En ciencia hay dos formas para conocer cómo los seres humanos éramos antes. Una consiste en mirar hacia los restos del pasado, es decir, recogiendo fósiles y restos de nuestros ancestros, comparándolos y deduciendo cómo debían ser.

La otra consiste en comparar nuestra conducta con la de las especies más cercanamente emparentadas con la nuestra, es decir, las que forman parte del orden de los primates.

La primatología es una disciplina científica muy interesante que, además de tener en cuenta el registro fósil, centra sus esfuerzos en entender cómo se comportan nuestros parientes los chimpancés, los bonobos y los gorilas para entender por qué somos cómo somos. Veámosla más a fondo.

¿Qué es la primatología?

La primatología es la disciplina científica que se dedica a estudiar a los primates, tanto por medio de investigaciones sobre su conducta al natural como por medio del registro fósil de especies de primates extintas.

Los primates son un orden taxonómico en el que se incluyen a animales mamíferos plantígrados con cinco dedos, que acaban en uñas en sus extremidades y poseen pulgares oponibles al resto en los miembros superiores. Dentro de este orden el Homo sapiens, es decir, nuestra especie, está incluida.

Como rama científica la primatología engloba conocimientos procedentes de muchas disciplinas como la biología, la antropología, la ecología, la psicología, la filosofía y muchas más.

De todas estas ramas consigue extraer conocimientos tales como cómo funcionan los órganos de los primates, cuál es su comportamiento social, hasta qué punto son capaces de pensar, si pueden adquirir habilidades humanas como el lenguaje...

Historia de esta disciplina científica

Mucho antes de la moderna biología molecular e, incluso, anterior a Charles Darwin y su archiconocida obra El origen de las especies (1856) en la que ya indicaba sus sospechas sobre el origen primate del Homo sapiens, Carl von Linné (1707-1778) estaba clasificando a nuestra especie en el mismo grupo que el del linaje de los monos.

Esta clasificación la hizo en base a cómo de parecidas eran las especies entre sí. Vio que los monos, los chimpancés y los orangutanes se asemejan mucho a los seres humanos, y por este motivo los metió en el mismo taxón.

Linneo vivió mucho antes que Darwin y sus modernas ideas evolucionistas, pero desde luego algo le debió hacer pensar el hecho de haber visto parecidos no únicamente entre esos primates y el ser humano, sino también entre otras especies como perros y lobos o gatos y tigres.

Fue un gran visionario en cuanto a este aspecto pues, sin tener a su disponibilidad herramientas como la biología molecular, supo colocar cercanamente en el árbol genealógico especies como el chimpancé y el Homo sapiens, las cuales sabemos que comparten cerca del 98% del material genético.

Tras Darwin y su obra y todo el escándalo que se generó la sociedad científica fue siendo cada vez más consciente de la cercanía evolutiva entre esos monos y los humanos. No obstante, pese a este conocimiento, no fue hasta la década de los 1920 cuando se puso el interés en los primates vivitos y coleando. Hasta esa época los esfuerzos científicos se habían centrado en estudiar restos fósiles de homínidos y posibles eslabones entre primates primigenios y los primeros Homo sapiens.

El motivo por el que se debió preferir estudiar restos polvorientos sin vida antes que a los gorilas, chimpancés y otros primates que podían observarse llenos de vida seguramente se deba a la difícil aceptación en la época sobre los hechos evolutivos.

En base a la mentalidad de la época, la idea de descender del mono era algo desagradable, así que más difícil le debía resultar a la orgullosa comunidad científica buscar las respuestas a cómo es el ser humano analizando la conducta de unos hombrecillos peludos que van de rama en rama.

Pero pese a todo esto los primeros estudios teniendo a los primates actuales como protagonistas acabaron realizándose. Al principio se centraron en la conducta de los chimpancés y cómo eran capaces de resolver problemas de distinta índole. Más tarde la observación recayó en los babuinos, descubriéndose que el sexo era una base fundamental de su sociedad y, seguramente, también de la de los Homo sapiens.

En una época en la que los códigos que regulaban la experimentación eran inexistentes para los experimentos con humanos, estos eran impensables para con los animales. Es por esto que más de un científico sin muchos escrúpulos y pretendiendo ver si podía jugar a ser Dios realizó cruzamientos por inseminación artificial de primates superiores con seres humanos.

Afortunadamente este pecado contra natura no dio a luz, puesto que, pese a las similitudes entre primates, las diferencias genéticas son lo suficientemente grandes como para que no haya hibridación de ningún tipo.

Con el paso del tiempo se acabó viendo que era poco inteligente estudiar a los primates en únicamente en aspectos como su biología y su psicología en condiciones de laboratorio extremadamente controladas. Para poder saber hasta qué punto se parecen a los seres humanos hace falta conocer cómo se comportan, y la única forma de que lo hagan de forma natural es en su hábitat natural.

