La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en todo el planeta existen más de 1.300 millones de fumadores de tabaco. Más allá de esta alarmante cifra, si ahondamos en términos médicos la cosa empeora drásticamente: hasta la mitad de los que lo consumen terminan falleciendo. El cáncer de pulmón ejemplifica claramente este dato, pues es el responsable del 25% de los procesos neoplásicos en seres humanos y se cobra más de 130.000 muertes anuales.

Por mucho que todos sepamos los perjuicios de esta adicción, en ciertos países el consumo de tabaco sigue estando completamente normalizado. Sin ir más lejos, se estima que en regiones como España el 24,5 % de la población adulta fuma, con todos los efectos psicológicos, sociales y fisiológicos que esto conlleva.

Más allá de cifras, del cáncer de pulmón, de la salud y otros temas, el tabaco es fascinante desde un punto de vista fisiológico. Hoy te lo contamos todo sobre su componente clave: la nicotina.

¿Qué es la nicotina?

La nicotina, de nombre químico (S)-3-(1-metilpirrolidin-2-il) piridina, es un alcaloide que se encuentra principalmente en la planta del tabaco (Nicotiana tabacum). Se trata de un metabolito secundario producido por el vegetal a partir de aminoácidos, razón por la cual contiene compuestos nitrogenados en su fórmula química. El tabaco no es el único alcaloide conocido y utilizado por los seres humanos: la cocaína y la cafeína también son ejemplos de ello.

La nicotina se almacena principalmente en las hojas de la planta, suponiendo un 5% del peso total en seco de ella. Esto tiene una clara función biológica: el compuesto es un plaguicida que evita que ciertos invertebrados depreden a las hojas. Además de ello, también se le atribuyen propiedades herbicidas, lo que disminuye el crecimiento de otras plantas cercanas al tabaco, provocando así en el vegetal una mayor disponibilidad de recursos.

Además de la planta del tabaco por todos conocida (Nicotina tabacum), existen otros vegetales que sintetizan este alcaloide en concentraciones variables. Entre ellos, encontramos los siguientes:

  • Entre algunas plantas que contienen poca nicotina se encuentran el equiseto, el apio, la patatera e, incluso, la planta de la papaya.
  • El árbol del tabaco (Nicotina glauca) no tiene mucha nicotina, aunque sí que es rico en el alcaloide anabasina, un agonista del receptor nicotínico.
  • El mapacho (Nicotina rustica) posee cantidades superiores de nicotina a la planta del tabaco normal. Por esta razón, la ingesta de sus hojas en exceso se considera peligrosa.

Como podrás observar, no solo la planta típica del tabaco contiene nicotina. Al fin y al cabo, estamos hablando de un alcaloide plaguicida y herbicida que puede reportar muchas utilidades a la planta a la hora de sobrevivir en el ambiente.

Un cigarrillo contiene de media 12 miligramos de nicotina, si bien estos valores pueden oscilar de los 8 a los 20 miligramos. Como dato curioso, cabe destacar que el contenido de 4 cigarrillos (50 mg de nicotina) es capaz de acabar con la vida de un hombre, si se inyecta el compuesto de forma intravenosa. Por ello, no nos sorprende conocer que han sucedido varias intoxicaciones graves en infantes por ingerir de forma directa el contenido de cigarros.

Acciones de la nicotina sobre el organismo

Según estudios, la nicotina es una sustancia con propiedades estimulantes y es responsable de la dependencia al cigarrillo. Las principales estructuras cerebrales del ser humano implicadas en este mecanismo de adicción son el núcleo accumbens, la corteza prefrontal, el hipocampo y la amígdala. Este alcaloide produce acciones directas (e indirectas) sobre neurotransmisores, como la dopamina, acetilcolina, noradrenalina y serotonina.

Cuando se administra una dosis baja de nicotina en el ser humano se produce una sensación de gratificación instantánea, pues se liberan endorfinas en los circuitos de gratificación cerebral. Igual que sucede con otras drogas, las sensaciones de recompensa y euforia se correlacionan positivamente con la liberación del neurotransmisor dopamina, lo que genera la necesidad compulsiva de volver a consumir la droga.

