Una descripción de estos procedimientos para ayudar a que el cerebro se recupere.

Cada vez son más las personas que sufren accidentes cerebrovasculares como el infarto cerebral, un trastorno generado por la obstrucción de los vasos sanguíneos del cerebro, debido a un estrechamiento de las arterias o al taponamiento por un coágulo.

Para prevenirlo, es fundamental llevar una vida saludable y evitar factores de riesgo como el tabaquismo o la obesidad. Y sobre todo, es muy importante atajar a tiempo este tipo de accidente cerebrovascular y comenzar, lo antes posible, una rehabilitación a todos los niveles, para que la persona recupere su autonomía funcional y se reincorpore a la vida diaria.

En este artículo te explicamos cómo se realiza la rehabilitación tras sufrir un infarto cerebral y qué actividades se realizan en este proceso.

¿Qué es un infarto cerebral?

Un infarto cerebral, también denominado ictus isquémico, se produce cuando hay una reducción brusca del riego sanguíneo en el cerebro, generalmente ocasionada por una obstrucción o una hemorragia. Este tipo de accidente cerebrovascular ocurre cuando un vaso sanguíneo se rompe o se estrecha (trombosis), o cuando se tapona por un coágulo (embolia), por ejemplo; y la consecuencia es que determinadas zonas del cerebro no reciben el oxígeno y la glucosa que necesitan.

Normalmente, los infartos cerebrales se producen de forma súbita y tienen un rápido desarrollo, empeorando con el paso de las horas si se no se abordan rápidamente. Los ictus son más frecuentes en personas mayores de 55 años, y son la causa más frecuente de mortalidad entre mujeres, y la segunda causa en hombres. Los malos hábitos como el tabaquismo, el sedentarismo o la obesidad, también influyen negativamente, aumentando el riesgo de sufrir un infarto cerebral.

Las personas con antecedentes familiares de accidentes cerebrovasculares, diabetes y síndromes de apnea del sueño, también tienen un mayor riesgo de sufrir un ictus de este tipo. Cada año, afecta a unas 130.000 personas, y un tercio de ellas padece secuelas que van desde las dificultades motoras, hasta el deterioro cognitivo y la pérdida de autonomía funcional.

Con todo, hay dos elementos que son clave a la hora de abordar un fenómeno como este, y son: por un lado, la prevención, que implica concienciarse acerca de los beneficios que suponen hábitos tan sencillos como hacer ejercicio o llevar una vida saludable; y por otro lado, la detección precoz y la rehabilitación. A continuación, hablaremos de esta segunda parte, fundamental para la recuperación del paciente tras un infarto cerebral.

La rehabilitación tras un infarto cerebral

Cuando una persona está sufriendo un infarto cerebral, se producen una serie de síntomas característicos: adormecimiento o debilidad en un lado del cuerpo, confusión repentina, dificultades para caminar y descoordinación, y dolor de cabeza. Cuando esto ocurre, hay que activar rápidamente los servicios de emergencia y llevar a la persona al hospital más cercano. Después se le remitirá a la Unidad de Ictus, especializada en estos trastornos.

Una vez realizadas las pruebas médicas necesarias y tras recibir el diagnóstico pertinente, el paciente permanecerá ingresado hasta que esté clínicamente estable. Las primeras horas son muy importantes, ya que pueden evidenciarse signos que informan de lesiones más o menos extensas que servirán después para planificar una adecuada rehabilitación. Aunque el cerebro intenta recuperar las funciones dañadas de forma espontánea (reestructurando el tejido sano), muchas veces solo es posible hasta cierto grado, y no siempre se consigue.

Tras recibir el alta médica, el paciente que ha sufrido el infarto cerebral iniciará el plan de rehabilitación, que incluye un abordaje terapéutico multidisciplinar que variará en función de las necesidades de cada persona. Éste ha de iniciarse de forma precoz, y debe coordinarse entre los diferentes profesionales sanitarios que van a formar parte de la vida del paciente durante todo el proceso de recuperación.

1. Rehabilitación física

La rehabilitación física del paciente se planteará en base a las partes del cuerpo y las capacidades físicas que se hayan visto afectadas tras el infarto cerebral. El objetivo principal es recuperar, total o parcialmente, la autonomía funcional y las habilidades básicas como: andar, tener el cuerpo estable, mantener el equilibrio, etc.

Dentro del plan de rehabilitación física también se incluyen actividades físicas que pueden incluir: el entrenamiento en movilidad (uso de bastones, tobilleras y ayudas para la movilidad en general), ejercicios de motricidad fina y gruesa (para mejorar la coordinación y la fuerza muscular), la terapia inducida por restricción (se restringe la zona no afectada mientras se practica el movimiento con la extremidad lesionada) y la terapia de amplitud por movimiento (para pacientes con problemas de espasticidad).

En la actualidad y gracias a la tecnología, se han ido incorporando nuevas prácticas para abordar la rehabilitación física tras el infarto cerebral, como por ejemplo: la estimulación eléctrica funcional, la tecnología robótica, la realidad virtual o la tecnología inalámbrica. Todas estas actividades físicas asistidas por la tecnología se utilizan para mejorar los músculos debilitados y para reeducar ciertos patrones de movimientos que se han visto afectados por el ictus.

