El aparato locomotor está formado por el sistema osteoarticular (huesos, ligamentos y articulaciones) y el sistema muscular (músculos y tendones). El cuerpo humano presenta más de 650 músculos voluntarios (40% de nuestro peso) y un total de 206 huesos, cuya funcionalidad y anatomía en conjunto nos permite movernos y relacionarnos con el medio en una postura que nos define como especie pero que, a su vez, es cambiante en base a los requerimientos ambientales.

El cuerpo humano es una verdadera obra de arte de la biomecánica, pues cada hueso, tendón, músculo y articulación tienen una función esencial en el desplazamiento o transmisión de información. Por ejemplo, un grupo mínimo de 12 músculos participa en algo tan anecdótico como la producción de una sonrisa pero, además, el número de tejidos y fibras musculares involucrados dependen del mensaje individual que queramos transmitir.

Con estos datos y cifras, es imposible negar que el aparato locomotor es una fuente de funcionalidad y conocimiento científico. Ya hemos abarcado en otras oportunidades la musculatura y sistema óseo, pero solemos dejarnos una parte igual de importante en el tintero: las articulaciones. Aprovechamos esta oportunidad para contártelo todo sobre estas estructuras anatómicas de unión, especialmente de las de tipo diartrosis.

¿Qué es una articulación?

No podemos empezar construyendo la casa por el tejado y, por tanto, debemos explorar de forma somera el mundo de las articulaciones en primera instancia antes de sumergirnos en la diartrosis. Una articulación se define como un lugar de unión de consistencia firme de dos o más huesos, cuya función es permitir el movimiento de los componentes del sistema locomotor.

Además de suponer los “ejes” de las extremidades, también le otorgan al cuerpo estabilidad sin interferir en la capacidad de movimiento. Los elementos articulares generales se pueden recoger en la siguiente lista:

  • Cápsula articular: formada por tejido conectivo, rodea a la articulación y le otorga estabilidad, firmeza y flexibilidad.
  • Hueso subcondral: la zona blanda de los huesos que se localiza desde los cartílagos articulares hasta la médula ósea.
  • Cartílago articular: cartílago hialino que amortigua la carga de las superficies de contacto y permite el desplazamiento de los huesos durante el movimiento. Recubre la superficie de los huesos implicados en el movimiento articular.
  • Cavidad articular: contiene líquido sinovial y está protegida por la membrana sinovial.
  • Líquido sinovial: fluido espeso que se localiza en las articulaciones. Su función es amortiguar las fuerzas y reducir las posibles fricciones fruto del movimiento articular.

Normalmente, cuando pensamos en estas estructuras de unión, nos vienen a la mente los codos y las rodillas, pero estos no representan más que una ínfima parte del mundo articular: del total de 360 articulaciones del cuerpo humano, 86 de ellas están situadas en el cráneo.

Por otro lado, presentamos 32 formaciones articulares en cada una de nuestras extremidades superiores (64 totales) y 31 en las inferiores (62). Si fijamos la atención en el tronco, encontramos 76 articulaciones en pelvis y columna vertebral, 66 en la sección torácica y 6 en la garganta. Como puedes ver, la localización de estas estructuras tan especiales es cuanto menos heterogénea, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas se encuentran en lugares que nunca se nos ocurrirían en primera instancia.

Si clasificamos a las articulaciones con base en su funcionalidad, obtendremos un mínimo de 3 grupos: diartrosis, sinartrosis y anfiartrosis. Te contamos todo lo que debes saber sobre la primera de las categorías en las siguientes líneas.

¿Qué es una diartrosis?

Las diartrosis son un tipo de articulaciones sinoviales. Estas son aquellas que permiten ejecutar una amplia gama de movimientos, representando la mayor parte de los elementos articulares de las extremidades. Las diartrosis tienen en especial con respecto al resto el hecho de estar cubiertas por un revestimiento de cartílago hialino, una cápsula articular y contar con ligamentos de refuerzo.

Las diartrosis son los tipos de articulaciones más comunes en los organismos de los mamíferos, y todas ellas cuentan con 3 estructuras esenciales. Te las contamos en detalle.

1. Cavidad sinovial

Es una zona característica única en las articulaciones de tipo diartrosis. Se encarga de contener al líquido sinovial previamente descrito y está revestida por la membrana sinovial.

