Gracias al sistema locomotor, los seres humanos podemos realizar todo un amplio repertorio de movimientos, ordenados por el encéfalo, que nos permiten relacionarnos con el mundo y, también, explorarlo para conocerlo mejor.

Con motricidad se hace referencia a la capacidad del organismo para realizar diferentes movimientos y gestos, los cuales pueden ser de mayor a menor complejidad y desempeñar funciones variadas.

Desde lanzar una pelota, escribir con un bolígrafo o, simplemente, correr, estos movimientos están dentro del concepto de motricidad, sin embargo, entrarían en diferentes categorías del mismo.

Vamos a averiguar cuáles son los tipos de motricidad, su desarrollo a lo largo de la vida de las personas y los movimientos que entran dentro de cada una.

Tipos de motricidad

Básicamente, la motricidad se divide en dos tipos, gruesa y fina, en función de los tipos de grupos de músculos que se implican en el movimiento que se realiza.

1. Motricidad gruesa

Con motricidad gruesa se hace referencia a las capacidades motoras de una persona en las que se implican grupos musculares grandes. la intervención de este tipo de músculos permiten hacer movimientos en los que se activa todo el cuerpo o gran parte de una extremidad, como por ejemplo gatear, caminar, saltar, escalar, montar en bicicleta, nadar y otros muchos más.

Este tipo de motricidad empieza a desarrollarse a temprana edad, hacia las primeras semanas de vida del bebé. Su desarrollo es continuado aunque, en caso de no ponerse en práctica o de realizarse ejercicios cuyo objetivo sea el de mejorar esta capacidad, no se da una pérdida de la motricidad gruesa. No obstante, lo habitual es que se dé un progresivo desarrollo de estas capacidades a lo largo de toda la vida, incluso en la etapa adulta.

La dirección en la que se van perfeccionando los grandes grupos musculares se hace de cabeza a pies, es decir, primero se aprende a cómo mover la cabeza y el cuello, luego, se tiene un mayor control sobre el tronco y, finalmente, se controla piernas y brazos.

Durante los primeros años de vida, el desarrollo de este tipo de motricidad es fundamental para que se adquiera la capacidad de control sobre la postura, el equilibrio del cuerpo y la marcha.

1.1. Control postural

Llegar a desarrollar la capacidad suficiente como para controlar la postura y el equilibrio son cuestiones fundamentales para poder realizar acciones en las que se está erguido, como son caminar o sentarse.

Cuando acaba de nacer, el bebé no es capaz de controlar su postura de forma voluntaria, ni tampoco sostener en correcto equilibrio su cabeza. Es por ello que en las primeras semanas de vida, lo recomendable es que la criatura se encuentre tumbada.

Pasados los dos meses el bebé ya ha adquirido la suficiente capacidad como para mantenerse con cierto equilibrio, pudiendo sentarse erguidos con ayuda de sus cuidadores.

Cuando ya se acerca el primer año de vida, los infantes han adquirido la suficiente capacidad como para poder sentarse encima de una silla por ellos mismos.

1.2. Aprender a caminar

Relacionado con el punto anterior, para poder lograr caminar erguido primero debe tener el suficiente control postural para poder mantenerse erguido.

Además de ello, requerirá fuerza en las piernas, la cual habrá adquirido tras varios meses gateando y poniendo encima de ellas parte del peso del tronco, con la ayuda de los brazos.

Es en torno al primer año de vida que los bebés logran poder caminar, no obstante, de acuerdo con la investigación realizada en este campo, se ha visto que ya se poseen desde antes del nacimiento las vías neurales para ello.

Un hecho que daría fuerza a esto es el de que si se coloca a un bebé de dos meses en posición erguida pero siendo sujetado por alguien, el bebé alternará las piernas como si estuviera caminando.

Independientemente de lo innata que pudiera ser esta capacidad, es muy importante que el bebé vea a otros, tanto de su misma edad como mayores, caminar para poder desarrollar esta capacidad.

