Los animales pueden beneficiarse de este fenómeno psicológico. Pexels.

El efecto placebo es un fenómeno que generalmente tendemos a relacionar con el ser humano, ya que por tal de que éste sea posible es necesaria la existencia de ciertas capacidades cognitivas que generalmente suponemos inexistentes en otros seres. Y es que para que se de dicho efecto es imprescindible que se de la percepción o idea de que una estimulación concreta va a generar un efecto determinado sobre un problema determinado, algo que exige un procesamiento complejo de la información tanto interna como externa.

Sin embargo, lo cierto es que no somos los únicos seres que han manifestado verse beneficiados por este efecto. Esto es, existe el efecto placebo en animales, tema del cual vamos a hablar a lo largo de este artículo.

¿Qué es el efecto placebo?

Antes de profundizar en la posibilidad de encontrar el efecto placebo en animales no humanos, se hace necesario aclarar brevemente a qué llamamos efecto placebo.

Se entiende como efecto placebo a aquella situación en que un individuo con un problema determinado presenta una mejoría en la sintomatología que se atribuye a los efectos de una supuesta medicación o tratamiento que se considera que va a producir dicha mejoría, a pesar de que en realidad el tratamiento en sí no tiene ningún efecto terapéutico en el problema.

Estaríamos pues ante una mejoría generada por la autosugestión, ante la creencia de que el seguimiento del tratamiento tiene que o va a producir unos efectos concretos sobre nuestra salud. No se trata de una ilusión o de una falsa percepción, sino que la mejoría es por lo general real y palpable para el paciente, pero se trata del producto de la acción de la mente sobre el cuerpo y no de los efectos de un fármaco o intervención concretas.

¿Por qué se considera propio del ser humano?

En base a la anterior definición, podemos llegar a entender porqué a nivel popular tendemos a pensar en el efecto placebo como algo específico y único en el ser humano: ser capaz de imaginar que una sustancia o intervención concreta nos va a mejorar de una dolencia implica identificar tanto la dolencia como la sustancia/intervención y generar la creencia y expectativa de que la toma de la sustancia va a eliminar o reducir la dolencia que padecemos.

Esto es, se requiere de cierta capacidad de imaginación, planificación y abstracción a la hora de proyectar propiedades positivas a la sustancia en sí para la situación concreta en la que estamos. También se requiere de la capacidad de hacerse expectativas sobre la posibilidad de recuperarse.

El efecto placebo en animales

El gran número de capacidades cognitivas que se presuponen necesarias e imprescindibles para que surja el efecto placebo choca frontalmente con la perspectiva tradicional que ve al resto de animales como seres con menores capacidades cognitivas, siendo esto motivo de que no se plantee por lo general que pueda darse en animales. Pero lo cierto es que lo hace.

Se ha demostrado experimentalmente con diferentes animales, entre ellos perros, que el suministro de determinados cuidados y sustancias completamente inocuas pueden llegar a generar un efecto positivo sobre el sistema inmune, a través de estudios con casos y controles.

En situaciones en que un grupo de animales era tratado de una enfermedad concreta con un fármaco y otros con placebo, se observaron mejoras en ambos grupos (obviamente mayores en el grupo tratado con el fármaco real). Esta mejoría fue objetivada con diferentes medidas, independientes de la valoración subjetiva de dueños o veterinarios. Son múltiples los trastornos en los que se puede observar este efecto, pudiendo incluso generar enlentecimientos en el crecimiento de tumores.

Son múltiples las posibles explicaciones a este hecho, habiendo elaborado diferentes autores diversas teorías y modelos al respecto. Las siguientes son algunas de ellas, siendo especialmente en los dos primeros casos algunas de las más aceptadas.

La teoría del condicionamiento clásico

Las causas del efecto placebo en los animales, y de hecho también en el ser humano, pueden en realidad basarse en el condicionamiento adquirido a partir de las experiencias previas: si un animal (o persona) asocia que tomar una sustancia con unas características determinadas ha generado un efecto concreto en su organismo (por ejemplo sentirse más tranquilo tras beber un líquido de un determinado color o tomar algo semejante a una pastilla), el sujeto en cuestión llegará a asimilar la mejoría con la estimulación de tal manera que tenderá a creer que en futuras ocasiones mejorará.

