Las 7 señales que ayudan a detectar la fobia social

Veamos cuáles son las señales que permiten identificar la fobia social y distinguirla de la timidez.

Señales que ayudan a detectar la fobia social

Es normal sentirnos nerviosos o ansiosos ante determinadas situaciones sociales complejas, sobre todo cuando debemos tratar con personas que no conocemos o conocemos poco, como pueden ser una primera cita, un examen oral de universidad o bien una cena en la que conocemos a nuestros suegros. La combinación de factores a tener en cuenta, como por ejemplo el no saber qué primera impresión daremos o el tener que lidiar con una serie de expectativas, puede jugarnos una mala pasada de vez en cuando; en este sentido, ni siquiera las personas más extravertidas y seguras de sí mismas se libran de sentirse nerviosas ante los demás puntualmente.

Por otro lado, hay quienes muestran una tendencia a la timidez, de modo que están más o menos predispuestos/as a preocuparse por la imagen que dan ante los demás, algo que en ocasiones da problemas, pero que incluso puede llegar a ser visto con buenos ojos en determinadas culturas.

Ahora bien, hay casos en los que la generación de estrés y ansiedad ante los demás llega a tal extremo que se considera patológica, y en situaciones así ni el contexto ni las predisposiciones de personalidad son la causa principal de lo que ocurre. Cuando esto pasa, estamos ante la fobia social, un trastorno de ansiedad muy incapacitante que, sin embargo, a veces pasa desapercibido por ser visto como una forma de timidez. Por eso, en este artículo resumiré cuáles son las principales señales que permiten detectar la fobia social, algo necesario para acudir a profesionales de la salud mental y recibir un diagnóstico y tratamiento.

Señales típicas de la fobia social

La fobia social se caracteriza por un patrón de aparición de una ansiedad intensa y aparentemente incontrolable que acompaña a la persona en cualquier relación social con personas desconocidas o semi-desconocidas que entabla en su vida diaria. Conscientemente, la persona lo vive como un temor extremo al “qué dirán”, un miedo desproporcionado a quedar mal, hacer el ridículo o recibir críticas o burlas, algo que le lleva a intentar evitar esas interacciones o retirarse cuanto antes de ellas una vez se han producido.

Fobia social

Ahora bien, la fobia social presenta diferencias no solo cuantitativas, sino también cualitativas con respecto a la timidez. Por eso, aunque ni la persona que sufre dicho trastorno ni las personas de su entorno sean profesionales de la salud mental, pueden identificar ciertas señales de alarma para identificarla (de un modo aproximativo, estimando que hay altas posibilidades de estar ante un caso de fobia social) y buscar ayuda psicoterapéutica cuanto antes.

1. Ansiedad intensa desencadenada de inmediato en situaciones sociales

Una de las principales señales que acompañan siempre a las personas con fobia social es la aparición de síntomas psicológicos y fisiológicos vinculados a una gran ansiedad siempre que se encuentran en situaciones sociales con quienes no tienen una estrecha confianza: sudores fríos, temblores y rigidez muscular, aceleración del pulso, alteración de la respiración, etc. Al haber desarrollado este trastorno, estos síntomas aparecen de manera sistemática y prácticamente sin excepciones al tratar con personas a las que conocemos poco, de manera que los anticipamos, sabemos que eso nos ocurrirá si nos cruzamos con determinadas personas o nos dirigen la palabra. Esta consistencia en los síntomas de la ansiedad es muy inusual en quienes simplemente son tímidos/as.

Además, quienes experimentan timidez en su día a día suelen tener bastante habilidad para disimular su nerviosismo o al menos parte de este, mientras que las personas con fobia social experimentan un auténtico descontrol sobre su cuerpo cuando sufren estos “brotes” de ansiedad.

