La llegada de un hijo suele imaginarse como un acontecimiento marcado únicamente por la ilusión, pero también inaugura una etapa de adaptación profunda. Las rutinas cambian, aparecen nuevas responsabilidades y cada miembro de la pareja empieza a construir su identidad como madre o padre.
En medio del cansancio, las expectativas y la reorganización de la vida cotidiana, cuidar el vínculo se convierte en un reto que requiere comunicación, flexibilidad y una distribución equilibrada de las tareas.
Maternidad, paternidad y pareja: una conversación con Isabel Fernández Pérez
De todo ello vamos a hablar con Isabel Fernández Pérez, psicóloga, quien analiza cómo el nacimiento de un hijo transforma la identidad individual y la relación de pareja.

Isabel Fernández Pérez
Isabel Fernández Pérez
Licenciada En Psicología
¿El nacimiento de un hijo supone una de las transformaciones psicológicas más profundas que puede experimentar una pareja?
Sí, tanto si ese hijo es un hijo esperado como si no, el nacimiento de un bebé supone un cambio y un «estresor» añadido a la relación de pareja. Entiéndase aquí la palabra estresor como un cambio abrupto, nuevo, lleno de incertidumbre y que supone nuevas responsabilidades y exigencias para la pareja.
Cuando un bebé llega, en cada uno de los miembros de la pareja aparece una nueva parte: el cómo voy a ser siendo madre o padre. Esa parte es nueva, aún está por desarrollar y supone, de alguna manera, conocer a una persona «diferente» a la que tengo que adaptarme. La conformación de esa nueva parte no es de un día para otro; es un proceso que irá cambiando a lo largo del tiempo.
¿Qué cambios suelen producirse en la identidad de una persona cuando pasa a convertirse en madre o padre?
Como antes comentábamos, el nacimiento de un hijo supone una transformación psicológica profunda para la pareja, por lo que, lógicamente, también supone una reorganización profunda de la identidad de cada uno de los integrantes.
Estos cambios no son iguales para todas las personas y se establecen de forma gradual. Además, también podemos encontrar diferencias de género en este proceso.
Uno de los principales cambios que podemos encontrarnos es observar cómo ahora se establece un rol central. Muchas personas dejan de pensar en sí mismas únicamente en términos de «quién soy como profesional, pareja, individuo…» y pasan a incluir de forma importante el «soy madre/soy padre».
Vemos un cambio en las prioridades y los valores. Pasan a un primer plano la importancia de la seguridad y la estabilidad, y cambia la forma de entender el éxito y la satisfacción personal.
Aparece una nueva responsabilidad emocional. Aquí es donde vemos mayores diferencias a nivel de género. Entendiendo que estamos generalizando y debemos ser cautos, en muchas ocasiones vemos en las madres una mayor implicación emocional, más rápida. Este sentimiento en las madres puede ir acompañado de culpa, preocupación y ansiedad. Solemos decir que una madre se convierte en madre desde que ve un test de embarazo positivo y, sin embargo, en los padres vemos cómo se convierten en padres cuando el niño nace.
Otros cambios que también observamos son la modificación en la percepción del tiempo: pasamos a distribuir nuestros horarios adaptándonos al nuevo bebé y se reduce nuestro tiempo libre. Además, también se dan cambios en las relaciones sociales; ciertas amistades se verán fortalecidas y otras debilitadas en función del momento vital de los integrantes.

