Es evidente que todos, en mayor o menor medida, nos hemos tratado de engañar a nosotros mismos en algún momento de nuestras vidas.

Pero, ¿a qué se debe este fenómeno? ¿Cuál es el sentido de intentar engañar a la única persona que lo sabe todo sobre nosotros, lo que pensamos en cada momento y nuestras intenciones futuras? En este artículo trataremos de responder a estas y a otras preguntas.

¿Por qué nos autoengañamos en el día a día?

Decía Aristóteles que el hombre es un animal racional, y efectivamente, así es. Pero eso no nos libra de contar entre nuestras creencias con algunas que son irracionales, lo que ya nos da alguna pista sobre por qué nos autoengañamos.

Efectivamente, en algunas ocasiones preferimos renunciar a los hechos y a la racionalidad y nos abrazamos a razonamientos que no tienen sentido y que desafían a toda lógica, tratando de convencernos a nosotros mismos de ellos.

Hay que tener clara una diferencia entre la mentira y el autoengaño, y es que en la mentira existe un componente importante que lo cambia todo: sabemos que lo que decimos no es verdad. Es decir, existe una consciencia sobre la validez del argumento (sabemos que es falso).

Sin embargo, con el autoengaño no somos conscientes de ello, sino que, a pesar de los indicios que tenemos en sentido contrario, hemos aceptado como verdad algo que no lo es.

Esa es otra de las razones de por qué nos autoengañamos, y es que es un mecanismo mucho más poderoso que la pura mentira, ya que al no ser consciente de esta, sus efectos pueden llegar a ser mucho más profundos, adhiriéndonos al razonamiento falaz que lo ha generado en un primer momento y creyendo por lo tanto que se trata de una verdad, cuando en realidad no lo es.

En definitiva, la cuestión de por qué nos autoengañamos se responde de forma sencilla: porque es un mecanismo sencillo pero muy eficaz para ciertos efectos en nosotros mismos de una manera rápida. Esto lo entenderemos muy bien en el siguiente punto, al explorar las diferentes maneras que tenemos de autoengañarnos.

Formas de autoengaño

Para entender por qué nos autoengañamos es necesario conocer las utilidades que ofrecen los diferentes tipos de autoengaño que existen. Por eso, vamos a desglosar este concepto según su tipología.

1. Autoengaño adaptativo

Probablemente uno de los tipos más frecuentes. En este caso el por qué nos autoengañamos es sencillo, y es que sería una forma de adaptarnos a una situación que ha diferido de las expectativas que teníamos en un principio respecto a ella. Puede tratarse, por ejemplo, de un puesto de trabajo al que hemos optado y cuyas condiciones nos atraían enormemente, pero una vez rechazados del mismo comenzamos a darnos cuenta de que en realidad no era tan buena oportunidad y no paramos de encontrarle “peros”.

La verdad es que el puesto de trabajo nos gustaba antes y en realidad nos gusta ahora, pero nuestra mente trabaja rápidamente para que el impacto emocional sea menor al no haber logrado nuestros objetivos haciendo que nuestro deseo disminuya y por tanto las emociones negativas que experimentemos sean menos intensas de lo que serían en un principio.

Por supuesto esto se puede aplicar a multitud de situaciones, incluyendo, como no podía ser de otra manera, los desengaños amorosos. Aunque es cierto que en estas situaciones entran en juego muchos otros factores, no deja de ser curiosa la visión tan significativamente diferente que se tiene respecto de una persona antes y después de un desengaño amoroso, y ahí el autoengaño tiene mucho que decir.

2. Evitar la disonancia cognitiva

Cuando no hay una concordancia entre lo que sentimos, creemos y pensamos, y nuestras acciones (nuestra conducta), aparece un malestar llamado disonancia cognitiva. Una de las formas que nuestro cerebro tiene de anticiparse a esas sensaciones desagradables para que no se manifiesten, o lo hagan de forma más tenue, es el engaño a uno mismo, así que aquí tenemos otro poderoso motivo que responde a por qué nos autoengañamos.

Aceptar una contradicción entre nuestros valores, nuestros ideales, nuestras creencias, con lo que realmente hacemos, tiene un coste muy elevado para nuestra mente. Por eso el autoengaño es una perfecta válvula de escape para hacernos ver que, en realidad, esos valores son flexibles en determinadas situaciones, o que las acciones que estamos llevando a cabo no son tan diferentes de lo que pensamos como pudiéramos creer en un primer momento.

