Los estilos de apego en infancia

Así es como los estilos de apego en infancia influyen en la vida cuando somos adultos.

Los estilos de apego en infancia

Seguramente alguna vez nos hayamos preguntado en qué medida nuestras experiencias durante la infancia nos afectan en la adolescencia o cuando somos adultos. Es muy probable, sobre todo, que la pregunta más común tenga que ver con la medida en la que nuestras interacciones tempranas con las personas más próximas influyen en nuestro comportamiento actual.

En este artículo abordaremos preguntas como: ¿Esas experiencias condicionaron mi manera de ser? ¿Influyen en mis relaciones con otras personas hoy en día?

¿Qué es el apego?

Cuando nacemos, llegamos al mundo siendo vulnerables: no sabemos hablar, no tenemos autonomía y no conocemos nuestro entorno. Así, resulta necesario que otras personas nos cuiden, es decir, dependemos de otras personas para sobrevivir. Es justo a partir de este momento cuando se comienza a forjar lo que se ha venido a llamar el vínculo de apego.

Se trata de un vínculo afectivo que se establece entre personas y su función es protegernos de situaciones peligrosas a las que nos podamos enfrentar. Funcionaría como un termostato en el que lo que se pretende regular es la sensación de seguridad.

Todo ello se vería reflejado en nuestra manera de interactuar con los demás, es decir, podríamos mostrar conductas de aproximación o de alejamiento hacia otras personas. Para entenderlo mejor, os planteamos la siguiente pregunta:

¿Qué haces cuando tienes una experiencia desagradable?

Seguramente la respuesta a esta pregunta sea tan variada como personas existimos. Sin embargo, lo más probable es que una de nuestras primeras acciones sea ponernos en contacto con alguien. Y esa persona no sería cualquiera: para algunos puede ser nuestra pareja, para otros nuestra madre, nuestros amigos y amigas…

En definitiva, lo llamativo de todo esto es que buscamos a alguien para contarle nuestra experiencia y sentirnos apoyados y escuchados. Se trataría de una manera más de gestionar todo aquello que nos ocurre, solo que aquí buscamos aquella figura más cercana con quien más sentimos seguridad.

Estas personas a quienes acudimos es lo que se denomina como figura de apego. Además, representa a alguien de nuestro entorno que cumple la función de base y refugio seguro y acudimos a ella cuando nos exponemos tanto a alguna situación problemática como a alguna experiencia muy agradable. Sin embargo, esto no siempre ocurre así, ya que existen varios estilos de apego diferentes.

Los tipos de apego infantil

En primer lugar, existen cuatro tipos de apego infantil y los explicamos a continuación:

1. Estilo de apego seguro

Los niños y niñas tienen una base segura con su figura de apego. Esta figura está presente cuando es necesaria, por lo que se sienten valorados y aceptados. El patrón conductual que muestran es de ser activos, de relacionarse de manera eficaz con el entorno y de explorarlo de manera paulatina con confianza.

La figura de apego es constante en proporcionar los cuidados y la seguridad y está disponible cuando es necesario.

2. Estilo de apego inseguro-evitativo

Según este tipo, los niños no tienen una base segura con su figura de apego, ya que no está disponible cuando necesita protección. Suelen mostrarse con desinterés e indiferencia ante la figura de apego, por lo que presentan mucha autonomía y no suelen expresar emociones desagradables.

Por su parte, la figura de apego se muestra ausente o indiferente, por lo que se ven reforzadas todas las conductas de autonomía del niño.

3. Estilo de apego inseguro-ambivalente

Aquí tampoco presentan una base segura con la figura de apego, ya que muestra una atención impredecible a las necesidades del niño. Así, el patrón conductual que suelen mostrar es de aferramiento, resistencia e irritabilidad. Son frecuentes el llanto y la rabia y presentan dificultades para conseguir la autorregulación, ya que necesitan de otros para lograrlo.

Por otro lado, la figura de apego suele mostrar un patrón conductual muy cambiante: oscila entre la intrusividad-indiferencia o sobreinvolucramiento-frialdad.

4. Estilo de apego desorganizado

Los niños no tienen una base segura y suelen haber tenido experiencias desagradables y amenazantes con la figura de apego, ya que el patrón conductual que presentan con el niño es negligente o incluso traumático. Suelen ser niños con conductas ilógicas, contradictorias o rígidas, son emocionalmente inestables y no siguen una coherencia al explorar el entorno.

La figura de apego actúa de manera paradójica: representa una figura que cuida, pero a la vez es quien daña, por lo que el niño no es protegido, pero tampoco puede alejarse por desprotección. Producen confusión, temor y conductas incomprensibles.

En conclusión, vemos cómo nuestras relaciones e interacciones desde que nacemos, así como las experiencias que tenemos, influyen en nuestra manera de relacionarnos y nuestra forma de ser cuando somos adultos. Dependiendo de todo ello, es probable que presentemos dificultades en nuestro día a día y que necesitemos de ayuda especializada para poder mejorar. Si es este tu caso, en PsicoAlmería contamos con la experiencia necesaria para poder ayudarte, tanto de forma presencial como online.

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