Consejos para redactar correctamente las conclusiones de un trabajo, artículo o tesis.

Redactar un trabajo académico o profesional requiere que se elaboren unos apartados bien definidos que se ajusten a unos determinados aspectos formales y de contenido.

En la mayoría de trabajos hay una introducción, seguida por la parte del método, resultados, discusiones y, finalmente, las conclusiones, uno de los apartados en el que más problemas tienen los alumnos universitarios.

Estos apartados cumplen con la máxima del “por último, y no menos importante”. Es en la conclusiones en las que se trata de poner la guinda al pastel, haciendo que el trabajo acabe de una forma que implique algún tipo de respuesta en el lector. Es por ello que en el presente artículo vamos a abordar con más claridad cómo se debe redactar una buena conclusión, destacando en qué consiste el último apartado de la mayoría de los trabajos universitarios y explicando qué debe haber en ellos.

¿Qué es una conclusión?

Antes de entrar en más detalle sobre los pasos a seguir para elaborar una conclusión, nos es necesario saber exactamente en qué consiste. Si nos remontamos al origen etimológico de la palabra, conclusión viene del latín “conclusio” y significa “cierre, final”. Así pues, se trata de la última parte de un ensayo, artículo, presentación o disertación.

Lo que se espera en una buena conclusión es que las premisas y el desarrollo de lo expuesto en los apartados anteriores conduzcan a aclarar una idea que se ha ido tratando a lo largo del trabajo. Aquello que se concluye en este apartado debe estar relacionado con lo que se ha ido explicando e investigando mientras se elaboraba el estudio o la presentación.

Normalmente, en las conclusiones de artículos científicos se recalcan los hallazgos que se han encontrado mientras se realizó la investigación, y se indica hacia qué nuevos caminos podrían ir enfocados futuros estudios.

Cabe indicar que en una conclusión, aunque se defienda aquello que los investigadores creen que indican los datos obtenidos, no son apartados en los que se exponga su opinión. Tampoco deben transformarse resúmenes extensos y literales de todo el trabajo.

¿Cómo hacer una buena conclusión?

De la misma manera que empezar a redactar la introducción es algo que puede suponer un auténtico quebradero de cabeza para muchos, las conclusiones son igualmente difíciles.

Por este motivo, cuando se redactan, es necesario tener en cuenta una serie de aspectos, además de seguir un orden en su elaboración. Así, se logrará que la información de este apartado que expuesta de la forma más clara posible, pero siendo concisa, además de reflexionar e invitar a nuevos puntos de vista.

Veamos, pues, algunos consejos que nos pueden servir para elaborar una conclusión adecuada a todo el esfuerzo que hemos puesto en el desarrollo del trabajo.

1. Repasar lo que se ha hecho

En una buena conclusión aparecen resumidas las ideas principales del trabajo, dado que es su parte final. La información expuesta en este apartado debe resolver definitivamente cualquier duda que se haya planteado el lector mientras leía el documento.

Deberemos releer todo el trabajo, seleccionando aquello que consideramos que es fundamental que esté presente en el apartado final de éste. Es muy recomendable tener a mano una hoja de papel y apuntar todas las ideas, resultados y hallazgos que consideremos relevantes.

2. Redactar los elementos clave

Una vez hemos releído todo el trabajo, debemos redactar los puntos clave que están presentes en él. En la conclusión debe quedar claro cual fue el motivo por el que se inició el trabajo, con qué propósito se procedió a abordar la temática expuesta en él, además de recordar la metodología utilizada.

Además, se debe especificar qué era lo nuevo que ofrecía lo que hemos hecho, con qué problema nos encontramos en la vida real que quisimos resolver, además de indicar qué se podría hacer en el futuro.

En esencia, son dos los puntos clave que no pueden faltar en toda conclusión: el propósito y el problema.

2.1. Propósito

Este es un punto que debe estar, necesariamente, al principio de la conclusión, dado que recordará al lector de qué iba el trabajo.

El propósito debe ser mostrado de forma clara. El objetivo de este punto es solucionar al lector, en caso de que aún tenga alguna, las dudas sobre el motivo por el que el autor del trabajo inició la investigación que expone en el documento.

2.2. Problema

Debe exponerse cuál era el problema que se quería solucionar o la pregunta que se planteó el autor antes de iniciar la investigación.

Se deben explicar las hipótesis que se habían planteado al principio del trabajo y relacionarlas con los datos obtenidos. Estos datos no deben exponerse en forma de cifras numéricas, dado que ya se han mostrado en el apartado de los resultados.