Dentro de este espacio se encuentra el líquido sinovial, esencial para comprender el movimiento articular. En lo que a propiedades reológicas se refiere, este viscoso fluido presenta viscosidad, velocidad de deformación y se trata de un fluido no newtoniano, es decir, cuya viscosidad varía con la temperatura y la tensión cortante que se le aplica.

El líquido sinovial es de gran interés clínico, pues en base a su composición se pueden detectar diversas patologías. Generalmente contiene pocas proteínas y células y es rico en ácido hialurónico, pero, si se observan en sus compuestos sangre, pus o una cantidad excesiva del fluido, se pueden sospechar patologías como lesiones, infecciones u osteoartritis.

2. Cápsula articular

Es la estructura que rodea a la diartrosis. Cada cápsula articular está dividida en 2 claras secciones: una capa fibrosa externa y una capa sinovial interna. La primera de las secciones no tiene mucho de “especial”, pues está compuesta por un tejido avascular de naturaleza fibrosa.

Por otro lado, la capa sinovial interna llama la atención por contener los sinoviocitos, las células que secretan el líquido sinovial que ya hemos nombrado varias veces a lo largo de este espacio. Al encargarse de secretar este fluido, los sinoviocitos o fibroblastos sinoviales (FS) han sido objeto de estudio para explicar patologías articulares, como la artritis reumatoide (AR).

Curiosamente, al analizar pacientes con artritis reumatoide, se ha descubierto que los sinoviocitos sufren fenómenos hiperplásicos (aumentan en número) y muestran un fenotipo alterado que, entre otras cosas, se asocia a la secreción de enzimas degradadoras de la matriz. Sin duda, esto parece estar vinculado a la inflamación típica en las articulaciones que experimentan las personas con AR.

3. Cartílago articular

Los huesos de las diartrosis están cubiertos por una capa de cartílago hialino. Este tipo de tejido se encuentra comúnmente en las costillas, nariz, laringe y tráquea, además de la superficie de muchas estructuras articulares. La matriz del cartílago hialino está compuesta principalmente por colágeno tipo II y condroitín-sulfato, un glicosaminoglicano complejo usualmente asociado a moléculas proteicas.

El cartílago de las diartrosis se encuentra en la superficie de los huesos implicados, dentro de la cavidad sinovial y bañado en el líquido sinovial. Cabe destacar que, aunque se encuentre anatómicamente cerca de los meniscos y discos articulares, se considera una estructura completamente diferente, pues estos últimos están compuestos por fibrocartílago (en comparación con el cartílago hialino).

Funcionalidad de las diartrosis

Este tipo de articulación engloba un gran número de estructuras y, por tanto, se encuentra en varias partes del cuerpo, con distintas funcionalidades. En general, estos se pueden resumir en que realizan trabajos de flexión, extensión y desviaciones cubitales.

Existen hasta 7 tipos generales de diartrosis, entre los que se encuentran los siguientes: articulaciones deslizantes (carpo de la muñeca, por ejemplo), articulaciones “en bisagra” (codo), articulaciones condiloideas (articulación de la muñeca) y otros muchos ejemplos más.

Si queremos que quede una idea clara sobre este tipo articular tan extendido en el cuerpo de vertebrados, esta es la siguiente: las diartrosis son articulaciones móviles que están caracterizadas por la posesión de una membrana intermedia, que posibilita la existencia de una cavidad sinovial y, por tanto, el acúmulo de líquido sinovial, tan importante para que se realicen correctamente los movimientos de nuestros apéndices.

Resumen

Con este pequeño recorrido te hemos mostrado las articulaciones más comunes en el esqueleto de los vertebrados, pero debes tener en cuenta que estas no son las únicas. En la otra cara de la moneda están las sinartrosis, muy poco móviles, como podrían ser las uniones entre las estructuras óseas que forman nuestro cráneo. Tampoco podemos olvidarnos de las anfiartrosis, que se ven ejemplificadas perfectamente entre los discos vertebrales de nuestra columna.

Cuando pensamos en una articulación, nos vienen a la mente rápidamente el codo, la muñeca, los dedos y las rodillas, pero debes tener en cuenta que un punto de unión entre dos huesos planos también se considera una estructura articular. Al final, la “articulación” es cualquier estructura que permita la unión de dos huesos entre ellos, se produzca movimiento o no.

Referencias bibliográficas:

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