Una alteración neurológica vinculada a la percepción y a la acción.

La aloquiria es un trastorno neurológico en el que los pacientes responden a los estímulos que se originan en un lado de su cuerpo como si se hubieran producido en el lado contrario. Un trastorno en el que se producen alteraciones de tipo visoperceptivo y atencional, producto de lesiones en el lóbulo parietal del cerebro.

En este artículo te explicamos con más detalle en qué consiste este trastorno, cuáles son sus posibles causas, qué tipos de aloquiria existen y cuál es el tratamiento indicado.

¿Qué es la aloquiria?

La aloquiria es una enfermedad neurológica, descrita a finales del S.XIX por el neurólogo austríaco Heinrich Obersteiner, que provoca en el paciente transposiciones espaciales; es decir, los estímulos que le son presentados en un lado del cuerpo (o del espacio) los percibe como si se presentaran en el lado opuesto.

Por ejemplo, si a la persona se le toca el hombro derecho, tendrá la sensación de que se le ha tocado el hombro izquierdo (aloquiria somatosensorial, cuando se ve afectada la función táctil). En los casos en los que se ve afectada la función auditiva o visual, los pacientes refieren escuchar sonidos o voces en el lado contrario al que fueron presentados realmente; y en lo que respecta a las imágenes o los objetos percibidos, la personas afectadas relatan lo mismo, que los perciben en el lado opuesto al presentado.

La aloquiria también se ha considerado como un signo más de la heminegligencia espacial, un trastorno de la atención que se caracteriza por la incapacidad para orientarse y responder a estímulos u objetos situados en una de las mitades del espacio (normalmente, la mitad contraria al hemisferio cerebral dañado). La persona presentaría “indiferencia” hacia todo lo que le ocurre en el lado izquierdo (o derecho) de su realidad.

En la gran mayoría de los trastornos en los que se presenta aloquiria, como los síndromes de negligencia o el síndrome de inatención unilateral, suele existir una lesión en el lóbulo parietal derecho.

Posibles causas de este trastorno

Existen múltiples teorías que explicarían por qué ocurre un trastorno como la aloquiria. Pero la explicación más actual y ampliamente aceptada es la teoría de Hammond, que afirma que se produce un cruce o una decusación casi completa de las fibras sensoriales dentro de la materia gris cerebral.

Esta teoría concluye que si se produce una lesión en uno de los lados posteriores, ésta puede alcanzar el centro del hemisferio cerebral correspondiente y, por lo tanto, la sensación es referida por este hemisferio al lado opuesto del cuerpo.

Asimismo, si otra lesión unilateral se superpone a un nivel diferente del primero, la sensación que anteriormente se desviaba hacia el hemisferio equivocado, ahora se podría redirigir al encontrarse con otro obstáculo, y así podría llegar al hemisferio adecuado. La aloquiria ocurriría igualmente tanto con lesiones unilaterales como con bilaterales, siempre que sean asimétricas.

Otra teoría que explicaría las causas de este trastorno neurológico sería la de Huber, que postula que la aparición de una nueva lesión en el lado opuesto redirige el impulso hacia su destino original.

Tipos de aloquiria

Veamos a continuación cuántos tipos de aloquiria existen y en qué consiste cada uno de ellos.

Aloquiria electromotora

La aloquiria electromotora se produce cuando hay un cruce de reflejos en la estimulación muscular y se ha observado en la cara, las extremidades inferiores y las extremidades superiores.

Por ejemplo, cuando se presenta un estímulo en el lado afectado se produce la contracción de los músculos faciales opuestos, utilizando una corriente tan débil que ni la parte de la cara sana reacciona. También se han dado casos en los que al ejercer presión sobre un antebrazo se produce movimiento en el antebrazo opuesto.

El hecho es que un estímulo eléctrico puede manifestar sus efectos en una zona distante del sistema nervioso, y esa zona puede estar en el mismo lado del cuerpo o en el lado contrario, aunque generalmente es más frecuente que sea el lado opuesto ya que la representación de las extremidades contralaterales de la médula espinal están más cerca entre sí que las extremidades homolaterales (de la misma mitad del cuerpo).