2. Rehabilitación cognitiva

Tras un infarto cerebral pueden aparecer problemas cognitivos y alteraciones del lenguaje, la memoria, la atención y la concentración, entre otras. El objetivo de la rehabilitación cognitiva es frenar y reducir el impacto negativo de dichas alteraciones, mediante la estimulación de las distintas funciones cognitivas que se han visto dañadas por el ictus, aprovechando la plasticidad neuronal del cerebro que permite que las neuronas se regeneren funcional y anatómicamente para formar nuevas conexiones.

En la mayoría de accidentes cerebrovasculares en los que existe un deterioro cognitivo, el paciente experimenta dificultades para orientarse temporal y espacialmente. En este sentido, las terapias enfocadas a la orientación van a facilitar que, en los primeros momentos de la rehabilitación, la persona tenga una mejor ubicación personal y espaciotemporal.

Las tareas de estimulación cognitiva en pacientes con infarto cerebral pueden realizarse en papel o asistidas por tecnología (generalmente, un ordenador o una tablet), en función de las capacidades preservadas de cada persona.

El neuropsicólogo encargado de la rehabilitación ha de atender no solamente a los progresos en el nivel cognitivo, sino también al resto de variables contextuales que tienen que ver con el ámbito familiar, social y/o laboral de la persona que ha sufrido el ictus. A fin de cuentas, el fin último de este proceso rehabilitador es que la persona obtenga la mayor autonomía funcional posible, y que sea capaz de llevar a cabo correctamente las tareas de la vida diaria.

3. Rehabilitación logopédica

La alteraciones del lenguaje tras un infarto cerebral supone un gran impedimento para el paciente, sobre todo si implican manifestaciones clínicas como la afasia, que supone una incapacidad para emitir o entender el lenguaje; o la disartria, que implica dificultades para articular sonidos y palabras.

El logopeda es el profesional encargado de que que el paciente recupere las funciones del lenguaje y sus habilidades comunicativas. Generalmente, se suelen realizar ejercicios de lectura, escritura, expresión y comprensión del lenguaje, con métodos que van desde la verbalización de frases a un determinado ritmo, la denominación de imágenes o la discriminación de fonemas.

En todo caso, el objetivo de la rehabilitación logopédica es que el paciente recupere la capacidad lingüística que tenía antes del infarto cerebral; o, al menos, recuperar cierta autonomía funcional que le permita comunicarse con los demás e interactuar con su entorno de la mejor manera posible.

4. Terapia ocupacional

La terapia ocupacional forma parte del proceso de rehabilitación del infarto cerebral y su objetivo es conseguir que el paciente recupere la capacidad para realizar actividades básicas y avanzadas de la vida diaria, de modo que pueda reintegrarse adecuadamente en la sociedad tras haber sufrido el ictus.

Durante el proceso de terapia ocupacional, los profesionales sanitarios valoran las posibles adaptaciones del entorno y la incorporación de elementos de apoyo para el paciente. En ocasiones, las personas que sufren un ictus necesitan modificar algunos elementos del hogar para que no tengan dificultades en su reincorporación: por ejemplo, mediante la instalación de un salvaescaleras en su portal, la modificación del mobiliario o la sustitución de la bañera por un plato de ducha.

Células madre: lo último en rehabilitación

En los últimos años se ha estudiado una nueva terapia basada en la implantación de células madre neurales para recuperar las funciones perdidas en los pacientes que han sufrido infartos cerebrales. En los estudios realizados se han usado ratones con ictus a los que se les ha implantado células madre de origen mesenquimal, encapsuladas en un material inocuo y biocompatible, como la fibroína del gusano de seda, un tipo de proteína muy fibrosa.

En los experimentos realizados se ha podido observar que los animales a los que se les implementó esta terapia con células madre mejoraron de forma significativa las capacidades motoras y sensitivas que se habían visto afectadas después de sufrir el infarto cerebral. Y además, se ha demostrado que la encapsulación incrementa la tasa de supervivencia de las células madre implantadas, influyendo así positivamente en la reparación del tejido cerebral dañado y evitando la extensión del mismo tras el infarto cerebral.

En definitiva, los investigadores trabajan en el desarrollo futuro de fármacos que sean capaces de estimular este tipo de células madre que se hallan en el cerebro, de modo que puedan multiplicarse, desplazarse a las zonas cerebrales afectadas y comenzar el proceso de reparación celular.

Referencias bibliográficas:

  • Brott, T., & Bogousslavsky, J. (2000). Treatment of acute ischemic stroke. New England Journal of Medicine, 343(10), 710-722.
  • Patel, M., Coshall, C., Rudd, A. G., & Wolfe, C. D. (2003). Natural history of cognitive impairment after stroke and factors associated with its recovery. Clinical rehabilitation, 17(2), 158-166.
  • Rodríguez García, P. L. (2014). Ictus isquémico: avances y proyecciones. Revista Cubana de Neurología y Neurocirugía, 4(1), 71-88.