Si hay una etapa que se caracteriza por las dificultades, la incomprensión, los cambios y los retos, esa es la adolescencia.

A pesar de que durante la adolescencia cada vez tienen mayor peso las relaciones entre los iguales y no tanto las relaciones que se establecen con los padres y madres, éstas no por ello dejan de ser importantes, sino que constituyen un factor fundamental a la hora de crear la propia identidad y ayudan a redefinir los roles paterno-filiales dentro de la familia (Tesson y Youniss, 1995).

En las últimas décadas son muchas las investigaciones que se han realizado encaminadas a averiguar qué factores influyen en que haya una buena comunicación paterno-filial en la adolescencia (Cava, 2003).

Por ello es importante conocer cuáles son las mejores estrategias para comunicarnos, ya que de ello va a depender en mayor o menor medida qué tipo de relación establecemos con nuestros hijos e hijas en esta etapa tan importante.

Cómo comunicarnos de forma eficaz con nuestros hijos adolescentes

Comunicarse no es imponer. Comunicarse es intercambiar información, y comunicarse de forma eficaz representa que la otra persona ha recibido nuestra información y que nosotros hemos recibido la suya, ambas partes sin que existan mensajes contradictorios, ambiguos y donde prime el respeto mutuo.

Un fallo muy común que se comete durante el acto comunicativo es el de tener un objetivo inadecuado. Esto es, intentar comunicar algo con el objetivo de que la otra persona ceda ante nuestra información; no tener claro cuál es nuestro objetivo o tener objetivos contradictorios a la vez.

¿Cuáles los principales fallos en la comunicación?

Estos son algunos fallos habituales en los procesos comunicativos.

1. Gritar

De poco nos sirve intentar establecer una conversación adecuada si elevamos el volumen y el tono al hablar. Cuando alguien nos grita es más fácil que actuemos de forma defensiva, por lo que no es la mejor estrategia para conseguir una buena comunicación.

2. Imponer/Chantajear

Uno de los fallos que más se cometen a la hora de mantener una conversación con los hijos e hijas es el de imponer nuestra “voluntad”. Si lo que buscas es intentar llegar a acuerdos con tu hijo/a lo peor que puedes hacer para lograrlo es utilizar frases como “me da igual lo que digas”, “esto es así y punto”, “harás lo que yo diga”, “no vas a hacer eso”, “como hagas eso verás…”

3. Juzgar/criticar

Si hay algo en lo que coinciden los adolescentes es que la mayoría se sienten juzgados por sus padres y madres, o bien les preocupa que les juzguen y por ello suelen evitar ciertos temas de conversación o prefieren mentir en lugar de decir la verdad. Por ello es importante que cuando estén expresándose tratemos de no juzgarles, mostrando una actitud abierta al diálogo y haciéndoles ver que es normal equivocarse en ciertas ocasiones (recuerda que tú también lo hiciste).

4. No escuchar

Otro de los fallos habituales es el de no escuchar. Párate a escucharles e intenta que si ese no es el mejor momento para ti podáis posponer la charla para después, mostrándole a tu hijo/a que lo que te quiera decir es importante para ti.

5. No empatizar

Es imprescindible que tratemos de comprender las emociones y pensamientos de nuestros hijos/as si queremos que se sientan cómodos al hablar con nosotros. Uno de los fallos que más se cometen es pensar sólo que es lo que queremos nosotros o lo que consideramos mejor para ellos, sin considerar qué es lo que motiva que actúen de determinada forma o qué necesitan en ese momento.

Entonces, ¿Qué podemos hacer?

Algo evidente sería hacer lo contrario a todo lo que acabamos de mencionar: empatizar, escuchar, comprender y hablar con un buen tono y volumen. Pero vamos a centrarnos en las siguientes estrategias:

1. Negociar

Establecer un diálogo en el cual poder negociar. Si hay algo que no suele funcionar con los/as adolescentes es la imposición. Les prohíbes una cosa y parece que tienen más ganas aún de hacerla, por ello es importante llegar a acuerdos.

Habrá momentos en los que tengamos que negarle peticiones, pero no por ello vamos a hacerlo siempre, o podemos tratar de llegar a acuerdos intermedios. Recuerda que para negociar habrá momentos en los que tú también tendrás que ceder.

2. Mostrarnos abiertos

Debemos mostrarnos flexibles a negociar y a poder pactar sobre ciertos temas. Esto hará que ellos y ellas se sientan más cómodos y más dispuestos a comunicarse con nosotros/as. También es importante mostrar que podemos ser flexibles ante nuestras propias ideas.

3. Modelo

¿Cómo pretendemos que nuestros hijos hablen con nosotros de lo que les preocupa y de sus sentimientos si nosotros no hacemos lo mismo? Si desde el principio nos mostramos comunicativos, les explicamos cómo nos ha ido el día, cuáles son nuestras preocupaciones y les explicamos qué nos inquieta, será mucho más fácil que ellos/as también lo hagan.

¿Por qué es tan importante una buena comunicación?

Tal y como muestra Cava (2003) en su estudio sobre las relaciones familiares, existe una relación positiva entre una adecuada comunicación familiar y un mayor bienestar psicosocial del adolescente. En concreto, una mayor apertura en la comunicación con los padres se relaciona con una mayor autoestima y con un menor ánimo depresivo.

La adolescencia es una etapa difícil y suele ser en la que surgen mayores conflictos, sobre todo por el hecho de que los adolescentes cada vez prefieren mayor autonomía y los padres y madres no siempre están de acuerdo con esto (Smetana, 1989). A pesar de ello, tal y como expresan Musitu et al. (2001), las relaciones familiares constituyen un aspecto fundamental para el bienestar de la persona adolescente (Cava, 2003).

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Referencias bibliográficas:

  • Cava, M.J. (2003). Comunicación familiar y bienestar psicosocial en adolescentes. Actas del VIII Congreso Nacional de Psicología Social, 2003, Vol 1(1), 23-27.
  • Musitu, G., Buelga, S., Lila, M. y Cava, M.J. (2001). Familia y adolescencia. Un modelo de análisis e intervención psicosocial. Madrid: Síntesis.
  • Smetana, J.G. (1989). Adolescents’ and parents’ reasoning about actual family conflict. Child
  • Development, 60, 1052-1067.
  • Tesson, G. y Youniss, J. (1995). Micro-sociology and psychological development: A sociological interpretation of Piaget’s theory. En A.M. Ambert (Ed.), Sociological studies of children (Vol. 7, pp. 101-126). Greenwich, CT: JAI.