En cualquier tipo de formación reglada, lo habitual es contar con un sistema de evaluación final que implica la realización de un examen.

Sin embargo, desde hace años existe un debate en torno a la utilidad de este tipo de herramientas y hay sectores que proponen otras opciones. Analizaremos esta cuestión para conocer los argumentos a favor y en contra de ambas posturas, para tener una perspectiva global de la utilidad de los exámenes.

¿Son útiles los exámenes?

Para poder responder a la pregunta de si son útiles los exámenes, primero tenemos que situarnos en el escenario en el que estos elementos tienen lugar, es decir, nuestro sistema educativo. Es evidente que toda formación incluida en este sistema necesita de un proceso evaluativo en el que los docentes tengan una manera de comprobar si los alumnos han alcanzado las metas previstas.

Esta prueba además debe ser objetiva y debe acreditar dicha consecución o no de los objetivos, de cara a que tanto los propios alumnos como sus padres, si estamos hablando de menores, puedan conocer los criterios seguidos para la calificación otorgada e incluso presentar su disconformidad, si lo consideran.

Es ahí donde entra el tema que nos ocupa. Pero, para saber si son útiles los exámenes, debemos conocerlos en mayor profundidad. Para ello vamos a repasar los cuatro principios que debe cumplir esta prueba para cumplir su objetivo.

El primero de ellos es el principio de idoneidad, es decir, saber si el examen es idóneo para el fin que buscamos, que es precisamente constatar que el alumno ha adquirido determinados conocimientos o aptitudes. Evidentemente, si un examen no cumple el principio de idoneidad, estaríamos ante una prueba que resultaría inútil respecto al objetivo que buscamos.

El siguiente principio es el de pertinencia. Para que una prueba de evaluación sea pertinente, debe centrarse en los contenidos que se han trabajado previamente y sobre los cuales se va a examinar a los alumnos. Si la prueba se centra en temas que se alejan de ellos, podríamos decir que no cumple el principio de pertenencia.

Ya podemos imaginar que, para saber si son útiles los exámenes, es necesario que se cumplan los principios que estamos revisando. El tercero de ellos sería el principio de autonomía. Esta consideración implica que, a pesar de que la evaluación forma parte del proceso educacional, es necesario que la prueba cuente con una cierta autonomía respecto al mismo. En cualquier caso, deberá diseñarse teniendo en cuenta los fines que pretende lograr, que no son más que la comprobación de los conocimientos adquiridos.

Finalmente llegaríamos al principio de objetividad, que veladamente ya se había mencionado al principio. Por supuesto, todo examen debería ser objetivo, para así evitar cualquier beneficio o perjuicio que, consciente o inconscientemente se le pudiera proporcionar al alumno, en agravio comparativo respecto al resto. Aunque parezca obvio, no siempre es sencillo conseguir realizar una prueba totalmente objetiva.

Los diferentes tipos de pruebas

Para seguir indagando acerca de si son útiles los exámenes, debemos ahora centrarnos en los tipos de pruebas evaluativas que podemos encontrar, pues la respuesta puede variar en función de la tipología.

1. Prueba de aptitud vs prueba de conocimientos

La primera gran distinción que debemos hacer es la de las pruebas destinadas a comprobar si el alumno ha adquirido, bien la aptitud, bien los conocimientos que se le han tratado de enseñar previamente. En el primer caso, la prueba de aptitud representa una evaluación de la destreza, es decir, de la habilidad. Por lo tanto, se comprobará si la persona es capaz de ejecutar la técnica o no.

Es el caso de las pruebas físicas o de habilidades como puede ser conducir un coche, una moto u otro vehículo. Pero también lo serían los ejercicios matemáticos o de otras disciplinas que requieran una práctica. En ese sentido, la respuesta a si son útiles los exámenes, en este caso, sería afirmativa, pues la forma más sencilla y lógica de comprobar si una persona ha adquirido una habilidad es demostrándola, directamente.

Por otro lado, tendríamos las pruebas de conocimientos, que en lugar de evaluar una habilidad práctica, se basan en comprobar si el sujeto ha retenido y comprendido los contenidos teóricos de una disciplina. Pero dicha comprobación se puede realizar de forma muy diversa, como veremos en los siguientes puntos. Por ello, esta distinción no es suficiente para valorar la cuestión de si son útiles los exámenes.

2. Prueba oral vs prueba escrita

La primera diferenciación que podemos hacer ante una prueba de conocimientos es respecto a su formato, oral o escrito. El examen oral es menos frecuente, y generalmente consiste en el desarrollo de un tema. El principal inconveniente de este formato es que entran en juego otros factores, como la presión de tener que hablar en público y sentirse evaluado.

