El extremismo puede llevar a matar inocentes.

El ser humano se ha movido siempre influido por una serie de ideas y credos que justifican su modo de ser y vivir. Desde dogmas religiosos, hábitos generacionales o la ideología, casi siempre hemos vivido de acuerdo a una serie de ideas que raramente cuestionamos. Sin embargo, hay casos en los que estas creencias y "rutas de pensamiento" llegan a enraizar tan fuerte en nuestras convicciones que llegamos al extremo de sacrificarlo todo por ellas... e incluso a querer sacrificar al resto por ellas. Se trata de una fe ciega.

Siglos atrás, las revelaciones divinas delegadas en los gobernantes eran las que condicionaban nuestras sociedades, los valores culturales y el modo en que nos relacionábamos con los demás. En cambio, se podría decir que en la actualidad, lo que dirige el mundo global son las ideologías a las que tenemos acceso, en buena parte, gracias a la globalización.

Si antes para obedecer a alguien no era necesario que el vasallo creyese fervientemente en lo que hacía, hoy, más allá de los casos de secuestro, las acciones más extremas deben ser cometidas por gente que cree fervientemente en las causas por la cual lo sacrifica todo. Por eso, se ha desatado algo parecido a una “guerra de ideas”. El caso del terrorismo promovido por el fanatismo de ISIS es un ejemplo ¿Qué lleva a estas personas a actuar así?

¿Qué entendemos por el sacrificio por una causa?

La palabra sacrificio tiene trampa. El contexto, los valores y la percepción semántica que se tenga por la ofrenda, procurará un grado de intensidad diferente entre los colectivos. Por ejemplo, sacrificarse por la expansión del Islamismo no supone lo mismo para un agricultor analfabeto de Irak que para un joven crado desde pequeño en España.

Sin embargo, de manera más genérica, el sacrificio supone la privación del bienestar de cada individuo por una razón determinada, ya sea religiosa o ideológica, de supervivencia o de recompensa.

Ahora bien, aquello que da lugar a los sacrificios son las convicciones, algo que, actualmente, está muy influido por la guerra de ideas.

La Guerra ideológica

Fue por el año 1947 cuando se empezó a usar este término de "guerra ideológica". Había finalizado un conflicto armado para adentrarse en uno novedoso. Las dos potencias mundiales victoriosas de la contienda, la Unión Soviética y los Estados Unidos de América, veían tan incompatible un enfrentamiento militar como la convergencia entre sus ideas político sociales. Cada bloque quiso imponer su área de influencia en el territorio que dominaba.

Estos hechos supusieron el inicio de una nueva tendencia y manera de controlar a la gente, a establecer unas reglas de juego que poco tenían que ver con la violencia, hasta el día de hoy. Los conflictos regionales han suplido a los globales, las guerras domésticas son cada vez más presentes por todo el mundo y existe una corriente de neoconservadurismo que rescata los comportamientos más primarios del hombre: lucha y sacrificio.

¿Qué lleva a las personas a sacrificarlo todo?

¿Cómo puede haber gente dispuesta a sacrificar sus vidas, o incluso la de sus hijos por una causa? ¿Qué motivación tienen las personas dispuestas a morir por luchar contra un enemigo? Un interesante estudio llevado a cabo por un grupo de psicólogos ingleses de Artis International en zonas de conflicto armado como Irak, Siria o Libia, revelan unos datos cuanto menos soreprendentes.

Dicho estudio se realizó “al pie de cañón”, en primera línea, preguntando a combatientes de todas las facciones involucradas: el Estado Islámico (ISIS, Daesh), las Fuerzas Democráticas Kurdas, el Ejército Iraquí y milicias sunitas, entre otros. En todos los casos se cumple el mismo denominador común: el compromiso con la causa o idea que se defiende, que para algunos es sagrada aún sin ser de naturaleza teológica: es decir, algo que vá más allá de lo material.

Tradicionalmente, en los grupos u organizaciones (gobiernos, grupos de presión) con deseos de conflicto armado, la causa residía puramente en lo material, en el poder económico y político, controlar los medios de producción o los territorios de carácter e interés comercial. No obstante, en la era moderna los grupos minoritarios insurgentes fanáticos han contribuido a una mayor participación en la esfera política y el mundo de las ideologías.

Esto es, que la causa ya no es lo material, la riqueza o el poder. Es más bien un motivo reivindicador, una idea que resulta sagrada para estos grupos con poca capacidad de combate o equipamiento militar. Además, esas causas suelen ser innegociables, hecho que les otorga cierto poder para equilibrar fuerzas con, en la mayoría de los casos el gobierno al que se enfrentan. Recordemos que el Estado es el único que ostenta la violencia legítima (o, al menos, legitimada por los civiles).

Lo emocional sustituye lo material

Basándose en las entrevistas y experiencias vividas en territorio hostil, los investigadores que realizaron el estudio resaltan la idea de lo “sagrado” como elemento casuístico de su lucha. “Lo kurdo” como reivindicación territorial, histórica y cultural del pueblo kurdo en territorio árabe. “Lo árabe” como idea de recuperar la independencia y cultura ante la pérdida de las instituciones estatales derivada de la Segunda Guerra del Golfo del 2003, que supuso la invasión ilegal por parte de EE.UU. Por último nos encontramos con “el Islam” como idea por refundar un califato que existió en períodos posteriores a Mahoma.

El concepto cobra valor de “sagrado” cuando al combatiente o afectado asegura que ninguna cantidad material (ya sea en bienes, terrenos o dinero fiduciario) puede compensar la causa de su lucha. Pongamos por ejemplo la democracia para Occidente, hecho que no se puede renunciar a esta condición bajo ningún concepto. Nada ni nadie está en condiciones de poder negociar la negación al voto en los Estados de Derecho.

Además de la investigación in situ en zonas de conflicto, Artis International también realizó encuestas online a civiles que habían sufrido ataques terroristas, así como a soldados regulares basados en Europa. En el primer grupo, los no combatientes aseveran que sus familias y amistades están por encima de cualquier credo político-religioso, aunque estén dispuestos a realizar sacrificios si estos valores se vieran afectados.

En el caso del segundo grupo, los soldados de distintos ejércitos, apuntan a una relación entre sus superiores o líderes por encima de la causa por la que están dispuestos a luchar. Es decir, se le da un valor añadido al camarada que siguen, no tanto a las ideas en sí. Los leales a Gadafi, por ejemplo, estaban dispuestos a “dar su vida por él”. Sin embargo, esto puede deberse a que la persona es la mejor manera de concebir un ideal, mientras que raramente se piensa en aquello por lo que se lucha en términos abstractos.

Buscándole un significado al malestar

Es muy posible que las personas que caen en el fanatismo extremo lo hagan, en parte, para no tener que asumir la idea de que su sufrimiento es en vano.

Cuando la región en la que se vive es maltratada constantemente, es muy fácil inventarse motivaciones que lleven a pensar en algo más grande que uno mismo: por ejemplo, se puede pensar que lo que está siendo atacado no es el propio bienestar, sino una esencia que está por todas partes: la cultura occidental, Dios, etc. Saber discriminar entre lo real y las esencias es clave para no caer en estas trampas.