Recomendaciones para enseñar bien. Pxhere.

Crear las situaciones propicias para que un hijo aprenda a hablar es una de las preocupaciones y objetivos básicos de muchos padres y madres, especialmente si son primerizos. Es normal, dado que el lenguaje es una de las competencias psicológicas básicas; gracias a él, los pequeños pueden crear conceptos abstractos articulados lógicamente entre sí, de manera que empiecen a tener un entendimiento relativamente realista de la naturaleza, de la sociedad y de ellos mismos. Sin lenguaje, no se desarrolla la inteligencia.

Si bien como padres, madres y tutores no podemos garantizar que un pequeño aprenda perfectamente a hablar en el 100% de los casos, normalmente sí es posible crear las condiciones adecuadas para que interioricen las habilidades necesarias para hacerlo y practicarlo. Para saber cómo enseñar a hablar a un hijo o hija hay que adaptarse a se manera de pensar, pero también tener claro que tenemos un poder limitado para influir en esta.

¿Cómo enseñar a mi hijo a hablar?

A continuación veremos varias ideas clave para hacer todo lo posible por generar un aprendizaje eficaz del lenguaje en nuestros hijos o hijas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que cada caso es único y las condiciones en las que crece cada niño o niña también lo son.

Por otro lado, pase lo que pase, no se puede culpar a los pequeños si percibimos que no avanzan al ritmo deseado. En casos extremos, incluso, es posible que ese enlentecimiento se deba a alteraciones neurológicas, de modo que el aprendizaje solo puede servir para evitar un retraso mayor. De todas formas, estos son casos excepcionales.

1. Haz que sean los protagonistas

Olvídate del formato de las clases magistrales en las que el aprendiz calla y escucha y el maestro habla transmitiendo la información que el otro debe interiorizar y memorizar. El lenguaje es algo que se desarrolla en contextos de interacción real, y por eso, para enseñar a los hijos a hablar, hay que generar estas dinámicas, aunque sea recurriendo a personajes ficticios que hablan sobre ellos y cuentan historias.

A la práctica, esto significa que no hay que limitarse a exponer a nuestros hijos al lenguaje. Hay que hacer que participen en él, tanto escuchando como diciendo cosas. Así, contribuyendo a que nos hablen, aunque sea interrumpiendo, haremos que cada vez se sientan más motivados por utilizar el lenguaje para comprender el mundo y las historias interesantes que entraña.

2. No describas, narra

Para captar el interés de los pequeños acerca de un aspecto de la realidad que vayan a conocer mediante el lenguaje, es mucho mejor hacerlo mediante historias y narraciones que mediante descripciones. Estas narraciones llaman más la atención, porque tienen un inicio, un nudo y un desenlace, y prometen la resolución de una situación, mientras que las descripciones hacen referencia a realidades estáticas que, si bien también pueden ser instructivas, tienen menos potencia a la hora de reclamar el interés de los niños.

3. Utiliza palabras que utilice en su día a día

Siglos de educación formal han hecho que algunos padres y madres adopten una mentalidad demasiado formal a la hora de enseñar a hablar a sus pequeños, como si se tratase de una escuela tradicional implantada en casa. Pero en las primeras etapas de la infancia, el aprendizaje debe adoptar la forma de un juego. Uno que entraña ciertos retos, pero un juego al fin y al cabo, basado en situaciones de interacción real con personas reales (independientemente de si estas encarnan a personajes que no lo son).

Por eso, hay que utilizar conceptos y referencias que el niño o niña utilice en su día a día. Por ejemplo, si le gustan los animales, hacer que sean animales los protagonistas de una narración que utilicemos para hacer que se sientan apelados por una historia en la que pueden participar haciendo preguntas y interpelando a los protagonistas.

4. No poner metas abstractas

Ante la pregunta de "¿cómo enseñar a mi hijo a hablar?", algunos padres pecan de ceñirse demasiado a una manera de razonar propia de las personas adultas, y no de los pequeños. En etapas tan tempranas del desarrollo de la infancia, hay que tener como referencia ciertos hitos en la adquisición del lenguaje que resulta habitual, pero no es bueno ser muy rígidos con ello. En los primeros meses y años de vida, es complicado que los pequeños comprendan lo que está ocurriendo en lo que respecta a un proceso de aprendizaje y las expectativas que este genera en sus familiares.

Así pues, hay que estimularles con situaciones concretas, pero no hay que hablarles argumentando en términos abstractos refiriéndonos a metas que vayan más allá del aquí y ahora. Por ejemplo, pedirles que aumenten su vocabulario fijándose en las palabras que utilizan los adultos no es recomendable, ni pedirles que aprendan a utilizar las conjugaciones de los verbos. Hacerlo crearía situaciones frustrantes.

5. Pregunta

Si vas preguntando de vez en cuando acerca de conclusiones que se desprenden de lo explicado, creas un mecanismo para que los pequeños pongan los cinco sentidos en la situación de interacción mediante el lenguaje. Eso hace que sea más fácil que aprendan más en menos tiempo. Además, de esta manera se contribuye a que no solo escuchen, sino que además hablen.

6. Felicita por los avances

Otra manera de hacer que nuestros hijos e hijas aprendan a hablar es mostrar signos de alegría ante los avances. En etapas muy tempranas de la infancia esto ya funciona por el simple hecho de crear sonidos asociados con las emociones positivas, y cuando ya se ha empezado a desarrollar una concepción sofisticada del mundo y del propio Yo, refuerza la autoestima y favorece la implicación en el aprendizaje.