Debe quedar claro de qué manera lo que se ha encontrado mientras se realizaba la investigación ha contribuido a expandir el conocimiento científico, ya sea confirmado o desmintiendo nuestras hipótesis.

3. Nuevas posibilidades

La ciencia avanza y nunca se detiene, es por ello que un estudio nunca pondrá punto y final al tema en el que ha ahondado. Más bien al contrario, deben plantearse nuevas posibilidades de cara al futuro.

En toda investigación, aunque se haya conseguido demostrar una teoría o se haya conseguido solucionar un problema originalmente planteado, siempre surgirá algo que invitará a formular nuevas incógnitas. Esto dará pie a nuevas investigaciones, a nuevas ideas para que sean estudiadas en posteriores estudios.

La conclusión es el apartado idóneo para que podamos indicar algunas ideas que se nos han venido mientras investigamos sobre el tema que hemos expuesto.

También se puede invitar al lector a documentarse por su propia cuenta en la temática de la que le hemos hablado. Si da la casualidad de que se han hecho dos investigaciones relacionadas y una de ellas aún no ha finalizado, en el apartado de las conclusiones es posible sugerirle al lector que espere al estudio que saldrá publicado en un futuro no muy distante.

4. Evitar información redundante

Este es uno de los consejos sobre cómo hacer una conclusión que resultan más útiles para no alargarse demasiado. Toda la información relevante mostrada de forma extensa ya debería venir explicada en el apartado de la introducción, mientras que la conclusión incluye solo las ideas principales mostradas de forma concisa, además de lo expuesto en los demás apartados.

Cuando hayas acabado de redactar la conclusión, si observas que hay algunas ideas que te dan la sensación de que se repiten, acórtalas o, directamente, quítalas.

En este apartado debe hacerse una reflexión profunda sobre el trabajo, no un resumen extenso del mismo, porque ¿de qué sirve resumir en el mismo trabajo ese mismo trabajo?

5. No mostrar nueva información

De la misma manera que en el punto anterior hemos indicado que no se debe ser redundante, tampoco debemos sacar información que no se haya explicado previamente. Es decir, en el apartado final de nuestro trabajo no debemos introducir información relevante sobre el tema investigado que no se hayan abordado en nuestro trabajo.

El consejo más repetido por muchos profesores de universidad a sus alumnos que están haciendo tesis es que todo lo que se explique en la conclusión debe estar justificado en la introducción.

Pongamos un ejemplo en el que quede más clara esta idea: si hemos hablado sobre las diferencias entre la psicología social y la psicología clínica, no tendría sentido hablar en el apartado de conclusiones sobre en qué se diferencian con respecto a la forense. Hablar de otros temas al final de nuestro trabajo puede hacer que el lector se sienta confundido. En esencia, se debe seguir en la misma línea durante todo el trabajo.

6. No extenderse de más

Dependiendo de los criterios que se estipulen a la hora de elaborar un determinado trabajo, como lo son los trabajos de final de grado, las tesis doctorales o las presentaciones en formato power point, está muy contraindicado añadir demasiada información.

Como ya se ha dicho, es en el apartado de la introducción en el que se explica toda la información relevante sobre el trabajo con mayor profundidad, mientras que en las conclusiones se debe ser más conciso.

7. Ser sincero

A la hora de recoger los datos, es posible que no confirmen nuestras hipótesis o, incluso, indiquen justo lo contrario a lo que queríamos demostrar. Esto debe ser expuesto claramente, reflexionando sobre por qué se pensó en un principio que los datos se iban a comportar de otra forma.

8. Evitar contradicciones y vigilar la ortografía

Es un punto que resulta obvio, pero nunca está de más recordarlo. Hay que cuidar cómo exponemos las ideas, dado que, en ocasiones, pueden ser formuladas de tal forma que parezca que en un párrafo indicamos una cosa y en el siguiente venimos a decir lo contrario.

También es necesaria una relectura del trabajo para asegurarse de que no hay faltas ortográficas, ni tampoco gramaticales. Una trabajo interesante puede volverse pesado si quien lo ha redactado no ha procurado que el texto se presente de manera clara y sin errores en la redacción.

Referencias bibliográficas:

  • Culler, J. (1997) Literary Theory: a Very Short Introduction. Oxford: Oxford University Press.
  • Dawson, C. (2007). Prescriptions and proscriptions. The three Ps of scientific writing – past, passive and personal. Teaching Science: the Journal of the Australian Science Teachers Association. 53(2): 36 - 38.