Un conjunto de sistemas de creencias vinculadas a la llegada de occidentales a tribus con tecnología poco desarrollada. Wikimedia Commons.

A lo largo de la historia el ser humano se ha preguntado constantemente el porqué y el cómo de su propia existencia, de su pasado y futuro, de sus condiciones y si es posible mejorarles o incluso del significado de la misma vida o de la realidad. Y entre las diferentes vías a través de las cuales se ha procurado dar respuesta a estas preguntas podemos encontrar la de la fe: la religión.

Son muchas las confesiones y culturas que han ido surgiendo, viviendo y en muchos casos desapareciendo. Si bien en la actualidad una mayoría de la población tiende a creer en una de las cinco religiones más prevalentes (cristianismo, islam, judaísmo, hinduísmo o budismo), lo cierto es que existe aún una gran variedad de creencias religiosas más allá de estas opciones.

Entre ellas se incluyen unas pocas muy minoritarias que han surgido del contraste entre culturas y niveles tecnológicos dispares, como ocurre con los cultos del cargamento. Es sobre este tipo de cultos sobre el que vamos a hablar a lo largo de este artículo.

¿Qué son los cultos del cargamento?

Los cultos del cargamento o del cargo son un conjunto de cultos o creencias espirituales y religiosas presentes fundamentalmente en las islas de Oceanía (y por lo general específicas de la Melanesia), concretamente en aquellas pobladas por indígenas con un contacto limitado con el resto del mundo y un desarrollo tecnológico limitado.

Se trata de una serie de confesiones religiosas que, a pesar de ser heterogéneas y diferentes entre sí en muchos aspectos, comparten el hecho de basarse en los primeros contactos entre los nativos y los exploradores, militares, viajeros y náufragos procedentes de territorios mucho más desarrollados a nivel tecnológico (por lo general europeos, estadounidenses o japoneses) y el conjunto de posesiones que venían con sus cargamentos.

Por lo general en este tipo de creencias se considera que los cargamentos en sí son bienes enviados por los dioses o espíritus para facilitar sus existencias, y los extranjeros que llegan con ellos son vistos como deidades o enviados de estas de cara a proporcionárselos. No siempre este contacto es positivo, dado que en algunos casos la no repartición de los cargamentos y bienes o la distribución desigual son tomados como un agravio o un acto de codicia y desobediencia por parte de quienes deberían entregarlos, y en ocasiones se han llegado a formar insurrecciones.

Los vehículos en los que llegaban también reciben cierta veneración, algo que al fin y al cabo tiene mucha lógica: la llegada de alimento lanzado en paracaídas desde los aviones podía suponer un gran cambio para la población local, que observaba maravillada como la comida les era entregada desde el cielo por objetos u entes voladores cuya naturaleza les costaba comprender. En sentido la mayoría de cultos del cargamento presenta rituales y costumbres como la elaboración de réplicas de antenas parabólicas y aviones, de cara a atraer su llegada al imitar las acciones de los europeos, americanos y asiáticos con los que tuvieron contacto.

Es importante tener en cuenta que aunque la esperanza y creencia en la futura llegada de cargamentos puede hacer pensar que mantienen una actitud de desidia e inactividad (y en algunos casos sí puede observarse una focalización en la llegada de cargamentos) en realidad muchos de estos pueblos son tremendamente activos, y deben serlo por tal de sobrevivir. Los cultos del cargamento han conllevado asimismo la incorporación de numerosos rituales y costumbres adoptados de la observación de los europeos, en la esperanza de que su replicación permita la llegada de nuevos bienes.

¿De dónde proceden este tipo de creencias?

Tal y como hemos indicado, en su mayoría estas creencias tienen su origen en el primero primeros contactos entre los habitantes de una tribu o cultura relativamente aislada y la llegada a su territorio de exploradores, militares o náufragos europeos o asiáticos (especialmente relevantes fueron los contactos y los cargamentos que llegaban en la época de la Segunda Guerra Mundial). En muchos casos las culturas previas valoraban en gran medida el papel de los antepasados y los espíritus de estos, y en ocasiones la llegada de foráneos era tomada como un símbolo o un retorno de estos.

