El análisis conductual aplicado, un procedimiento científico-práctico que tiene su origen en el conductismo radical de B. F. Skinner, ha evolucionado mucho desde que pioneros como Skinner empezaron a desarrollar el paradigma del condicionamiento operante hace cerca de 100 años. 

En este artículo describiremos el análisis conductual aplicado y sus principales técnicas y utilidades.

Definiendo el análisis conductual aplicado

El término “análisis conductual aplicado” o “análisis de conducta aplicado” hace referencia a un tipo de procedimiento que utiliza los principios y técnicas de la psicología del aprendizaje para modificar el comportamiento de personas que necesitan ayuda. De modo más concreto, el análisis conductual aplicado se basa en el paradigma operante skinneriano.

En general consiste en sustituir conductas inadecuadas por otras funcionalmente equivalentes pero más deseables. Para ello es necesario llevar a cabo en primer lugar el análisis funcional de la conducta, es decir, determinar las contingencias entre la respuesta, la motivación para ejecutarla, los estímulos que la anteceden y las consecuencias que la mantienen.

El concepto es muy cercano al de modificación de conducta; en la actualidad ambos se utilizan con frecuencia de forma intercambiable, si bien se considera que “análisis conductual aplicado” resulta más correcto por tener un significado más amplio y por destacar la relevancia del análisis funcional de la conducta.

Esta disciplina se ha aplicado de forma muy particular para favorecer la educación de niños con trastornos del espectro autista (especialmente la relativa al lenguaje), si bien se utiliza también en personas con diversidad funcional intelectual o física, con trastornos mentales severos o con dependencia a sustancias, así como en contextos no clínicos ni educativos.

Evolución histórica

Burrhus Frederick Skinner desarrolló el paradigma del condicionamiento operante reconceptualizando los conocimientos aportados por sus predecesores en la orientación conductual en el marco del conductismo radical, que se ocupa del comportamiento observable sin tratar como componentes básicos constructos hipotéticos, en particular la mente.

Sin embargo, y a diferencia de lo que muchos psicólogos piensan, el modelo operante y el conductismo radical no niegan ni ignoran la importancia de los pensamientos y otras variables psicológicas intermediarias. De hecho, lo más habitual en el análisis funcional de la conducta es que se incluyan motivaciones, creencias, expectativas y otros procesos cognitivos.

El análisis conductual aplicado como tal se remonta a la década de 1960. En esta época, investigadores y teóricos de las universidades de Washington y Kansas empezaron a trabajar de forma sistemática en este campo y fundaron la revista “Journal of Applied Behavior Analysis”, de la que el propio Skinner sería presidente hasta su muerte.

Un académico especialmente importante en este campo fue Ivar Lovaas, que promovió y contribuyó de forma clave a la sistematización del uso del análisis conductual aplicado en casos de autismo infantil. La popularización de esta disciplina en las décadas posteriores incrementó en gran medida el rango de actuación del análisis conductual aplicado.

Técnicas y métodos utilizados

El análisis conductual aplicado, como sucede con el condicionamiento operante en general, se basa en gran medida en el concepto del refuerzo, que se define como el fortalecimiento de una respuesta determinada a causa de que su ejecución comporta consecuencias positivas (o, dicho de forma más correcta, apetitivas) para quien la lleva a cabo.

En este marco son fundamentales tanto la retirada de reforzadores contingentes a conductas no deseadas, a lo cual se denomina “extinción”, como la aplicación de reforzadores nuevos tras la realización de los comportamientos que se pretende consolidar. Es preferible que el reforzamiento sea inmediato, pero más allá de esto lo mejor es individualizarlo.

Otro componente clave del análisis conductual aplicado es el alto grado de estructuración de los procedimientos. Esto permite llevar a cabo una evaluación sistemática de los progresos en el tratamiento o en el entrenamiento, y resulta especialmente importante para las personas autistas por su característica necesidad de estructuración ambiental.

Algunas de las técnicas psicológicas más habituales en el análisis conductual aplicado son el modelado (aprendizaje por observación e imitación), el moldeamiento (perfeccionamiento progresivo de una respuesta), el encadenamiento (división de conductas complejas en segmentos) y el reforzamiento diferencial de conductas incompatibles con las que se busca eliminar.

Aplicaciones de esta disciplina

Como hemos mencionado previamente, los procedimientos más característicos del análisis conductual aplicado son los que se relacionan con el autismo, el síndrome de Asperger y otros trastornos generalizados del desarrollo. Los aspectos clave de estos trastornos son los déficits en la comunicación, en la interacción social y en la variedad del repertorio conductual.

En estos casos el análisis conductual aplicado tiene una amplia variedad de utilidades, como el desarrollo y el perfeccionamiento del lenguaje hablado y de otras destrezas procedimentales; por ejemplo, es habitual que los niños con estos trastornos tengan dificultades para aprender habilidades básicas de autocuidado.

Desde un punto de vista clínico el análisis conductual aplicado se puede utilizar en prácticamente cualquier tipo de problema, dado que se trata de un marco de intervención muy general. No obstante, puede resultar especialmente útil para la consolidación de comportamientos alternativos a los que caractericen la patología concreta del cliente.

Más allá de la educación y la psicología clínica, otros campos en los que se utiliza el análisis conductual aplicado incluyen la promoción de la salud y del ejercicio físico, las intervenciones médicas, la seguridad laboral, el manejo de las demencias y el entrenamiento y cuidado de animales no humanos.