Suele hablarse de la falta de sueño en quienes tienen un bebé, debido a que tienen que despertarse varias veces cada noche. Como psicóloga, ¿qué consejos les das para sobrellevar esa etapa de la mejor manera posible?
El sueño fraccionado es uno de los factores que más influyen en el estado de ánimo de los nuevos padres. Sus consecuencias son irritabilidad, labilidad emocional, agotamiento físico y mental, desánimo y baja energía.
Lo primero que debemos tener claro es que esta situación es finita: no durará para siempre. En estos momentos es fácil caer en las trampas de nuestra mente, con pensamientos como, por ejemplo, pensar que esta situación no tiene solución y no cambiará.
Es muy importante una comunicación fluida con la pareja. Tenemos que poder pedirnos y brindarnos ayuda, ya sea en forma de establecer turnos nocturnos, si la alimentación del bebé lo permite, o de facilitarnos otras tareas para encontrar esos momentos de descanso.
¿Muchas parejas se sorprenden de la intensidad emocional que acompaña a esta etapa, incluso cuando el embarazo era deseado y esperado?
Sí, evidentemente, esto no lo viven de la misma manera todos los padres y madres. La explicación la encontramos en varios factores. Por un lado, están los factores biológicos: se experimentan una serie de cambios hormonales y fisiológicos, así como cambios a nivel personal.
Sabemos que las madres sufren cambios intensos a nivel hormonal y también se han encontrado cambios neurobiológicos en los padres o cuidadores principales que favorecen el cuidado del bebé.
Además, tenemos esos cambios personales que están relacionados con el significado que tiene el nacimiento del bebé para cada miembro de la pareja y las experiencias por las que han pasado, desde que aparece el deseo de ser padres hasta cómo transcurren el embarazo y el parto.
También están involucradas la personalidad y la forma de relacionarse con las emociones previamente, el apoyo y la ayuda disponibles, el cansancio y las expectativas depositadas en este nuevo camino.
¿Cómo suele cambiar la relación de pareja durante los primeros meses o años tras la llegada de un bebé?
En un primer momento, solemos encontrarnos con que las prioridades y el tiempo disponible cambian, por lo que ahora mismo el centro no es la relación de pareja, sino el bebé. Podemos encontrarnos con miembros de la relación que viven este cambio desde la soledad o la falta de entendimiento.
Si nuestra relación previamente no es sólida, no tenemos una comunicación fluida y no hemos establecido claramente nuestras expectativas o nuestro funcionamiento como padres, tenemos más papeletas para que se produzca un distanciamiento.
El cansancio, las exigencias y, en ocasiones, la distancia en lo íntimo y sexual hacen que los integrantes de la pareja se sientan solos, poco naturales el uno con el otro y, en ocasiones, se puede llegar a sentir rechazo.
También encontramos dificultad para pedir ayuda. Eso hace que la pareja se aísle. Si todos los espacios los ocupa el bebé, poco queda de lo que la pareja era antes y de lo que querría construir a partir de ahora.
¿Qué conflictos aparecen con más frecuencia en esta etapa y por qué son relativamente habituales?
El conflicto más habitual y el que mayor malestar genera es la distribución de las responsabilidades. Habitualmente, nos encontramos con un miembro que asume el papel principal y se carga de la organización, la logística y los cuidados, y el otro miembro asume un papel más ejecutor, pero exento de carga mental.
El peso de las llamadas tareas invisibles, esas tareas que consisten en pensar y organizar, se acrecienta cada vez más y genera un sentimiento de injusticia y desequilibrio, y supone una distancia emocional entre los miembros.
Esto se debe a nuestra propia educación. Generalmente, hemos sido criados para que las mujeres asuman ese papel de cuidador principal, con todo lo que ello supone. Tradicionalmente, la madre es la encargada de la crianza. Frases como «tú eres la que sabe», «a ti te sale de forma natural» o «un bebé necesita a su madre» mantienen al padre en un papel secundario, ejecutor y con un nivel de implicación menor de cara a los cuidados del bebé.
Otros conflictos habituales son la distribución del tiempo libre y decidir qué se prioriza: el tiempo individual, el tiempo en familia o el tiempo en pareja. El equilibrio de estos tres tiempos es una de las claves más importantes para mantener una relación sana en esta época de transición.
En otras ocasiones, también nos encontramos con dificultades a la hora de poner límites a la familia satélite. El choque entre la crianza de los abuelos y la crianza actual genera inseguridad y malestar a los nuevos padres.
¿Cómo pueden influir las expectativas idealizadas sobre la maternidad o la paternidad en el bienestar emocional?
Si esas expectativas están asentadas en una marcada autoexigencia o, todo lo contrario, la expectativa es el peor de los escenarios, se vivirá con angustia, preocupación e inseguridad, y no nos permitirá disfrutar de la crianza del bebé.
A día de hoy, nos encontramos en una sociedad tiránica que marca cómo las cosas están bien o mal. Eso nos hace alejarnos de nuestro propio criterio y funcionar de manera automática únicamente para cumplir los estándares.
¿Qué estrategias pueden ayudar a las parejas a mantenerse conectadas emocionalmente durante los primeros años de crianza?
Son muchas las cosas que pueden ayudarnos, lo cual es una buena noticia. Como comentábamos al principio, es importante tener muy claro que esto es solo una etapa finita dentro de todo el camino que le queda por recorrer a nuestra familia.
Es fundamental que la pareja pueda hablar, que puedan hablar desde la honestidad y utilizando una escucha activa, lo más limpia posible de suspicacias y trampas mentales que nos hacen ver al otro como el malo de la película.
Es necesario defender el tiempo en pareja. Aunque ahora mismo el tiempo en familia abarque la mayoría, mantener reductos para la pareja sin el bebé es imprescindible. Utilizar esos momentos para realizar actividades que resultan agradables y simbólicas para la pareja ayuda enormemente.
Por último, pero no menos importante, es imprescindible una buena organización de las tareas y responsabilidades de cada miembro. Gracias a eso, nos sentiremos en un equipo, en una relación de igual a igual donde no nos sentiremos solos y donde podamos compartir la sobrecarga.
De igual modo, cuando vemos que las discusiones entre la pareja aumentan, cuando no somos capaces de organizarnos o darnos espacio en nuestra nueva identidad como padres y nos sentimos solos o incomprendidos, es importante pedir ayuda profesional para poder aprender a disfrutar de esta nueva etapa.

Isabel Fernández Pérez
Isabel Fernández Pérez
Licenciada En Psicología