Pero dichos foráneos también portaban posesiones inexistentes y desconocidas para los nativos: venían en grandes navíos de madera o de metal, o (en casos posteriores) en aviones que veían y oían sobrevolar su territorio, y portaban comida, herramientas o armas que jamás habían visto y que resultaban más eficientes o útiles que las que poseían anteriormente. Así, y especialmente cuando la población nativa empezó a intercambiar o recibir estas mercancías las identificaron como un don o regalo divino y se empezó a adorar a los cargamentos que tan útiles resultaban.

Asimismo, el surgimiento de las cultos al cargamento les permitía explicar el papel y la existencia de otros seres que hasta entonces eran inexistentes para ellos, al procurar integrar a los extranjeros dentro de su explicación del mundo sin generar disonancias con las creencias preexistentes. Incluso la presencia de un ruido de motor puede ser interpretada como una señal de que los espíritus están haciendo acto de presencia.

Además, de manera semejante a lo que ocurrió inicialmente en Sudamérica y Centroamérica cuando los europeos llegaron a sus costas, en más de una ocasión los propios recién llegados empezaron a ver beneficio en dichas creencias e incluso las fomentaron para obtener diferentes tipos de ventaja o para que la población nativa no se sublevara. Ello provocó que se fortalecieron los cultos del cargo o cargamento, si bien con el paso del tiempo algunos de los pueblos con este tipo de creencias captaron el aprovechamiento y la desigualdad de los extranjeros a la hora de compartir sus bienes y han terminado desconfiando de ellos.

Dos ejemplos de cultos del cargo

Como hemos indicado con anterioridad, no existe un único culto del cargamento, sino que es posible hallar una amplia diversidad de pueblos y creencias que forman parte de este tipo de culto. A continuación podemos ver algunos ejemplos de ello.

Isla de Tanna: El culto a John Frum

En esta isla melanesia podemos encontrar diversos diferentes cultos del cargo. Uno de los más conocidos es el culto a John Frum, al que consideraban el rey de América.

Probablemente un aviador norteamericano (se especula que el nombre proceda de “John from América”) llegado durante la Segunda Guerra Mundial, esta figura que se representa engalanada con uniforme militar es considerada una divinidad que antaño llegó a la isla con grandes regalos, pero que tras un tiempo y tras haber predicho la salida del hombre blanco de la isla se marchó de esta prometiendo volver. La creencia generalizada es que algún día lo hará, saliendo del volcán Yasur, cargado con nuevos bienes.

Aún hoy en día los habitantes de la isla llevan a cabo distintos rituales, e incluso marchando con unos palos que asemejan fusiles y la bandera americana cada 15 de febrero, en espera del retorno de su dios.

Madang y el culto a los misioneros

Otro de los cultos del cargamento más conocidos es el presente en Madang, en la costa norte de Papúa Nueva Guinea. En este caso los habitantes de la región, viendo que las prácticas y creencias de los misioneros occidentales les procuraban instrumentos y habilidades más desarrolladas (además de recibir distintos cargamentos), empezaron a buscar aprender las ideas y creencias cristianas para intentar descubrir cuál era su secreto.

Sin embargo, en su búsqueda de la adquisición y aprendizaje de las creencias occidentales cristianas, los locales adquirieron una interpretación diferente al mezclarlas con su búsqueda del cargo o cargamento: consideraron que la figura de Cristo proporcionaba a los habitantes de Europa el cargamento, pero que sin embargo los propios misioneros querían quedárselo para sí.

Posteriormente llegaría la Segunda Guerra Mundial, en la que serían invadidos por los japoneses. Dado que estos echaron a los misioneros y a su vez estos últimos eran vistos como obstáculos u opresores, inicialmente fueron bien recibidos si bien el expolio que este ejército llevó a cabo terminó por hacer que los pobladores nativos dejaran de valorar e interesarse por el contacto con extranjeros, aún tras la retirada de estos últimos.

Referencias bibliográficas:

  • Harris, M. (2016). Vacas, cerdos, guerras y brujas. Ed. Alianza, pp. 150 - 172.
  • Jebens, H. (2004): Cargo, Cult and Culture Critique, ed. University of Hawaii Press.