Estudios recientes han correlacionado en casos eventuales la ingesta de cafeína con el riesgo de abortos espontáneos, partos prematuros o el nacimiento de bebés con bajo peso en mujeres embarazadas.

Por estos motivos, este alcaloide psicoactivo estimulante se encuentra en el punto de mira de diversas investigaciones pediátricas. Conocer los factores que predisponen a un fallo en la gestación es esencial, pues no solo se pone en riesgo a la vida del feto, sino también la integridad física y emocional de la madre y del núcleo familiar.

Está claro que el consumo de alcohol, marihuana y otras drogas estigmatizadas por la sociedad es deletéreo para la salud del feto que se está gestando en el vientre de la madre. La realidad es que la cafeína es una sustancia que genera adicción mucho más asentada en nuestra cultura, pero no por ello está exenta de efectos secundarios. Descubre aquí si se puede consumir cafeína durante el embarazo.

¿Se puede consumir cafeína durante el embarazo?: una escala de grises

Según la Real Academia de la Lengua española (RAE), una droga se define como “cualquier sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno”. Según esta descripción, no cabe duda de que la cafeína es una droga.

Este alcaloide del grupo de las xantinas, de sabor amargo, tiene diversos efectos sobre el cuerpo humano. Algunos de ellos son los siguientes:

  • Estimula el sistema nervioso central, lo que produce un efecto temporal de restauración del nivel de alerta y reducción de somnolencia.
  • Aumenta la presión arterial.
  • Tiene un efecto diurético, es decir, que facilita la eliminación de agua y sal al promover la producción de orina.

La cafeína es la sustancia psicoactiva más extendida en todo el mundo, pues se calcula que se consumen una media de 120.000 toneladas al año a lo largo del globo. En regiones más concretas, como puede ser Norteamérica, se estima que el 90 % de los individuos adultos consumen productos con cafeína de forma diaria.

¿Cuánta cafeína es demasiada?

La vida media de la cafeína (es decir, el tiempo que este compuesto permanece en la sangre) varía según las características del individuo que la consume. Es un hecho que la eliminación de esta sustancia de la sangre de las mujeres gestantes es un proceso más lento, pues se engloba en un rango temporal de 9 a 11 horas, mientras que en individuos no gestantes adultos este tiempo es de 4 a 9 horas como máximo.

La cafeína se metaboliza en el hígado, por lo que personas con trastornos hepáticos graves pueden sufrir complicaciones en las que el compuesto permanece en la sangre hasta 96 horas.

La Organización Mundial de la Salud recomienda a las mujeres embarazadas no consumir más de 300 miligramos de cafeína al día para evitar el riesgo de pérdida del feto durante la gestación, pero, ¿cómo se refleja esta cantidad en alimentos energéticos?

Se calcula que una taza de café presenta un rango amplio de este compuesto, de 95 a 200 miligramos por dosis. Por contraparte, una taza de té contiene bastante menos concentración de cafeína, pues se calculan de unos 14 a 60 miligramos por dosis.

Así pues, el consumo de tres tazas de té al día no debería de suponer un problema a largo plazo para una madre gestante, pero dos cafés “bien cargados” ya pueden superar la dosis máxima recomendada por la Organización Mundial de la Salud. Desde luego se puede consumir cafeína durante el embarazo, pero tener cuidado con las dosis es esencial para evitar graves disgustos.

Más allá de los consejos

A pesar de tratarse de ideas extendidas en la población general, diversos estudios han tratado de dilucidar el efecto de la cafeína sobre el feto durante los primeros trimestres de embarazo, y por sorprendente que pueda parecer, muchos resultados no son concluyentes.

Esto se debe, en parte, a que aún no se conocen los mecanismos por los que esta sustancia se correlacionaría con abortos espontáneos, aunque sí que existe evidencia de que el compuesto sobrepasa la barrera placentaria y llega hasta el feto. Vamos más allá, pues se estima que la concentración de cafeína en el torrente sanguíneo del feto sería similar a la de la madre, con la complicación añadida de que su permanencia en la sangre del bebé sería aún mayor, ya que las enzimas hepáticas capaces de degradarla aparecen a partir del octavo mes de gestación.

Aún así, en general es complejo establecer una correlación directa entre la cafeína y las complicaciones durante el embarazo, pues también juegan papeles esenciales otros factores como los síntomas de la mujer gestante o la viabilidad fetal.

A pesar de todos estos impedimentos, tras extensas revisiones bibliográficas con grupos muestrales de mujeres embarazadas considerables (más de 1.500 participantes, unas que sufrieron abortos espontáneos y otras que no) se pueden dilucidar los siguientes resultados:

  • La ingesta de cafeína durante el primer trimestre de embarazo se correlaciona con abortos espontáneos de fetos con cariotipos normales.
  • También se encuentra una asociación positiva entre el consumo de tabaco y la probabilidad de un aborto espontáneo.
  • La ingesta de cafeína no se encuentra relacionada con riesgo de abortos espontáneos de fetos con cariotipo anormal.

