Adultocentrismo: qué es y cómo afecta a los más pequeños y a la sociedad

En el adultocentrismo, los adultos están en la cima de la jerarquía social. Veamos por qué.

Mario Arrimada

Mario Arrimada

Adultocentrismo

Desde las primeras sociedades y civilizaciones humanas hasta hace apenas tres siglos, la infancia y la adolescencia tenían la consideración de etapas diferenciadas y de gran importancia para el correcto desarrollo del ser humano, sino que los niños y adolescentes eran considerados como adultos pequeños en formación, teniendo prácticamente las mismas obligaciones, alimentado así la perspectiva del adultocentrismo.

El adultocentrismo es un concepto referido a la hegemonía social de las personas que se encuentran dentro de la etapa adulta, por lo que son quienes poseen el control y el poder político, económico y social. A su vez son considerados como el grupo de referencia y los que se encuentran en la cumbre de la jerarquía social.

En este artículo veremos con más detalle en qué consiste el concepto de adultocentrismo y cuáles son sus orígenes.

¿Qué es el adultocentrismo?

El concepto conocido como antropocentrismo se refiere a la supremacía social de los adultos por encima de los niños y adolescentes, pudiendo estar desarrollada incluso por encima de las juventudes y las personas de edad avanzada, dentro una sociedad.

Tiene que ver con la idea de que los adultos son los que tienen el poder de forma hegemónica y también son el grupo de referencia en torno a la visión social y cultural del entorno en el que viven.

En general, el adultocentrismo sostiene una visión del mundo y de la sociedad en general muy arraigada en unos valores según los cuales el grupo de personas adultas está en el derecho de poseer el poder y, por ende, son considerados el conjunto de personas que se encuentra en la cúspide de la pirámide jerárquica de la sociedad, con todo lo que ello conlleva.

En este sentido, los demás grupos sociales, clasificados por edad, que no se encuentran dentro de la etapa adulta, han sido excluidos del pensamiento central de las sociedades con un sistema estructural y jerárquico adultocentrista.

Características del adultocentrismo

Desde la visión del adultocentrismo, la etapa adulta está considerada la representación de aquellas personas que componen un modelo bien formado y triunfador al que los más jóvenes deben aspirar, por lo que, según este modelo, los niños y adolescentes deben prepararse para ser adultos de éxito que cumplan con su trabajo y con las aspiraciones que marca su sociedad para ser considerados como tal.

Es por ello que el adultocentrismo aprovecha el poder político, a la Iglesia u otras instituciones religiosas, y a los medios de comunicación para infundir sus valores en todos los ciudadanos, procurando que también se vayan transmitiendo de padres a hijos.

¿Cuál es el origen del adultocentrismo?

El adultocentrismo ha estado presente a lo largo de gran parte de la historia del ser humano, ya que durante muchos años el concepto de infancia no era lo que conocemos hoy, sino que los niños eran tratados como “pequeños adultos” en proceso de desarrollo que normalmente debían trabajar y ayudar en las mismas tareas que los adultos. A su vez, los niños y las niñas solían vestir de una forma muy similar a la de los adultos, puesto que la moda infantil no logró imponerse al menos hasta el siglo XVII, llegando en algunas sociedades incluso más tarde.

Si nos fijamos en la literatura, el género de los cuentos y libros infantiles no apareció hasta hace apenas tres siglos. Y es que antes la etapa de desarrollo de los niños y adolescentes no era considerada, como hoy en día, una fase que requiriera una atención especial, debido a la gran relevancia de un correcto desarrollo en la posterior etapa adulta.

Por otro lado, varios historiadores y sociólogos afirman que la etapa de la revolución industrial fue clave para los avances en la consideración hacia los niños y adolescentes, siendo en gran parte gracias a los avances tecnológicos que brindaron la posibilidad a los niños de ser prescindibles en el trabajo, de manera que podían tener más tiempo para jugar, pasárselo bien, explorar, aprender y, sobre todo, relacionarse con otras personas de su misma edad, siendo todas estas actividades y otras del estilo muy relevantes en el correcto desarrollo en la infancia y la adolescencia.

Adultocentrismo y los derechos en la infancia

En 1959 fue aprobada la Declaración de los Derechos del Niños por todos los Estados pertenecientes a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), lo que supuso un importante avance en la consideración y el reconocimiento de los derechos de los niños para desarrollarse y crecer con una buena salud, por lo que deben recibir una atención y unos cuidados especiales, derecho a una educación escolar y muchos otros también importantes para el correcto desarrollo de los niños y también de los adolescentes.

Hoy en día la gran mayoría de la población está de acuerdo en que los niños deben recibir una educación escolar fundamental y también en el hecho de que la sociedad y el estado debe brindarles una serie de facilidades y beneficios, así como una especial protección, perdurando esta consideración especial hasta que cumplan la mayoría de edad.

Sin embargo, a pesar de estos grandes e importantes avances en este terreno, en muchos casos, aunque sea de manera indirecta, existe todavía una visión social desde el adultocentrismo, debido a que es frecuente seguir tomando como referencia a las personas adultas y no es extraño que se den casos en los que se valora más a los niños por lo que pueden llegar a ser cuando sean adultos que por lo que son siendo niños.

