El campo de la neurología es extremadamente delicado, y cada intervención ha de hacerse sabiendo que las consecuencias pueden ser dramáticas.

Probablemente, una de las intervenciones más extremas que existen es la de la hemisferectomía. Dedicaremos este artículo a hablar sobre este tipo de operación para saber cuáles son sus efectos más habituales y en qué casos se puede considerar realizarla.

¿Qué es la hemisferectomía?

La hemisferectomía es una intervención quirúrgica consistente en la extirpación o desconexión de uno de los dos hemisferios del cerebro. Evidentemente, se trata de una operación altamente invasiva, que solo se lleva a cabo en situaciones muy particulares, cuya incidencia es realmente baja en términos estadísticos.

Dicho de otra manera, la hemisferectomía supone un último recurso ante ciertas patologías neurológicas que, ante el fracaso de otros métodos menos invasivos, dejan como última opción la agresiva intervención que supone retirar una parte e incluso la mitad (un hemisferio completo) del cerebro, con las consecuencias que ello implica.

La hemisferectomía sirve, fundamentalmente, para tratar los casos más extremos de epilepsia, pero más adelante profundizaremos en esta cuestión. Lo que hay que tener claro es que, lógicamente, una intervención médica tan agresiva como esta, no es apta para todo tipo de pacientes. En ese sentido, se tienen que cumplir unos requisitos. El primero es el de no haber logrado ningún tipo de mejoría con el resto de tratamientos disponibles.

Además, la edad es clave para decidir si llevar a cabo o no esta operación. Y es que, cuanto más joven sea el paciente, más posibilidades tiene de experimentar una menor cantidad de secuelas. Esto se debe a la plasticidad cerebral. Por ello, los mejores candidatos para lograr una hemisferectomía exitosa, son los niños.

Los niños pequeños, al no haber completado aún muchas de las conexiones neuronales, parten con cierta ventaja, pues el hemisferio restante será capaz de asumir una gran parte de las tareas que, en la población general, estarían repartidas entre ambos lados del cerebro. Por lo tanto, la regla general será sencilla: cuanto más joven sea el paciente, más probable que la hemisferectomía tenga éxito y menos graves sean las secuelas.

¿Para qué sirve esta técnica médica?

Anticipábamos que la hemisferectomía es una operación neurológica destinada a mejorar la situación con epilepsias muy graves, en las que el origen está en una disfunción cerebral en una región muy concreta. Por ejemplo, la enfermedad conocida como encefalitis de Rasmussen sería una de las que encajarían en ese perfil.

Por regla general, dos tercios de los pacientes que padecen epilepsia, experimentan una mejoría en mayor o menor medida gracias a tratamientos farmacológicos o bien otras técnicas o intervenciones quirúrgicas moderadas. Pero el resto, lamentablemente, no logra esos efectos positivos.

Dentro de ese grupo de pacientes que no mejoran, algunos sufren convulsiones y otros síntomas, de una manera moderada, por lo que pueden convivir con su enfermedad, aún sufriendo las limitaciones que esta les genera. Pero existen otras personas cuya epilepsia es tan grave que su calidad de vida está absolutamente deteriorada. La hemisferectomía sería un último recurso pensado para estas personas en concreto.

A pesar de lo agresivo de esta técnica, el éxito promedio es muy alto. Se estima que casi el 90% de las personas tratadas mediante este procedimiento dejan de sufrir las convulsiones, lo cual es algo lógico, teniendo en cuenta que se extirpa la parte del cerebro que las está originando.

Igualmente, en pacientes tan afectados por la gravedad de la epilepsia, se observa que la hemisferectomía también genera una importante mejoría en su capacidad para realizar los procesos cognitivos habituales. Observamos por lo tanto que se trata de una técnica arriesgada, destinada solo a casos muy graves, pero que proporciona una alta tasa de éxito.

Obviamente, retirar una parte del cerebro, también tiene consecuencias negativas, algunas de ellas de carácter severo.

Cómo se hace una hemisferectomía

La hemisferectomía se realizó por primera vez en el año 1928, aunque previamente se había realizado en animales. Su primera función fue la de eliminar tumores cerebrales, como el glioblastoma multiforme, uno de los cánceres más agresivos. Aún así, la agresividad de la técnica hizo que su utilización fuera muy escasa

Pero en la década de los años 80, los neurólogos Carson y Freeman, miembros del equipo médico del hospital Johns Hopkins, recuperaron el uso de esta intervención, aplicándola especialmente a pacientes muy jóvenes, ya que, como mencionamos anteriormente, la plasticidad cerebral de los niños repercutía en una mejoría notablemente superior a la de los adultos.

En un principio, la única forma de realizar una hemisferectomía era extirpar directamente el hemisferio dañado, de forma que se retira, entre otras regiones, la parte del cerebro que estaba provocando las convulsiones. Este método se conoce como hemisferectomía anatómica. Pero posteriormente se desarrolló otra técnica, la llamada hemisferectomía funcional.