Por este motivo la tendencia de los primatólogos fue ir abandonando las frías salas de experimentación animal para pasar a trabajos de campo en África, donde se encuentran las especies de primates más interesantes.

¿Qué datos nos ofrecen los primates?

En lo concerniente a la biología, son muchas las cosas que podemos aprender sobre nosotros mismos observando la anatomía de los primates y cómo ésta ha ido cambiando a lo largo de la historia de la evolución. Es aquí donde podemos hablar de dos formas para compararnos con ellos: la analogía y la homología.

Analogía

La analogía nos sirve para inferir las funciones similares de los órganos y demás partes del cuerpo de dos o más especies, comparando su forma. Así, es por medio del estudio comparativo de la analogía que podemos conocer cómo actuaban o se movían en la vida especies extintas comparando sus restos fósiles con las estructuras óseas de animales que todavía existen.

Si se observa una característica que tiene una función particular en una especie se supone que esa misma función también la presentaba la especie extinta, al observarse que en sus restos fósiles también presentaba esa característica anatómica. Con todo esto podemos sacar conclusiones acerca de cómo se comportaba un primate ya extinto estableciendo una analogía con una forma de vida actual similar.

Homología

La homología se utiliza para reconstruir los árboles genealógicos de la evolución de las especies. Implica establecer la relación que tenemos con un antepasado común a partir de la similitud de las formas o de las extremidades, cómo se fueron estas hasta obtenerse las características que se presentan hoy, en este caso, en nuestro organismo.Entre primates no humanos y Homo sapiens se pueden encontrar varias estructuras en común que hacen que nos diferenciemos de otros órdenes de mamíferos.

En los primates se pueden encontrar cinco dedos en cada mano y pie, así como algunos huesos característicos en el esqueleto, como la clavícula. Los dedos son prensiles, teniendo yemas visibles y uñas planas en lugar de las garras que podemos encontrar en otros mamíferos, como lo son los leones, los gatos o los perros.

A medida que vamos escalando por el árbol evolutivo podemos observar que nuestros hocicos van reduciéndose, aplanándose y convirtiéndose en la nariz y la boca como partes separadas.

Además, disponemos de visión estereoscópica, es decir, tenemos la visión sobrepuesta en ambos ojos, y es este sentido el que ha ido evolucionando de forma muy notoria, hasta tal punto en el que el olfato ha ido perdiendo importancia.

En todos los primates se puede observar que el cerebro es un órgano bastante avanzado en comparación con otros mamíferos. El encéfalo ha ido teniendo un desarrollo progresivo, especialmente en algunas áreas como lo es la corteza cerebral, tan importante para los seres humanos que es la que, básicamente, nos confiere nuestra inteligencia tal y como la entendemos.

Otro aspecto muy interesante que compartimos otros primates es el período de gestación, que se caracteriza por ser largo (humanos 9 meses, chimpancés 7 meses, gorilas 8 meses). Además se ha observado que entre los primates tendemos a dar a luz durante la noche.

Figuras importantes

La figura más destacada de la primatología es sin dudas la primatóloga inglesa Jane Goodall. Esta científica, Integrante de la Orden del Imperio Británico y de la Legión Francesa, se dedicó a estudiar durante más de cinco décadas (empezó en 1960) los vínculos sociales de los chimpancés en Parque Nacional de Gombe Stream de Tanzania contribuyendo con grandes descubrimientos.

Su determinación y convencimiento de que iba a poder observar conductas que ningún otro investigador había observado antes le valió un amplio reconocimiento. Además, Goodall es conocida por su labor a favor del bienestar animal.

Otra figura es la de Dian Fossey, cuyo trabajo en la el Karisoke Research en Rwanda demostró que los gorilas se pueden habituar a la presencia de humanos. Fossey aprendió que las gorilas hembra a veces son transferidas entre grupos y que los gorilas son capaces de comerse sus propias heces para reciclar nutrientes.

La tercera gran figura de la primatología la tenemos en Birute Galdikas, quien se pasó cerca de 12 años tratando de hacer que un grupo de orangutanes de Borneo, Indonesia, se habituaran a su presencia. Galdikas usó técnicas de estadística moderna para terminar su tesis doctoral en 1978 en la que explicaba cómo era la conducta de los orangutanes y sus interacciones

Referencias bibliográficas:

  • Bramblet, C. (1984). El comportamiento de los primates: pautas y perspectivas, México: Fondo de Cultura Económica.
  • Haraway, Donna J. (1990). Primate Visions. Routledge. ISBN 978-0-415-90294-6.
  • Goodall, J. (1966). Behaviour of free-living chimpanzees (tesis doctoral). Universidad de Cambridge.