sean significativas, aunque también existen diversos cortos que pueden ser de utilidad.

6. Expresar las sensaciones con palabras

Aunque describir una emoción es algo que puede ser complicado a cualquier edad, una forma de aprender qué emociones estamos sintiendo es intentar expresarlas en palabras. En este sentido puede ser de utilidad que los adultos a cargo expresen tanto mediante gestos como a través de las palabras cómo se sienten o el tipo de estimulación que les genera una reacción emocional determinada.

7. No recriminar ni censurar una emoción

Aunque a menudo dividimos las emociones entre positivas y negativas, lo cierto es que todas y cada una de ellas tienen una función y es necesario aprender a saber reconocerlas. Es importante no censurar las emociones o su expresión o hacerles creer que está mal sentirse de determinada manera, un error por otro lado bastante común.

No se trata de motivar que tengan rabietas o se salgan con la suya, pero sí hacerles entender que sentirse enfadado no es malo per sé, o estar triste. Son emociones naturales que deben aprender a interpretar y reconocer para posteriormente poder gestionar.

8. Teatralizar situaciones generadoras de emociones

Otra vía que puede ser de utilidad para aprender a reconocer las propias emociones pasar por hacer simulaciones y representaciones teatralizadas sobre situaciones que por norma general tienden a provocar una emoción como rabia, alegría, tristeza o sorpresa.

Ello ayuda a que el niño experimente la emoción, y tras ello pueda reflexionar sobre cómo se ha sentido y qué tipo de sensaciones le ha generado a nivel fisiológico o mental.

9. Describir situaciones de tal modo que puedan decir qué sentirían

A modo de dilemas éticos, pueden emplearse la descripción de situaciones emocionales para preguntar a los menores qué sentirían en dicha situación. Si bien la respuesta no tiene por qué ser exacta, la reflexión sobre qué sensaciones les provocarían puede llevar a los niños a aprender a identificar sus emociones con mayor facilidad en situaciones parecidas.

Referencias bibliográficas:

  • Bisquerra, R. & Pérez, N. (2007). Las competencias emocionales. Educación XXI, 10, 61-82.