Callosotomía: qué es, fases, utilidad y riesgos asociados

Veamos en qué consiste la callosotomía, un procedimiento quirúrgico usado en casos de epilepsia.

Nahum Montagud Rubio

Nahum Montagud Rubio

Callosotomía

De las muchas intervenciones neuroquirúrgicas que existen, la callosotomía es de las más curiosas, puesto que implica dividir el cerebro, cortar el pequeño puente que conecta el hemisferio izquierdo con el derecho: el cuerpo calloso.

Esta intervención es clave para tratar la epilepsia, sobre todo cuando el paciente padece convulsiones atónicas y el uso de fármacos anticonvulsionantes no le ha servido para mejorar su enfermedad.

A lo largo de este artículo nos pondremos la bata de neurocirujano y descubriremos cómo se realiza esta peculiar intervención, qué beneficios y riesgos implica y cómo puede mejorar la vida del paciente una vez ha sido sometido a una callosotomía.

¿Qué es una callosotomía?

El cuerpo calloso es una estructura conformada por una banda de fibras localizadas en lo profundo del cerebro, las cuales sirven de puente conectando los dos hemisferios cerebrales.

Cuerpo calloso

Esta estructura ayuda a que ambas mitades del cerebro compartan información pero, también, tienen el inconveniente de que en caso de que haya alguna enfermedad cerebral o se dé psicopatología en alguno de ellos, el cuerpo calloso sea ese camino que haga que los síntomas se extiendan de un hemisferio a otro.

Uno de los problemas cerebrales que pueden propagarse así son las convulsiones asociadas a la epilepsia, cuyas señales nerviosas que dan inicio a las crisis epilépticas tan características de esta enfermedad pueden viajar de un lado a otro del cerebro a través del cuerpo calloso. Para evitar esto se recurre a la callosotomía, un procedimiento quirúrgico en el cual se secciona total o parcialmente el cuerpo calloso, es decir, cortando el puente que conecta los dos hemisferios e impidiendo que se propaguen las convulsiones al otro lado.

Generalmente, esta intervención no evita que sigan apareciendo convulsiones, puesto que estas siguen apareciendo en el lado del cerebro en donde se originan. Sin embargo, al impedir que se propaguen por los dos hemisferios, las convulsiones se vuelven menos frecuentes y menos graves, lo cual implica ya de por sí una notoria mejoría en la calidad de vida del paciente.

Tipos de convulsiones tratadas con la callosotomía

La callosotomía es una intervención quirúrgica que ayuda a los pacientes que sufren convulsiones atónicas que no han podido ser mejoradas mediante fármacos anticonvulsionantes.

Cuando una persona sufre una convulsión atónica, pierde de repente la fuerza muscular, cae al suelo y puede perder la conciencia. Estas convulsiones, también llamadas de caída, pueden ser tan impactantes contra el suelo que el paciente puede romperse huesos o sufrir conmociones cerebrales. El paciente pierde el tono muscular durante la crisis, con lo que está totalmente flácido e inmóvil.

La callosotomía no es un tratamiento efectivo ni tampoco recomendado para las personas que padecen convulsiones parciales y/o focales. En estos casos, las señales que dan inicio a las crisis epilépticas tienen inicio en una pequeña región del cerebro, un punto focal, y la actividad cerebral descontrolada se limita a solo una zona. Debido a esto, seccionar el cuerpo calloso es un tratamiento innecesario, puesto que no se da la propagación de las señales que provocan las convulsiones de un hemisferio a otro del cerebro.

Evaluaciones médicas previas

Antes de realizar una callosotomía es necesario que el paciente sea evaluado con diferentes pruebas diagnósticas para asegurarse de que esta es la mejor opción para tratar su caso de epilepsia. Entre las técnicas de evaluación por las que es sometido el paciente antes de ser considerado como candidato para la callosotomía tenemos:

1. Electroencefalograma (EEG)

La electroencefalografía es usada para poder detectar la actividad eléctrica cerebral asociada a las crisis epilépticas.

2. Resonancia magnética (IRM)

La resonancia magnética se usa para evaluar los cambios estructurales en el cerebro que puedan ser la causa de las convulsiones.

3. Tomografía por emisión de positrones (TEP)

La tomografía por emisión de positrones sirve para identificar las áreas concretas del cerebro en dónde las crisis tienen su origen.

4. Prueba de Wada

En la prueba de Wada se inyecta un medicamento en una arteria que llega al cerebro. El objetivo de esta prueba es averiguar cuál es el lado del cerebro del paciente que controla el lenguaje y la memoria.

Actualmente esta prueba ha sido sustituida en gran medida por la resonancia magnética funcional, considerada menos invasiva, aunque implica que se le pida al evaluado que haga tareas de lenguaje y de memoria.

Intervención quirúrgica

Una vez el paciente ha sido evaluado con estas pruebas y se considera que esta es la mejor opción para mejorar su salud, se procede a la intervención. Lo primero que se hace antes que nada es inyectarle un potente anestésico para poder inducirle a anestesia general y que caiga en un sueño profundo. La callosotomía es un tratamiento muy invasivo, en el que literalmente se abre el cráneo (craneotomía) y se rebusca en el cerebro hasta encontrar el cuerpo calloso para seccionarlo.