Además de estos efectos cerebrales cuantificables, la nicotina abarca muchos más marcos de acción en el cuerpo humano. Entre ellos, encontramos los siguientes:

  • Disminuye el apetito: la nicotina ayuda a perder peso porque interactúa con enzimas relacionadas con el apetito y la ingesta. Muchos consumidores de tabaco aumentan drásticamente de peso al dejar la droga.
  • Incrementa la actividad intestinal.
  • Provoca la formación de más saliva y flema: esto es producto de la irritación de las vías respiratorias superiores.
  • Incrementa la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
  • Estimula la memoria y la vigilia: por esta razón, los fumadores crónicos sienten que necesitan fumar para poder concentrarse y estar activos.

Tras inhalar el humo del tabaco, la concentración de nicotina en sangre aumenta rápidamente y, en menos de 20 segundos, esta llega al cerebro y activa los mecanismos de recompensa previamente descritos. Por sorprendente que parezca, inhalado mediante el humo del tabaco este alcaloide llega antes a su destino que si se administra de forma intravenosa.

Por desgracia, la nicotina actúa tan rápido como desaparece. Este alcaloide alcanza su pico de actividad a los 10 segundos, así que produce una gratificación breve y rápida, pero de naturaleza leve. Por esta razón, una persona fumadora requiere el consumo de varios cigarrillos al día para sentirse del todo bien y focalizar su atención en las tareas pertinentes.

Cuando se deja de fumar es cuando se produce la hecatombe neurológica: el consumo de tabaco continuado provoca la secreción de niveles de dopamina excepcionalmente bajos al agotarse las concentraciones de nicotina en el sistema nervioso central. Esto, sin duda, fundamenta las peligrosas bases de dependencia que esta sustancia genera.

Adicción física y psicológica

Para comprender el mecanismo de adicción de la nicotina, es esencial diferenciar lo físico de lo fisiológico, aunque ambos frentes están ampliamente interconectados.

La dependencia física es aquella que se produce cuando se manifiestan síntomas a los pocos días/horas después de que la droga en cuestión haya sido retirada de la vida del paciente. Los signos clínicos leves suelen aparecer a las 2-3 horas después del último cigarrillo, alcanzando un pico en los 2-3 días posteriores.

Entre ellos encontramos cefaleas, tensión, ansiedad, depresión, dificultad para la concentración y una necesidad vehemente de llevarse un cigarrillo a la boca. Cabe destacar que la dependencia física viene condicionada, en gran parte, por la tolerancia: cuanto menor sensibilidad presenta el organismo a la sustancia, más se necesita.

Por otro lado, la adicción psicológica hace referencia a la necesidad del placer que genera la sustancia o, en su defecto, a cómo ayuda al paciente a sobrellevar sus problemas. Ambos eventos están ampliamente interconectados, pues desembocan en los mismos síntomas descritos con anterioridad.

¿Es difícil dejar de fumar?

Cualquiera de los lectores que haya tratado (o conseguido) de dejar el tabaco sabrá responder de forma tajante a esta pregunta. Por chocante que parezca, las probabilidades de sufrir una dependencia con el tabaco (28%) son mayores que con el cannabis (8%) o la cocaína (11%). Si bien otras drogas son más claramente deletéreas a corto plazo, el tabaco mata de forma lenta pero imparable.

La mayoría de los fumadores intentan dejar de fumar una media de 2 veces antes de conseguirlo de forma definitiva. El 25% de los que se lo proponen, además, no son capaces de aguantar más de 24 horas sin llevarse un cigarrillo a la boca. Tal es el grado de adicción que más de la mitad de los pacientes que han sido operados de cáncer de pulmón vuelven a fumar en algún momento de su vida. En estos casos, la adicción prevalece claramente por encima del ansia de vida.

Resumen

Sin duda, estamos ante una de las drogas más problemáticas (sino la que más) de la sociedad actual. La Organización Mundial de la Salud respalda esta afirmación con datos que caen como un jarrón de agua fría: el tabaco mata hasta a 1 de cada 2 personas que lo consumen.

Por todos estos motivos, el cáncer de pulmón es uno de los procesos tumorales malignos más comunes a nivel mundial. Para mayor preocupación, este tipo de cáncer es de los más mortales, pues la tasa de supervivencia del paciente 5 años después del diagnóstico no llega al 20%. Tras leer estas líneas, pocas dudas quedan de que comenzar a consumir tabaco es una de las peores decisiones que se pueden tomar en la vida.

Referencias bibliográficas:

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