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¿Cómo reconocer las relaciones de pareja satisfactorias?

Las claves para saber identificar las relaciones de pareja satisfactorias y saludables.

Elisabet Rodríguez Psicologia i Psicopedagogia

Elisabet Rodríguez Psicologia i Psicopedagogia

Cómo reconocer las relaciones de pareja satisfactorias

Frecuentemente llegan a la consulta muchas demandas derivadas de la insatisfacción en el ámbito de la relación de pareja. Estas suelen estar motivadas por la existencia de habituales problemas que, debido a su carácter recurrente, pueden llegar a generar dudas sobre la continuidad de la relación.

A pesar de que dicha determinación se ve influida por una importante proporción de cuestiones emocionales y subjetivas, como lo son los sentimientos de vinculación hacia el otro miembro de la pareja, existen una serie de factores que pueden ser útiles para objetivar en qué punto se encuentra la relación, si esta puede aportar un nivel de satisfacción suficiente o si las problemáticas surgidas pueden llegar a resolverse favorablemente.

Tipos de relación de pareja

En la década de los ochenta Robert Sternberg propuso la conocida Teoría Triangular del Amor (Sternberg, 1986) a partir de la cual se describían tres componentes principales en las relaciones sentimentales, que conformaban lo que el autor denominó el amor consumado o completo: la intimidad, el compromiso y la pasión.

Así, una relación de pareja sana y satisfactoria suele contar con los tres factores en equilibrio, puesto que la ausencia de alguno de ellos puede derivar en otros tipos de amor, como el amor fatuo o loco (ausencia de intimidad), el amor romántico (ausencia de compromiso) o el amor sociable (ausencia de pasión).

Este tipo de análisis es clave, puesto que en ocasiones se tiende a confundir un amor de compañeros o social (sobre todo en parejas de larga duración) con un amor consumado, y ello genera un actitud de conformidad pasiva que impide la búsqueda o recuperación de un amor más pleno.

Otra de las clasificaciones a las que los expertos en este área parecen otorgar cierto consenso en el discernimiento sobre el nivel de satisfacción marital hace referencia al grado de independencia establecido entre ambos. En este sentido, se diferencian cuatro tipos de vínculos conyugales.

1. Relación sana

En este estilo de relación ambos miembros de la pareja disponen de áreas individuales (área profesional, área de ocio e intereses particulares, área de relaciones sociales, etc.) y también existen áreas compartidas por la pareja, de manera que se respeta la independencia de cada uno y la dedicación a cada una de ellas se encuentra en un nivel equilibrado.

2. Relación insana

Se caracteriza por la inexistencia de áreas individuales en cada miembro de la pareja, por lo que la parcela relativa a la relación ocupa la totalidad del tiempo de ambos miembros y se concibe una dedicación plena a fomentar este vínculo descuidando el resto de ámbitos personales.

3. Relación dependiente

Esta tipología de vinculación implica una dinámica de roles de dominancia-sumisión en la pareja, por la cual el miembro dependiente presenta una dedicación exclusiva a la relación de pareja, mientras que la otra parte sí dispone de ámbitos personales independientes y ajenos al área conyugal. Dicha desigualdad deriva frecuentemente en desarrollo de inseguridad, auotestima baja, celos y recurrentes conflictos y tensiones entre ambos.

4. Relación vacía

Este tipo de relación consiste en la independencia total de las áreas personales de cada miembro, y se da una ausencia absoluta de ámbitos compartidos entre ambos.

Indicadores de amor sano

Como puede observarse, el perfil que cuenta con mayor probabilidad de aportar satisfacción a la relación de pareja se corresponde con el primer tipo.

Así, una dinámica sana presenta características como el respeto mutuo, la libertad/igualdad e independencia de cada uno de los miembros, presencia de comunicación eficaz y empática entre ambos y, finalmente, la corresponsabilidad y autonomía de cada individuo.

Estos elementos se reflejan en acciones y actitudes concretas como las siguientes.