2. Ansiedad anticipatoria y necesidad de control para compensar

Siempre que se anticipan situaciones sociales o eventos en los que habrá más gente en el futuro, las personas con fobia social suelen desarrollar ansiedad anticipatoria; sufren miedo a su propia reacción de ansiedad, de manera que se autosabotean al intentar por todos los medios controlar todos y ada uno de sus movimientos y acciones en general ante los demás. Esto, por supuesto, desborda su capacidad de dividir la atención en varias tareas, lo cual hace que aumente la sensación de descontrol y se comporten de una manera percibida como extraña por parte de los además, lo cual alimenta aún más la reacción ansiosa.

3. Evitación de lugares concurridos

Evitar frecuentemente lugares muy concurridos o espacios en los que se celebran eventos sociales grupales o masivos de cualquier índole es otra de las señales clásicas que nos pueden alertar de un posible caso de fobia social. De este modo, se intenta reducir al mínimo la probabilidad de encontrarse con alguien interesados en iniciar una conversación o en presentarnos a alguien.

4. Pensamientos obsesivos

Los pensamientos obsesivos de las personas con fobia social suelen aparecer tanto en contextos sociales como en momentos en los que se está solo/a. La persona se culpa por las situaciones el pasado en las que dio una mala imagen o siente que quedó en ridículo, y revisa una y otra vez esos recuerdos intentando “repararlos” para hacer que no le hagan sentir mal, logrando el efecto contrario.

Estos pensamientos versan sobre la idea de no estar encajando con las otras personas, sobre el miedo a ser juzgados y sobre la preocupación de que otras personas puedan darse cuenta de la propia comodidad o de la ansiedad que uno experimenta.

5. Evitación sistemática de encuentros indeseados

El miedo a lo que piensen los demás suele concretarse en el miedo a ser juzgado negativamente por otras personas con las que nos relacionamos. Esta preocupación se relaciona esencialmente con el miedo a que otros puedan hablar mal de nosotros, a que nos perciban de manera negativa o a que nos acaben odiando.

En las personas con fobia social, este fenómeno llega al extremo de dar forma a la estructura de las rutinas diarias de la persona; por ejemplo, influye en su elección de la ruta de ida y venida del trabajo o de la escuela, en su disponibilidad (o más bien, falta de ella) para eventos en grupo en los que pueden acudir amigos de amigos, etc. La evitación de los encuentros sociales complejos es algo planificado.

6. Pérdida de relaciones sociales

A la larga, las relaciones de las personas con fobia social se van deteriorando, debido a la incapacidad que tienen las personas con este trastorno para mantenerlas y cuidarlas. Las personas en esta situación intentan tener un control casi total en con quiénes se pueden encontrar y con quiénes no, lo cual dificulta las interacciones sociales espontáneas o abiertas a las invitaciones a terceros.

7. Profecías autocumplidas

Las personas con fobia social suelen profetizar por adelantado, antes de que sucedan, el resultado aparentemente catastrófico de las relaciones sociales que deben entablar en el futuro.

Este fenómeno psicológico se conoce como “profecía autocumplida” y es habitual en muchas personas con fobias de todo tipo. En el caso de las fobias sociales la persona piensa en todo lo que le irá mal durante un evento o situación social, algo que se acaba cumpliendo en el futuro porque desde el primer momento se aproxima a esos encuentros con una mentalidad hiper-vigilante y estando a la defensiva.

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Mi nombre es Paloma Rey Cardona y soy Psicóloga General Sanitaria dedicada a la atención a adultos y a la población infanto-juvenil.

  • American Psychiatric Association –APA- (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.

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Paloma Rey es Psicóloga General Sanitaria. Ofrece atención a población infanto-juvenil y adulta, tanto de forma presencial como online, en casos de ansiedad, depresión, baja autoestima, estrés, duelo, dificultades de aprendizaje, entrenamiento en habilidades sociales y comunicación,resolución de conflictos, problemas de conducta y gestión emocional, y TDAH, entre otros. Para ello emplea técnicas propias de la terapia cognitivo-conductual, combinándolas con psicología positiva y Terapia de Aceptación y Compromiso.

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