Esto es algo que ocurre en el ser humano cuando tomamos una pastilla que nos dan en un estado de dolor: en poco tiempo el dolor se reduce porque tenemos asimilado que dicha pastilla hará como fármacos que hemos tomado previamente (por ejemplo el típico Gelocatil).

Lo mismo ocurre con los animales: si tragar una pastilla se asocia repetidamente a encontrarse mejor, en otra situación en que se encuentre mal el animal puede esperar dicho efecto de una pastilla. Esto no quiere decir que se la vayan a tragar (en esto entrarían en juego variables como sí les disgusta el mal sabor o textura, o relacionan la pastilla con que su dueño les obligue).

Modelo cognitivo: las expectativas

Probablemente el modelo que más dificultad ha tenido para aplicarse con animales no humanos es el que hace referencia a las expectativas, siendo estas algo vinculado a una capacidad simbólica que se considera que los animales no poseen. Sin embargo, aunque la capacidad cognitiva de cada especie es diferente sí que se ha observado en diferentes seres que es posible crear expectativas y sensaciones de capacidad de control o no control sobre las situaciones, así como la existencia de aprendizaje ante la estimulación.

El ejemplo más evidente (si bien iría más bien al contrario que el efecto placebo, las implicaciones son las mismas) es el de la indefensión aprendida: no hacer nada para evitar algo porque se espera que la propia conducta no tenga efectos. Esto es algo típico en sujetos (tanto humanos como animales) deprimidos, algo que a su vez genera una disminución de las defensas del organismo. La situación contraria generaría por el contrario un aumento del tono del sistema inmune y una mayor capacidad de recuperación ante la enfermedad.

El efecto del estrés

Otro de los posibles motivos por el que puede aparecer el efecto placebo es por la reducción del estrés ante la enfermedad. El hecho de tomar un fármaco o las actividades o tratos que se llevan a cabo a lo largo de un tratamiento (incluyendo el hecho de intentar acariciarlos, calmarlos, etc.) pueden llegar a reducir el nivel de estrés de los animales que los siguen. Dado que el estrés se ha manifestado como un importante factor de riesgo y empeora el estado de sujetos enfermos, el tratamiento podría generar un alivio de dicho estrés que a su vez generara una mejoría sintomatológica.

Este efecto se vincularía asimismo con un efecto que también se ha observado: el contacto físico positivo con un animal genera que su estado de salud sea más resistente y mejore el sistema inmune, de igual forma que el contacto con animales suele ser un factor positivo en la mejoría de diferentes enfermedades y trastornos físicos y mentales en humanos.

Una teoría aún no extrapolable a animales: el papel de los opioides endógenos

En el ser humano se ha observado que la percepción de diferentes grados de malestar, dolor y molestias físicas puede verse disminuido en gran medida gracias a la acción de las endorfinas o los opioides endógenos.

Sin embargo, y aunque muchos animales poseen también este tipo de sustancias en sus sistemas nerviosos, son pocas las pruebas que se han llevado a cabo al respecto, de modo que se trata de algo teórico.

El placebo por poderes

El efecto placebo en animales existe y se trata de algo que se encuentra demostrado, pero lo cierto es que también se ha observado que en algunos casos, tal y como hemos insinuado anteriormente, puede ocurrir una situación en que se interpreta como efecto placebo algo que no lo es, lo que se conocería como un placebo por poderes: el animal en cuestión no presenta una variación en su sintomatología, pero las personas que lo observan sí creen que esta se ha producido al haberles suministrado un tratamiento concreto.

Este tipo de placebo se da especialmente en dueños de mascotas, que se tranquilizan al estar haber proporcionado algún tipo de tratamiento a su compañero animal y lo perciben como mejor que antes a pesar de que puede no haberse producido una mejoría en su estado.

Otra situación podría darse a la inversa: una mascota enferma, al percibir que su compañero humano está nervioso o alterado ante su estado, podría intranquilizarse y alterarse en mayor medida de lo que su problema le generaría. Al recibir un tratamiento y tranquilizarse el ser humano al cargo, dicha tranquilización podría relajar el estado de alteración del animal y producir asimismo una mejoría. Estaríamos ante un tipo de placebo algo diferente.

Referencias bibliográficas:

  • McMillan, F.D. (1999).The placebo effect in animals. JAVMA, 215 (7): 992-999.