Como podemos ver, estamos ante resultados relativamente contradictorios. Esto se complica aún más cuando el estudio subraya que en mujeres fumadoras y consumidoras de cafeína (ambas a la vez) no se encontró una correlación positiva entre estos hábitos y la producción de abortos. ¿Qué sentido tiene esto si ambos factores por separado parecen promover las complicaciones del embarazo?

Otra razón que nos hace dudar de una correlación 100 % fehaciente entre cafeína y abortos es que ambos parámetros no se encontraban relacionados en fetos con cariotipos anormales, es decir, con un número atípico de cromosomas (como es el síndrome de Down). Estos resultados son cuanto menos contraintuitivos, pues sería de esperar que las mutaciones genéticas del bebé le predispusieran a eventos fatales tras la interacción con la cafeína.

Por todos estos motivos, los estudios subrayan que los resultados han de ser tomados con extrema cautela, pero que sin embargo, no consumir cafeína durante el embarazo o reducir su ingesta siempre será la opción más prudente según ellos.

Cafeína y crecimiento fetal

De todas formas, no nos movemos en un terreno de blancos o negros (vida o aborto), pues los efectos de la cafeína sobre el feto pueden manifestarse en una amplia gama de grises.

Otros estudios han descubierto, por ejemplo, que el consumo de cafeína sí que está correlacionado con la disminución del peso del recién nacido. Esto podría explicarse porque el compuesto aumenta la concentración de adrenalina placentaria y fetal, lo que promueve la vasoconstricción y dificulta el aporte nutricional directo mediante el torrente sanguíneo al feto.

En países tales como Uruguay, donde se estima que más del 32 % de las mujeres gestantes consumen un valor superior a la cantidad máxima de cafeína establecida por la OMS (en forma de mate, sobre todo), conocer una clara correlación puede ser clave para concienciar a la población de unos hábitos más saludables, sobre todo en la época de gestación materna.

Aún así, estos propios estudios evidencian que a pesar de haber mostrado resultados concordantes entre ambos parámetros, no todas las investigaciones realizadas han llegado al mismo resultado. Esto, más que restar credibilidad a los hechos observados, podría poner en evidencia que existen muchos más factores que condicionan la viabilidad fetal más allá de la ingesta de cafeína: alimentación, estrés, estructura sanitaria y otros parámetros de difícil cuantificación.

Conclusiones

Como habréis podido ver, a la pregunta de si se puede consumir cafeína durante el embarazo no tenemos una respuesta del todo concluyente. Así es el mundo de la investigación, donde nada puede considerarse como un dogma o realidad inalienable a menos que se presenten pruebas irrefutables.

Lo que sí que está claro es que un consumo elevado de cafeína día a día está correlacionado con trastornos de salud en el paciente, lo que desde luego también se expandiría a la integridad del feto en una mujer gestante.

A pesar de que los resultados no sean del todo concluyentes en muchos estudios, siempre será buena idea no sobrepasar el límite establecido por la OMS de 300 miligramos de cafeína al día en mujeres gestantes. Al fin y al cabo, con un café y una taza de té diarios se obtiene en la mayoría de los casos el efecto deseado, y no se propicia un posible aborto espontáneo o un feto con un peso inferior al normal.

Referencias bibliográficas:

  • Cafeína, Medlineplus.gov. Recogido a 1 de septiembre en https://medlineplus.gov/spanish/caffeine.html
  • Duro Mota, E., Causín Serrano, S., Campillos Páez, M. T., & Vallés Ugarte, M. (2001). Consumo de cafeína y riesgo de aborto espontáneo en el primer trimestre. Medifam, 11(8), 105-108.
  • Lozano, R. P., García, Y. A., Tafalla, D. B., & Albaladejo, M. F. (2007). Cafeína: un nutriente, un fármaco, o una droga de abuso. Adicciones, 19(3), 225-238.
  • Magri, R., Míguez, H., Parodi, V., Hutson, J., Suárez, H., Menéndez, A., ... & Bustos, R. (2007). Consumo de alcohol y otras drogas en embarazadas. Archivos de Pediatría del Uruguay, 78(2), 122-132.
  • Moraes, M., Sosa, C., González, G., Umpiérrez, E., Berta, S., & Borbonet, D. (2014). Relación entre el consumo de mate en el embarazo con el peso al nacer. Archivos de Pediatría del Uruguay, 85(1), 18-24.
  • Restricción de la ingesta de cafeína durante el embarazo, Organización Mundial de la Salud (OMS). Recogido a 1 de septiembre en https://www.who.int/elena/titles/caffeine-pregnancy/es/