Evidentemente, esto es un parche que funcionará durante un cierto tiempo, pero esa conducta repetida hará que la disonancia cognitiva al final salga a la superficie y el autoengaño pierda definitivamente su efecto, pues no se puede mantener eternamente una diferencia entre pensamiento y conducta sin que esto tenga repercusiones para nuestra mente.

3. Locus de control

Todos hemos escuchado (o puede que incluso dicho) las siguientes palabras: “He aprobado”, frente a “me han suspendido”. Puede que parezcan similares a primera vista, pero esconden una diferencia muy importante, que hace referencia al locus de control. En el primer caso, el del aprobado, el individuo habla en primera persona, utilizando por lo tanto un locus de control interno, es decir, ha aprobado por sus propios méritos.

Sin embargo, en el segundo ejemplo, se utiliza veladamente una tercera persona, “me han suspendido”, dejando claro que el resultado escapaba a su control y ha sido consecuencia de la decisión de otra persona, en este caso, el profesor. Aquí el locus de control sería externo, por lo que, no sirve de nada lo que hagamos, porque nuestros actos no cambian el resultado final.

Es un ejemplo muy claro de por qué nos autoengañamos, y es que en ocasiones lo hacemos para eliminar nuestra parte de responsabilidad sobre un suceso acontecido, haciendo que el locus de control interno pase a ser externo, cuando realmente no es así. Ni la corrección del examen ha sido injusta, ni el profe tiene manía al alumno, ni nada por el estilo.

La auténtica razón por la que la persona ha (no le han) suspendido es porque no ha estudiado lo suficiente. Además, lo más curioso de este ejemplo es que es mucho menos frecuente escuchar las fórmulas inversas: “he suspendido” o “me han aprobado”, pues siempre tendemos a atribuirnos el mérito en las victorias y a buscar excusas (autoengaño) en las derrotas.

4. Distorsión de la realidad

En ocasiones, y en función de ciertas características del individuo, puede llegar a ocurrir un fenómeno que lleva el autoengaño a su máxima expresión. Puede darse el caso de que la persona cuente un hecho falso a otro sujeto, puede que a sabiendas de que realmente es una mentira o incluso creyéndolo de alguna manera.

La cuestión, en este caso, es que dicha mentira comienza a repetirse y generalizarse, de tal manera que la persona que la inició la puede llegar a asumir como cierta. Es decir, el promotor del dato falso acaba asumiendo como cierta dicha información y comienza a actuar a tal efecto, dando por hecho que los hechos sucedieron de esa y no de otra forma. Primero construye el relato y después el relato le atrapa a él mismo, sin remisión.

Esta distorsión puede comenzar como una simple exageración al contar una historia, la adición de ciertos detalles que difieren de la verdad o incluso invenciones completas. En este tipo de personas el por qué nos autoengañamos tiene una respuesta más, que no se aplica al resto de individuos, y es que para ellos es una forma de construir una realidad que nunca tuvo lugar, pero que ellos la asumen como si así fuera.

Cuando hablamos de este nivel de autoengaño ya podríamos encontrarnos ante una sintomatología propia de diferentes trastornos psicológicos que afectan a la personalidad del individuo, como pueden ser el trastorno narcisista, el trastorno límite o el trastorno histriónico. En todos ellos, entre otras muchas características, se pueden observar formas de autoengaño muy marcadas y en ocasiones fácilmente detectables en sus relatos.

Conclusiones

Tras recorrer las diferentes respuestas a la pregunta de por qué nos autoengañamos, hemos encontrado motivaciones muy diferentes pero todas ellas poderosas para llevar a cabo esta acción, pues hemos comprobado que, en mayor o menor medida, suponen una mejora en nuestra sensación de estabilidad, eliminando o reduciendo el componente negativo.

Lo que también ha de quedar claro es que el autoengaño es algo que surge automáticamente en todos los individuos, pudiendo ser de carácter leve y adaptativo en muchas ocasiones, pero que también se deja ver en una versión mucho más agresiva cuando forma parte de un trastorno de la personalidad.

Referencias bibliográficas:

  • Borges, M.R.H. (2007). La etiología del autoengaño.¿ Pretendo engañarme o me engañan mis mecanismos? Teorema: Revista Internacional de Filosofía.
  • Saab, S. (2011). Modos de autoengaño y de razonamiento: teorías de proceso dual. Análisis filosófico.
  • Trivers, R. (1991). Deceit and self-deception: The relationship between communication and consciousness. Man and beast revisited, ed. M. Robinson & TL Tiger.
  • Trivers, R. (2013). La insensatez de los necios. La lógica del engaño y el autoengaño en la vida humana. Buenos Aires. Katz Editores.