  • Cada uno de los miembros de la pareja acepta al otro y no pretende cambiar su personalidad o moldear su carácter a la propia conveniencia.
  • Se dan conductas y mensajes de validación positiva y reconocimiento mutuos.
  • Existe la percepción de apoyo, comprensión y acompañamiento entre ambas partes, así como también se dan gestos de ánimo para emprender objetivos y metas personales.
  • Se dispone de una capacidad de comunicación eficaz para llegar a soluciones y acuerdos que permiten resolver conflictos de manera consensuada.
  • Ambas partes se respetan tanto a nivel emocional como con actos y acciones concretas.
  • Se da un equilibrio entre el autocuidado emocional y el cuidado del otro.
  • No se da con frecuencia el planteamiento de finalizar la relación de pareja, ni la existencia de dudas continuas sobre la propuesta de una posible ruptura.
Satisfacción con la pareja

Los 5 tipos de lenguaje del amor

Un tercer aspecto que cabe someter a observación y análisis consiste en determinar el tipo de lenguaje del amor que cada individuo expresa de forma primaria y/o secundaria. Esta clasificación fue propuesta por el autor Gary Chapman en su obra "Los 5 lenguajes del amor", donde defendía como factor relevante para el desarrollo de un mayor nivel de bienestar en las relaciones interpersonales y, especialmente en la pareja, el hecho de conocer cuál de los cinco tipos de lenguaje del amor se manifiesta como primario y como secundario (más desarrollados que el resto de lenguajes) en cada miembro de la pareja.

Así, una parte significativa de los conflictos entre ambas partes surgen porque cada persona presenta un lenguaje distinto como primario o secundario, por lo que las muestras de amor que una ejerce no son percibidas de manera valiosa por la otra. Además, el autor resalta la relevancia de evitar el error de dar por sentado que la otra parte de la pareja debe manifestar de manera espontánea o telepática el lenguaje del amor que se espera de ella. Los cinco tipos propuestos por el autor son los siguientes.

1. Las palabras

Expresar aprecio de forma verbal, hacer elogios, felicitar a la otra persona, decir “te quiero” o “me gusta cómo eres”, etc.

2. El tiempo compartido de calidad

Escuchar activamente al otro cuando expresa sus sentimientos u opiniones, estar para la otra persona en lugar de estar con la otra persona, realizar actividades conjuntas sin interrupciones, disfrutar del tiempo compartido solo por el hecho de estar junto al otro, etc.

3. Los regalos

Ofrecer detalles tanto materiales como no materiales, invertir tiempo en elaborar un obsequio independientemente del valor económico, hacer regalos considerando los intereses e inquietudes de la otra persona, etc.

4. Los actos de servicio

Realizar actos para facilitar o ayudar a hacer más simple la vida del otro de foma voluntaria y sin esperar nada a cambio, simplemente por el hecho de desear cuidar al otro.

5. El contacto físico

Muestras de afecto físicas como por ejemplo acariciar, abrazar, coger de la mano, besar, dar un masaje, etc.

A modo de conclusión...

Tras lo expuesto líneas arriba, muchos son los aspectos que se interrelacionan en la determinación del nivel de bienestar y/o felicidad que aporta una relación de pareja a cada uno de los miembros.

Elisabet Rodríguez Camón Psicologia I Psicopedagogia

Elisabet Rodríguez Camón Psicologia I Psicopedagogia

Psicología General Sanitaria. Psicopedagogía

Profesional verificado

Granollers

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Es importate evitar caer en el sesgo al considerar aspectos exclusivamente sentimentales como el grado de enamoramiento o cariño que se desprende de tal vínculo, existen una serie de indicadores más contrastables que pueden añadir una perspectiva más racional sobre cuán satisfactoria y saludable es tal vinculación conyugal y así poder delimitar de manera más rigurosa tanto el origen como las posibles soluciones a las problemáticas maritales detectadas.

  • Chapman, G. (1992) The five love lenguajes. Ed.: Unilit: EEUU.
  • Sternberg, R. J. (1986). A triangular theory of love. Psicological review, 93(2): 119 - 136.

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