Los pasos principales que se siguen en la operación son los siguientes.

La primera parte consiste en depilar la zona del cuero cabelludo en donde se hará la incisión. Es en la zona seleccionada donde se extraerá una pieza del cráneo y, acto seguido, se despega una sección de la duramadre, la dura membrana que rodea al cerebro para protegerlo, a fin de hacer una “ventana” que nos muestre el encéfalo. Una vez hecho esto, se tendrá el cerebro expuesto y el neurocirujano, de forma suave y gentil, apartará los dos hemisferios del paciente para localizar en las profundidades del encéfalo el cuerpo calloso.

Para tener una vista lo más precisa posible de esta estructura cerebral, el equipo de neurocirugía usa microscopios quirúrgicos con el fin de insertar los instrumentos especiales para poder cortar solo las partes que son necesarias para el objetivo del tratamiento. No se puede seccionar partes del cerebro sin más, es necesario ir con cuidado y limitarse a cortar las fibras nerviosas justas para evitar la propagación de señales epilépticas de un lado a otro del hemisferio.

A veces, la callosotomía se realiza en dos operaciones. En la primera intervención, el neurocirujano sólo corta la parte frontal del cuerpo calloso, sin romper del todo el puente que une a ambos hemisferios. Gracias a esto, se evita que se propaguen las señales epilépticas pero el paciente continúa teniendo dos hemisferios que comparten información visual. No obstante, en caso de que esta primera intervención no haya sido del todo eficaz y que el paciente siga teniendo crisis epilépticas frecuentes y severas, se optará por una segunda intervención en la que se seccione definitivamente al cuerpo calloso.

Tanto en la primera operación como en la segunda, en caso de que la hubiere, se finaliza la intervención colocando en el lugar que le corresponde la parte de duramadre que había sido extraída y, encima de ella, el hueso del cráneo. Para asegurarse de que todo queda bien pegado y quieto en su lugar se colocan grapas.

Con el paso del tiempo, el cabello volverá a crecer, ocultando las cicatrices quirúrgicas, las mismas que servirán de lugar donde volver a hacer una incisión en caso de que se tenga que recurrir a una callosotomía completa.

¿Qué sucede tras la operación?

Tras la operación, los pacientes sometidos a una callosotomía se pasan entre 2 y 4 días en el hospital. Tendrán que esperar entre 6 y 8 semanas para poder volver a su vida normal, como ir al colegio o volver a trabajar. Algunos pacientes puede que necesiten más tiempo para recuperarse dependiendo de muchos factores, entre ellos el tipo de callosotomía que se haya realizado y si se ha visto que padezcan algún efecto secundario asociado a la intervención.

Como hemos comentado, las callosotomías no eliminan por completo la posibilidad de sufrir nuevas convulsiones, pero sí se espera que reduzca su aparición. Para contrarrestar las pocas convulsiones que pueda seguir padeciendo, el paciente debe tomar fármacos anticonvulsionantes. Igualmente, se deberá monitorizar su estado tras la cirugía, estando pendiente de si padece alguno de los siguientes síntomas temporales:

  • Fatiga
  • Sentimientos de depresión y cansancio
  • Dolores de cabeza
  • Problemas de memoria
  • Náuseas
  • Entumecimiento en la zona de la incisión
  • Dificultades en el habla

Las investigaciones muestran que la callosotomía es una forma eficaz de reducir las convulsiones epilépticas cuando los fármacos no funcionan. Cerca de la mitad de personas que se han sometido a esta intervención quirúrgica dejan de sufrir pérdidas de conocimiento y caídas por epilepsia a largo plazo. Aproximadamente uno de cada cinco personas que se han sometido a esta intervención no presentan nunca más convulsiones.

Riesgos y beneficios

Como en cualquier intervención quirúrgica, la callosotomía tiene sus riesgos. Realmente todos los tratamientos quirúrgicos para la epilepsia presentan varios riesgos, puesto que se tratan de neurocirugía e intervenir sobre el cerebro supone operaciones muy delicadas. Por ello, antes de realizarlas, se deben valorar si los beneficios para el paciente son mayores que los riesgos que supone ser sometido a una callosotomía. No obstante, se considera que padecer problemas serios tras esta intervención es algo relativamente poco común.

El problema más común que pueden presentar los pacientes callosotomizados es el conocido síndrome de desconexión interhemisférica, que básicamente consiste en que los dos hemisferios cerebrales funcionen y trabajen de forma totalmente descoordinada e independiente. Si el paciente cierra los ojos e intenta hacer tareas simples, verá que no puede porque los dos lados de su cerebro no querrán cooperar, haciendo movimientos de forma conflictiva el uno con el otro.

Otros potenciales problemas asociados a la callosotomía son:

  • Fiebre
  • Infección en la zona de la incisión: piel enrojecida, blanda y pus amarillento.
  • Pérdida de la coordinación o problemas de equilibrio.
  • Dolores de cabeza muy intensos y náuseas.
  • Más convulsiones parciales en un lado del cerebro.
  • Apraxia: problemas en la producción del habla.
  • Afasia: problemas en la comprensión del habla.
  • Accidentes cerebrovasculares: habla arrastrada, visión borrosa y parálisis súbito de la mitad del cuerpo.
  • Hinchazón en el cerebro.
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