Por ello, y hablando de si son útiles los exámenes, este tipo de pruebas lo serían si estuvieran asociadas a una actividad posterior en la que la propia oratoria o el acto de hablar ante una audiencia fuera un requisito indispensable. En caso contrario, la utilidad disminuiría, pues dichos factores podrían desvirtuar el resultado, haciendo que la persona lograse un desempeño menor al que conseguiría mediante una prueba escrita.

La prueba escrita es, precisamente, el modelo más habitual de evaluación. Pero, igualmente, sus formatos pueden ser diferentes, por lo que es necesario seguir avanzando para poder concluir si son útiles los exámenes de este tipo o por el contrario, no son el formato más adecuado.

3. Respuestas abiertas vs respuestas cerradas

Continuando con los exámenes escritos, y realizando una nueva subdivisión, encontramos una de las distinciones más importantes, que es la de las pruebas de respuesta abierta y los de respuesta cerrada. Cada uno ofrece ventajas y desventajas, por lo que su utilidad dependerá de los objetivos y necesidades planteados por el docente o por el propio sistema educativo.

En el caso de los exámenes de respuesta abierta, se referirían a aquellos conocidos como exámenes de desarrollar. En este caso, al alumno se le harán una serie de preguntas, ya sean cortas o largas, para que escriba la respuesta, plasmando los conocimientos que posea sobre el tema en cuestión.

Este tipo de pruebas es la más habitual. Sin embargo, para saber si son útiles los exámenes de este tipo, es importante conocer el tipo de preguntas realizadas. En muchas ocasiones, simplemente se le pide al alumno que repita la lección, tal cual la ha aprendido. Este método presenta un problema obvio: lo que se está evaluando, en realidad, es la capacidad memorística del estudiante.

Sin embargo, si lo que queremos es saber si realmente ha entendido los conceptos, se le pueden plantear cuestiones que le hagan razonar acerca de los mismos, no simplemente repetirlos. De hecho, algunas de estas pruebas incluso permiten utilizar el material, como veremos más adelante.

El otro tipo de evaluación que anticipábamos en este punto es el de las respuestas cerradas. Son los exámenes de tipo test, donde se plantean preguntas y varias opciones de respuesta, de entre las cuáles el alumno deberá escoger la correcta. Por lo general, la respuesta acertada sumará un punto al total, mientras que la incorrecta restará un pequeño porcentaje, para compensar el efecto del azar.

Estas pruebas son útiles para evaluar a un gran número de personas en poco tiempo y corregirlos rápidamente gracias a las hojas de lectura óptica u otros métodos. Pero presentan otras desventajas que nos hacen plantearnos si realmente son útiles los exámenes de esta índole.

Y es que, muchas veces, estos test se construyen de manera que lo que realmente se comprueba es la capacidad de reconocimiento del alumno, por lo que ni siquiera necesita, no ya entenderlos, sino memorizar en profundidad los contenidos. Muchos estudiantes aprenden a superar este tipo de prueba, pero en realidad no adquieren los conocimientos a largo plazo.

4. Libro abierto vs libro cerrado

La última distinción entre pruebas evaluativas es la que se presenta entre las de libro abierto y libro cerrado. Los exámenes, tradicionalmente, han sido de libro cerrado, lo que quiere decir que el alumno no podía utilizar ningún tipo de material auxiliar durante la prueba (libros, apuntes, etc.).

Sin embargo, el formato de libro abierto presenta una clara diferencia: el estudiante puede utilizar cualquier elemento que necesite, pues las preguntas que se va a encontrar no implican haber memorizado una serie de conceptos, pues va a poder consultarlos durante la prueba.

En cambio, lo que se le pide es que sepa manejarlos y razonar acerca de ellos. Este es otro de los casos en los que, respecto a si son útiles los exámenes, podríamos contestar afirmativamente, pues se habría logrado eliminar el cariz memorístico en el que caen muchas de las pruebas, y en cambio nos aseguraríamos de que el alumno maneja correctamente los conceptos exigidos.

Referencias bibliográficas:

  • Izquierdo, B. (2008). De la evaluación clásica a la evaluación pluralista. Criterios para clasificar los distintos tipos de evaluación. EMPIRIA. Revista de Metodología de las Ciencias Sociales.
  • López, M.S.F. (2017). Evaluación y aprendizaje. MarcoELE: Revista de Didáctica Español Lengua Extranjera.