Auge y declive de las capacidades gruesas

Aunque son significativos los cambios que ocurren durante los primeros años de vida, las habilidades gruesas también mejoran durante el período comprendido entre los 7 y 12 años. En esta edad, quien en poco será adolescente, mejora su capacidad de correr, esquivar, saltar a la cuerda y otras actividades relacionadas con el ámbito del deporte.

Es por ello que es bastante notoria la realización actividades deportivas durante la adolescencia, coincidiendo con la época en la que las personas notan una mejor destreza en cuanto a su capacidad locomotora se refiere.

No obstante, como todo lo que sube tiene que bajar, pasados unos años, especialmente cuando se acercan los 30, empieza a darse un declive de la motricidad gruesa. A consecuencia de ello, las personas mayores de esta edad ven como sus movimientos se vuelven más lentos y difíciles de realizar. Para evitar que este declive motriz se dé de forma temprana y rápida, lo recomendable es la realización de ejercicio físico a cualquier edad y de forma frecuente.

2. Motricidad fina

En cuanto a la motricidad fina, a diferencia de su contraparte, se implican grupos musculares pequeños, los cuales, mayormente, se encuentran en las manos, especialmente en las muñecas y dedos. Esta capacidad es destacable en la especie humana, dado que se posee un alto control de los movimientos de los dedos de las manos, permitiendo agarrar objetos, escribir, tocar el piano o hacer gestos.

Las habilidades finas se van desarrollando a lo largo de la vida de todo el individuo, pudiéndose mejorar y aprender nuevos movimientos en prácticamente cualquier edad de la persona, siempre y cuando no hayan lesiones físicas ni a nivel cerebral.

No obstante, especialmente en la infancia, hay cambios significativos en cuanto al desarrollo de estas capacidades, las cuales van a la par de la mejora de ciertas destrezas fomentadas por el sistema educativo.

2.1. Primeros meses de vida

Los primeros movimientos finos que se pueden observar en un bebé son los reflejos, los cuales se manifiestan ya desde el momento en el que ha nacido. No obstante, con el paso de las pocas semanas, muchos de estos desaparecen.

A las ocho semanas, el bebé es capaz de hacer algunos movimientos con los dedos, pudiendo coger, aunque de forma patosa, cosas.

Entre los dos y los cinco meses el bebé ya es capaz de coordinar la mirada con el movimiento de sus propias manos, siendo esto un punto decisivo en su capacidad para explorar el mundo exterior.

Entre los siete y doce meses se da el punto más destacable de las capacidades motoras finas del bebé, habiendo una mejora en la capacidad de agarre de objetos, señalar con el dedo índice, pasar objetos de una mano a otra y, muy importante también, hacer pinza con la mano.

Cuando el bebé ya tiene un año de edad, dispone de suficiente capacidad fina como para manejar objetos voluntariamente y con mayor seguridad.

Gracias a ello, puede coger los objetos que desee y así explorarlos para conocerlos mejor, aprendiendo tanto físicamente como mediante estímulos. Así, aprender aspectos como el tamaño, el peso y la forma.

2.2. Preescolar

Esta etapa comprendería entre los dos y cinco años de edad. En estas edades, el niño es capaz de cerrar y abrir la mano haciendo diferentes combinaciones con los dedos.

Así pues, el niño puede aprender a usar las tijeras, pintar con lápices, abotonarse la camisa y coger objetos de forma más certera.

Además de ello, aprende sobre el entorno en el que se encuentran y los estímulos que reciben de él, coordinando eficazmente sus movimientos para irlo a explorar.

2.3. Etapa escolar

Entre los cinco y siete años la motricidad fina ya está destacablemente desarrollada, aunque siempre se puede mejorar. Los brazos y las piernas se sincronizan mejor.

Es en estas edades en las que los niños aprenden a escribir y a leer. Los primeros ensayos de escritura, aunque torpes, son la demostración de ellos, mientras que la lectura se caracteriza por usar los dedos para dirigir su mirada al renglón que tienen que leer.

Referencias bibliográficas:

  • Guthrie, E.R. (1957). . "The psychology of learning". Harper et Brothers, New York (ed.)
  • Sparrow, W.A. (July 1, 1983). "The efficiency of skilled performance". Journal of Motor Behavior. 15 (3): 237–261