También es frecuente que esta visión del adultocentrismo influya en las relaciones interpersonales y es que todos, o casi todos, habremos escuchado alguna de las siguientes frases: “cuando los adultos están hablando, los niños se callan, “yo tengo, razón porque soy el adulto y tú todavía eres un niño”, “deja de comportarte como un niño”, “ya lo comprenderás cuando seas mayor” y muchas del estilo, sin llegar a escuchar la opinión del niño; de manera que así le resultará más difícil al niño aprender a expresarse asertivamente respetando la opinión de los demás.

Por supuesto, los niños deben respetar a sus padres y obedecerles cuando estos lo que buscan siempre es lo mejor para ellos, pero a lo que nos referimos aquí es a esas situaciones en las que los niños no se sienten escuchados por los adultos y sus opiniones tienen un peso menor, cuando debería ser importante que sus opiniones sean tenidas en cuenta, de forma que así aprendan a dialogar y a expresar sus opiniones sin entrar en conflicto gracias al hecho de haber desarrollado una dialéctica desde la infancia.

El adultocentrismo tiende a tener en cuenta la perspectiva y las opiniones de los adultos por encima de las personas más jóvenes, lo que tiende a condicionar las relaciones sociales en todos los ámbitos, de manera que es frecuente que haya padres que no escuchen las opiniones de sus hijos o incluso que dentro de una empresa no se tengan en cuenta las ideas de los más jóvenes a pesar de que quizás, al ser más novedosas, podrían ser lo que la empresa necesita para avanzar. Sin embargo, es frecuente que siempre se opte por la opinión de la persona adulta por encima de la persona más joven.

Su relación con el estilo educativo autoritario

El adultocentrismo puede llegar a favorecer que los adultos que tengan esta visión desempeñen un estilo autoritario en cuanto a la educación de sus hijos, de manera que los padres dictan la manera en qué se deben hacer las cosas, pero desde una postura rígida e inflexible, por lo que los hijos deben acatarlas sin poder expresar su opinión.

Bajo este prisma del adultocentrismo, los padres no conciben la posibilidad de escuchar la opinión de sus hijos con respecto a determinados temas que les conciernen y también es común que los padres sean exigentes con sus hijos y poco afectuosos.

Por tanto, el adultocentrismo en el estilo educativo se ve reflejado en aquellos padres que expresan poco su afecto de manera explícita, se muestran poco abiertos al diálogo y a escuchar las opiniones de sus hijos y, además, suelen imponer unas normas y límites rígidos, pudiendo llegar a castigar de forma severa a sus hijos cuando incumplan las normas.

De acuerdo con los estudios realizados sobre los estilos educativos, se ha encontrado que los niños que reciben un estilo educativo autoritario suelen tener unos niveles bajos de autoestima, inmadurez, incapacidad para tomar sus propias decisiones, poca capacidad de autocontrol, altos niveles de impulsividad y poca tenacidad o persistencia a la hora de cumplir sus objetivos.

Por el contrario está el estilo educativo democrático, en el que los padres se muestran más afectuosos con sus hijos, mantienen una buena comunicación, de forma que sus hijos puedan expresar su opinión y sus padres le explique de manera razonada por qué deben comportarse de una determinada manera, así como también están explicados y justificados razonadamente los límites, las normas y las restricciones.

Siguiendo un estilo educativo democrático se ha visto que así los hijos se sienten apoyados y seguros a la hora de comunicarse con sus padres; también tendrán una buena autoestima, un correcto comportamiento y una buena dialéctica, gracias a un correcto desarrollo de las habilidades sociales y comunicativas.

  • Duarte, C. (2015). El adultocentrismo como paradigma y sistema de dominio: análisis de la reproducción de imaginarios en la investigación social chilena sobre lo juvenil. Universitat Autònoma de Barcelona.
  • Duarte, C. (2012). Sociedades adultocéntricas: sobre sus orígenes y reproducción. Última Década, 36, pp. 99-125.
  • Papalia, D. E. y Martorell, G. (2017). Desarrollo humano (13 ed.). México: McGraw-Hill Education.
  • Unicef (2013). Superando el adultocentrismo: únete por la niñez. Santiago de Chile: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
  • Vásquez, J. D. (2013). Adultocentrismo y juventud: Aproximaciones foucaulteanas. Sophia, Colección de Filosofía de la Educación, 15, pp. 217-234.
Mario Arrimada

Mario Arrimada

Psicólogo

Mario Arrimada es Graduado en Psicología en la Universidad Pontificia de Salamanca y dispone de un Máster de Actualización en Intervención Psicológica y Salud Mental en la Universidad a Distancia de Madrid. Varios cursos de formación, entre ellos el de Experto en Trastornos de la Personalidad con la Asociación Española para el Fomento y Desarrollo de la Psicoterapia, de Experto en Mindfulness y de Experto en DSM5 y CIE11, ambos en la UDIMA.

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