Nuestro cuerpo es un organismo complejo que interactúa con el entorno de forma continua. A pesar de dicha complejidad es sumamente delicado, requiriendo su correcto funcionamiento de un equilibrio u homeostasis que diferentes agentes externos podrían llegar a alterar y destruir.

Afortunadamente, disponemos de un sistema dedicado a defendernos de agresiones de sustancias provenientes del exterior de nuestro organismo mediante su destrucción: el sistema inmune, el cual mediante células como los linfocitos actúa para señalar y destruir elementos posiblemente nocivos para nuestro organismo. Pero a veces el cuerpo genera una cantidad de linfocitos que excede a lo normal, teniendo el sujeto los linfocitos altos.

Los linfocitos en el sistema inmune

Los linfocitos son uno de los tipos de célula más importante de nuestro organismo, puesto que permiten que el organismo luche contra la posible llegada de bacterias y virus que pueden provocarnos una enfermedad. Se trata de un tipo de glóbulo blanco o leucocito, formando parte del sistema inmunitario y circulando por la sangre de manera habitual. Existen diferentes tipos, siendo los más conocidos los linfocitos T, B y las NK o natural killers.

Ante una infección o agresión por agentes ajenos al propio organismo estas células proceden a actuar uniéndose a la sustancia que ha generado la reacción del sistema inmune (el denominado antígeno) y sintetizando anticuerpos, de manera que o destruyen o sirven de marcador para que otras células llamadas fagocitos o bien algunos subtipos de linfocitos (como las NK o natural killers) destruyan al supuesto agente nocivo. Los linfocitos pueden además almacenar la información de dichos antígenos, de manera que se permite que el sistema inmune recuerde y rechace más fácilmente cualquier entrada en el organismo del mismo antígeno que se dé con posterioridad.

Si bien por lo general actúan sobre células extrañas nocivas, no es necesario que sean patógenos, pudiéndose observar reacciones desproporcionadas ante sustancias inocuas como las alergias, respuestas de rechaza hacia implantes o incluso ataques a células sanas del propio cuerpo en algunos trastornos en los que el sistema inmune no actúa correctamente.

La linfocitosis o la presencia de linfocitos altos

Por lo general tenemos unos niveles estables de este tipo de células, situado en la mayoría de adultos entre los 1500 y 4000 leucocitos por mililitro. Sin embargo, en diferentes circunstancias podemos encontrarnos con que estos niveles de linfocitos pueden llegar a dispararse, indicando que el organismo está actuando para intentar defenderse ante un agente invasor. Cuando estos niveles se sitúan por encima de los 4000/ml podemos considerar que tenemos los linfocitos altos, situación también denominada como linfocitosis.

Hay que tener en cuenta que en niños los valores normales están entre los 5000 y los 7000, con lo que la existencia de linfocitos altos supondrá que sean estos los niveles que se excedan. En la infancia, asimismo, es más habitual que se presente la linfocitosis.

Tener los linfocitos altos no tiene porqué generar síntomas necesariamente, si bien por lo general sí van a aparecer aquellos derivados de la causa que origine que el cuerpo genere tantos linfocitos. Dado que lo más habitual es que sea consecuencia de una infección, es habitual que aparezcan hipotermia, agotamiento, fiebre, problemas digestivos como náuseas y vómitos, escalofríos. También es común la presencia de problemas respiratorios, pérdida de peso, poca concentración y capacidad visual y auditiva. También rigidez muscular, moqueo e inflamación de tejidos.

Dicho aumento de linfocitos, si se mantiene en el tiempo, aumenta las probabilidades de que el sujeto padezca diferentes tipos de cáncer. Asimismo también se ha vinculado al inicio de la diabetes tipo 1, las alergias y el asma.

Causas y tipos

Tener los linfocitos altos no es por lo general un trastorno o problema médico per se, sino un efecto o reacción del organismo a una situación determinada. Por norma general, se tienen los linfocitos altos en situaciones como trastornos autoinmunes o, el que es el motivo más habitual para ello, la presencia de infecciones víricas y/o bacterianas.

Así pues existen múltiples factores que pueden provocar que tengamos los linfocitos altos, pero en general podemos encontrar dos grandes grupos de ellos. Ello es lo que permite distinguir entre dos tipos de linfocitosis o linfocitos altos.

1. Linfocitosis monoclonal

En primer lugar existe la linfocitosis monoclonal, producida por una alteración en la linfa que provoca que esta genere muchos más linfocitos de lo habitual o que no funcione correctamente. Ello ocurre sin que aparezca un factor externo. Es lo que ocurre en cánceres como la leucemia u otros tipos de tumores relacionados.

Además de ello también podemos encontrar, como hemos dicho, enfermedades autoinmunes como la esclerosis, la existencia de tumores o la presencia de problemas mieloproliferativas como la leucemia.

2. Linfocitosis policlonal

En este caso, se tienen los linfocitos altos debido a la existencia de una infección o de la aparición de un factor externo que induce en el organismo una respuesta defensiva. Es el caso de las infecciones y las alergias.

Entre las diferentes infecciones en que puede aparecer, encontramos infecciones por virus como el VIH (si bien acaban por reducirse en gran medida el SIDA, durante la infección inicial existe cierta linfocitosis que pretende actuar para eliminar la infección) y otras ETS, la tos ferina o la gripe, la rubéola o el herpes. También se considera como tal aquellas situaciones en que tenemos los linfocitos altos debido al estrés o a intoxicaciones por sustancias.

Tratamiento

Si nuestros niveles de linfocitos son exageradamente altos va a ser necesario rebajarlos, y para ello vamos a tener que combatir el motivo por el cual se presentan en tal cantidad. Así pues, en el caso de infección los antibióticos y antivirales provocarán que se consiga frenar el proceso infeccioso y que los niveles de leucocitos vuelvan poco a poco a la normalidad.

A nivel farmacológico, se pueden aplicar inmunosupresores como el metotrexato, o bien esteroides como los ampliamente conocidos glucocorticoides. En caso de alergias también se recomienda evitar el elemento que las causa y/o emplear epinefrina en caso de que se esté dando una reacción peligrosa para la vida. Si la causa es un cáncer como la leucemia, también se aplicará radioterapia y quimioterapia.

Otras estrategias que pueden complementar lo anterior son la reducción de linfocitos mediante la dieta, la hidratación y el ejercicio, que nos ayudarán a depurar nuestro cuerpo de agentes nocivos que puedan estar causando la reacción defensiva de nuestro organismo (aunque el ejercicio ayuda a generar linfocitos, también puede servir para reducir las causas de que estén altos).

El uso de métodos de relajación y meditación también puede contribuir a resolver aquellos casos en que la linfocitosis tenga causa psicógena, así como también la aplicación de terapias expresivas, de gestión de problemas y de regulación del estrés.