Antiguamente, los estudios del mundo de la psicología ponían el centro de atención en la enfermedad, en el dolor, en la disfunción, en el trauma… Trataban de dilucidar cómo llegábamos a estas situaciones tan difíciles de sobrellevar y cómo salir de ellas, o por lo menos paliarlas.

De un tiempo a esta parte, aunque evidentemente esta rama de estudio continúa y sigue siendo importante, aparecen también muchos estudios y teorías más ligadas a lo que algunos llaman psicología positiva. Éstos, como su nombre bien indica, están más centrados en la felicidad, el bienestar, cómo potenciar la salud

Quiero centrarme, por la relevancia y la magnitud del mismo, en el estudio de desarrollo de adultos de Harvard. Es el estudio más largo que se ha hecho con personas adultas. Llevan desde 1938 monitorizando a 724 hombres desde su adolescencia hasta la vejez…. Y con el paso del tiempo han incluido a sus mujeres y a los más de 2000 hijos que han tenido.

El estudio de desarrollo de adultos de Harvard

Al principio de este estudio, un grupo de investigadores seleccionaron a dos grupos de jóvenes de ambientes muy distintos: estudiantes de Harvard y chicos de los barrios pobres de Boston provenientes de familias con problemas.

Cada dos años pasaban una nueva batería de preguntas, historias clínicas, scaneres, entrevistas a los hijos…. Y aunque en la adolescencia todos decían que creían que la felicidad la alcanzarían con fama, riqueza o al lograr grandes éxitos (estas mismas respuestas se dan actualmente en los adolescentes y jóvenes) a los 80 su perspectiva ha cambiado mucho y solo hablan de sus relaciones.

Las buenas relaciones personales son las que van a marcar nuestra felicidad y también nuestra salud. A mejores relaciones con los amigos, familia, compañeros, y como no, con la pareja, más felices y saludables seremos.

Se demuestra así que la mejor forma de predecir la salud a los 80 años, no es el colesterol, sino lo satisfactorias que son las relaciones personales a los 50 años y en adelante.

Las principales conclusiones de este estudio son:

  • Las personas con más vínculos sociales son más felices, están más sanos y viven más. Las relaciones sociales nos hacen bien y la soledad mata.
  • No tiene tanto que ver con la cantidad de relaciones, sino con la calidad de las mismas. Todos alguna vez nos hemos sentido solos rodeados de muchas personas, y sin embargo muy acompañados por una simple mirada. Así que se trata de tener relaciones en las que sentirnos acogidos, comprendidos, valorados, aceptados,…
  • Las buenas relaciones no solo protegen nuestros cuerpos, incluso del dolor, también protegen nuestras mentes de los estragos del paso de los años

En conclusión, todos podemos decidir si hacer nuestra vida en soledad (acompañada) o en pareja, pero en cualquiera de los dos casos es importante que nuestros vínculos con los demás sean fuertes para poder vivir, y envejecer, sanos y felices.

¿Vivir en pareja mejora nuestra salud?

Para las personas que decidimos vivir nuestra vida en pareja, muchos de estos vínculos los ponemos ahí, en la persona que hemos elegido para compartir nuestra historia. Siempre les digo a las parejas que me consultan que uno es libre de vivir sin pareja y tener estos vínculos muy repartidos entre amigos, familia, compañeros del trabajo... pero al decidir tener una relación de pareja, aunamos muchas de esas necesidades de conexión en una sola persona. Por eso las relaciones de pareja nos llenan tanto cuando están bien y tendemos a sentirnos tan necesitados cuando están mal.

Y esto nos lleva a la pregunta clave: “¿Qué puedo hacer yo para tener una de estas relaciones de pareja que me traigan salud y felicidad?” Nadie mejor que Sue Johnson, la creadora del modelo de Terapia de Pareja Focalizada en las Emociones para contestarla: “El amor es simple, pero no es fácil”.

Una buena relación de pareja necesita confianza, que seamos capaces de arriesgarnos con el otro, de mostrarnos tal y como somos, de abrirnos ante él o ella, y que el otro nos responda estando emocionalmente presente. Que nos preste atención, sintonice con nuestros sentimientos y se quede ahí con nosotros, acompañándonos. Que una vez que mostramos esa parte más vulnerable nuestra, se quede a nuestro lado, no que resuelva nuestros problemas, pero que le podamos sentir cerca.

Es simple, estar ahí para el otro cuando nos necesite, pero no fácil, porque mostrarse vulnerable es un acto de valentía en los días que corren. Sinceramente creo, y así se lo digo a las parejas que me consultan, que aunque la sociedad en la que vivimos nos lleva a un individualismo cada vez mayor, en la que necesitar al otro es vivido como una debilidad, tratar de vivir una relación de pareja desde ese “no necesitar” o mejor dicho desde ese aparentar que no necesitamos, nos deja solos estando acompañados, nos deja tristes e insatisfechos.

Por todo esto es importante cuidar de nuestra relación de pareja, compartir, estar, sinceramente y sin escondernos; porque en eso está la clave de nuestra felicidad y también de nuestra salud.

No se trata de no discutir, no se trata de estar de acuerdo siempre, no se trata de aparentar, sino de saber que el otro es nuestro refugio seguro, más allá de cualquier discusión.

Afortunadamente, tenemos la suerte de que Sue Johnson ha creado un modelo de terapia que nos enseña el camino para poder estar presentes y vinculados con nuestra pareja, que nos enseña cómo hacer esto que muchas veces no nos resulta fácil, aunque sea muy simple.