Este nuevo método, en lugar de retirar el hemisferio al completo, se seccionan las partes del tejido cerebral donde se encuentra el origen de la epilepsia. Por lo tanto, mediante esta modalidad, al paciente se le retira la parte del cerebro asociada a su enfermedad, intentando conservar otras regiones de ese mismo hemisferio.

Lógicamente, esta opción presenta unas ventajas, como es la no eliminación de estructuras cerebrales que pueden estar cumpliendo tareas cruciales y que quizás no podrían ser asumidas por el otro hemisferio en caso de hemisferectomía. Igualmente, este método reduce el riesgo de hidrocefalia, al acumular una menor cantidad de líquido en el lugar donde antes se encontraba esa parte del tejido cerebral.

Pero esas no son las únicas formas de realizar dicha intervención. En los últimos tiempos se ha perfeccionado una metodología conocida como hemisferectomía periinsular. Esta técnica implica la retirada de una parte mínima del cerebro, donde se localiza el foco de las convulsiones, y en ocasiones ni siquiera es necesario extirpar como tal, puesto que el neurocirujano trata de desconectar esa zona del resto del cerebro, seccionando en diferentes partes.

La forma más moderna de realizar la hemisferectomía es mediante procedimientos quirúrgicos con endoscopia y cámara. De esta manera, la incisión que se realiza es mínima, por lo que se reduce drásticamente el nivel invasivo de la técnica, haciendo que los riesgos decrezcan y también la posibilidad de una infección. Igualmente, la recuperación del paciente es mucho más rápida, lógicamente.

Caso real de persona con hemisferectomía

Uno de los casos más impactantes de éxito en una hemisferectomía que la ciencia ha podido observar en los últimos tiempos, es el de Nicolás, un paciente nacido en 1989. Siendo bebé, comenzó a mostrar síntomas de una epilepsia severa que le causaba hemiparesia, es decir, la paralización de la mitad del cuerpo (en este caso, la izquierda). Los médicos recomendaron a sus padres realizarle esta intervención.

A Nicolás le fue retirado, prácticamente por completo, el hemisferio derecho del cerebro, cuando tenía poco más de tres años. Podríamos pensar que una operación tan agresiva habría marcado de por vida a una persona, pero lo cierto es que la recuperación de este paciente fue extraordinaria. Al ser tan joven y contar con un cerebro tan poco desarrollado aún, la plasticidad neuronal facilitó la creación de redes en el hemisferio remanente.

De este modo, con solo la mitad del órgano, Nicolás logró sobreponerse a una de las operaciones neurológicas más complicadas que existen, y adquirir toda una serie de habilidades que hasta entonces le habían sido imposibles a causa de la grave epilepsia que sufría desde que nació.

Para tener perspectiva de hasta qué punto la vida de este paciente ha sido normal desde entonces, debemos saber que incluso ha podido desarrollar con notable destreza aficiones tan complejas como son el deporte de la esgrima (logrando incluso una medalla de bronce en un campeonato nacional) o el arte de la pintura.

Una de las secuelas de su pasada enfermedad y de la hemisferectomía, es una pérdida parcial de movilidad en la mano izquierda. Además, como un mismo hemisferio se encarga de enviar las órdenes motoras a ambos lados del cuerpo, cuando realiza tareas con la mano derecha, la izquierda repite parcialmente algunos de esos mismos movimientos.

En cualquier caso, se trata de efectos relativamente leves, teniendo en cuenta el tipo de operación al que fue sometido. Aún así, es importante tener en cuenta que el caso de este paciente es excepcional, y fue gracias a las condiciones tan propicias y a su corta edad por lo que su recuperación de la hemisferectomía y su evolución fue tan notablemente buena.

Pero cada caso es particular, por lo que algunas personas tendrán un pronóstico tan bueno como el de este caso, y otros en cambio padecerán diferentes secuelas, en función de las condiciones particulares de cada uno.

Referencias bibliográficas:

  • Alcalá-Cerra, G., Paternina-Caicedo, Á., Díaz-Becerra, C., Gutiérrez-Paternina, J.J. (2013). Control de las crisis epilépticas con la hemisferectomía cerebral en adultos: revisión sistemática y metaanálisis con datos de pacientes individuales. Neurocirugía. Elsevier.
  • A.M. Ron (2021). Mi vida con medio cerebro. Voz Pópuli.
  • Rodríguez-Osorio, X., López-González, F.J., Eirís-Puñal, J., Frieiro-Dantas, C., Gómez-Lado, C., Peleteiro-Fernández, M., Prieto-González, A. (2018). Hemisferectomía funcional: seguimiento a largo plazo en una serie de cinco casos. Revista de Neurología.