1. Aloquiria motora

En este tipo de aloquiria, si se le pide al paciente que realice un movimiento con el lado del cuerpo afectado, lo hace con la parte correspondiente del lado opuesto y tiene la impresión (o la certeza para él) de que lo ha ejecutado correctamente.

2. Aloquiria refleja

Las personas que padecen aloquiria refleja, responden a la estimulación, por ejemplo, de la planta de pie o de la parte interna de su muslo, evocando el reflejo correspondiente únicamente en el lado opuesto.

3. Aloquiria auditiva

En los casos de aloquiria auditiva, se han llevado a cabo diversas investigaciones y las observaciones realizadas han registrado que al sostener un diapasón junto a uno de los oídos, el paciente responde con una serie de síntomas, incluyendo el dolor y la sordera, en el oído contrario.

4. Aloquiria visual

En la aloquiria visual, el paciente percibe los objetos situados a un lado del campo visual en el lado contralateral. En una de los estudios realizados, el paciente que recibía la estimulación visual a través de su ojo derecho, refería regularmente que era su ojo izquierdo el estimulado (a pesar de que permaneciera cerrado).

En otro estudio, a uno de los pacientes se le presentó un objeto coloreado frente a su ojo izquierdo, y el paciente sostenía siempre que el color era percibido con su ojo derecho.

5. Aloquiria gustativa

En los casos de aloquiria gustativa, las investigaciones llevadas a cabo consistían en colocar a los pacientes, en un lado de su lengua, una sustancia concreta, con el resultado esperado de que todos ellos referían que habían degustado la misma con el lado opuesto de su lengua.

Además, cuando se les palpaba un trozo de la lengua en uno de sus lados, también referían que se les había tocado el lado contrario al que realmente correspondía.

Tratamiento

Aunque a día de hoy no existe un tratamiento validado y eficaz, este tipo de trastornos neurológicos, como la aloquiria, que afectan a la capacidad atencional y las habilidades visoperceptivas, se suelen abordar mediante la implementación de un programa de rehabilitación neuropsicológica. Esta intervención dependerá de la etiología del daño cerebral, la fase en la que se encuentre el paciente, amén de otras variables y de otro tipo de déficits que puedan acompañar al trastorno.

Se pueden realizar intervenciones inespecíficas, en las que se trata la función atencional como un concepto unitario, trabajando aspectos como el tiempo de reacción simple o complejo, tareas de tipo Stroop, etc; o bien, intervenciones más específicas y enfocadas a rehabilitar determinados componentes atencionales, como la atención selectiva o el arousal.

En los casos en los que existe un síndrome de negligencia o heminegligencia, acompañado de aloquiria, se han empleado técnicas como la adaptación de prismas, que potencia la reorganización lateralizada de la cartografía visomotora, facilitando cambios perceptivos en el paciente; la estimulación optocinética, que induce cambios en el sistema atencional del paciente mediante estímulos que captan su atención y la redirigen hacia el lado contralesional; o técnicas conductuales, como el refuerzo positivo y la recompensa, que ejercen una gran influencia y modulan los procesos atencionales del paciente.

Por otra parte, en los últimos años cada vez se emplean más las intervenciones en las que se utilizan tecnologías como la realidad virtual o el software de entrenamiento cognitivo. Diversos estudios han demostrado que estas técnicas pueden ser útiles para mejorar el rendimiento del estado de alerta y los aspectos atencionales de los pacientes.

Referencias bibliográficas:

  • Arnedo, M, Bembibre, J. y Triviño, M. (2013). Neuropsicología a través de casos clínicos. Madrid: Editorial Médica Panamericana.
  • Halligan PW, Marshall JC, Wade DT. Left on the Right – Allochiria in a case of left visuospatial neglect. J Neurol Neurosurg Psychiatry 1992;55:717–9