Varios consejos para reforzar la autoestima en la tercera edad. Unsplash.

La vejez representa una etapa de múltiples cambios en la vida de las personas, tanto en lo físico hasta lo psicológico. Toca aceptar que nuestro rol en la sociedad ya no será el mismo, e incluso en el núcleo familiar las cosas van a ser diferentes.

En estas líneas vamos a revisar ciertos aspectos referentes a la senectud, centrándonos en cómo mejorar la autoestima en la vejez. Repasaremos cuáles son los principales cambios que se experimentan una vez alcanzada esta etapa, y cómo evitar que puedan afectarnos en cuanto a la calidad de vida. Estos principios se aplican también en psicoterapia con personas mayores.

¿Cómo podemos entender el envejecimiento?

Para entender cómo mejorar la autoestima en la vejez, hay que saber que se trata de una etapa del desarrollo evolutivo en la cual comenzamos a vernos limitados en ciertos aspectos, a causa del desgaste natural del cuerpo y la mente.

Alcanzar la etapa de la vejez representa cambios significativos a nivel de nuestras metas y la forma de ver la vida en términos generales; en la tercera edad, las personas comienzan a hacer una evaluación de lo que han sido sus vidas hasta ese momento, y la manera en la que las han gestionado.

Puede pasar que el sujeto se sienta satisfecho con lo que ha conseguido y no tenga problemas para afrontar su etapa de adulto mayor, pero por otro lado también podría ocurrir que la persona considere que no ha conseguido los objetivos fijados para sí misma y experimente sentimientos de vacío y malestar.

Consejos para mejorar la autoestima en la vejez

Ahora veremos algunas maneras de mantener o mejorar la autoestima en la etapa de la tercera edad.

1. Aceptar el nuevo rol

Lo primordial para que nuestra autoestima no se vea disminuida por la vejez es aceptar que nuestro rol ha cambiado, y que es momento de dejar ir algunas actividades que solíamos hacer antes.

Cuanto más rápido aceptemos nuestro nuevo rol, más pronto estaremos listos para iniciar nuevas experiencias.

2. No compararnos

Ninguna persona es igual a otra en ningún aspecto; similares tal vez, pero jamás iguales. Es importante tener claro esto para no hacer comparaciones con otras personas que afrontan la vejez de un modo diferente

La vejez no aplica de la misma manera para todos, solo hay que cuidar la salud y mantenernos activos en lo que esté a nuestro alcance, sin extralimitarse.

3. Ser comprensivos

Es importante comprender por qué nuestros familiares y seres queridos se esfuerzan porque cambiemos nuestra rutina y algunos de nuestros hábitos diarios. No lo hacen por molestar o porque consideren que se trata de lidiar con una carga, sino porque buscar mejorar nuestra calidad de vida.

4. Cultivar la paciencia

En la edad adulta la paciencia es una virtud que vale oro. En ocasiones vamos a necesitar la ayuda de otras personas para hacer algunas cosas y tal vez no siempre obtengamos esa ayuda con la misma rapidez.

Para evitar sentirnos incómodos con esta situación es adecuado comprender que hay cosas que van más allá de nuestro control, y que lo mejor que podemos hacer es esperar pacientemente a que nos puedan brindar la ayuda que necesitamos, sin molestarnos cuando no llegue inmediatamente. Evitar esa clase de frustraciones protege nuestra autoestima, porque no nos lleva a sentirnos inútiles, sino que contribuye a que adoptemos una identidad en la que la humildad es importante.

Adaptarse al nuestro rol en la tercera edad

Una vez alcanzada la vejez lo ideal es que la persona comprenda que ya no puede hacer algunas de las cosas que hacía antes. En la medida que el sujeto consiga aceptar estos hechos, será menos probable que se vea afectado por la baja autoestima.

El nuevo rol que desempeñan las personas adentradas en la vejez consiste en servir como una guía para las generaciones que vienen detrás; es natural que el adulto mayor disfrute hablando y aconsejando a las personas más jóvenes que saben valorar sus anécdotas y son capaces de obtener un valioso aprendizaje de ellas.

Es importante que los ancianos se sigan sintiendo útiles para evitar que caigan en estados depresivos intensos debido a problemas relacionados con su autoestima. Establecer una rutina diaria con actividades que estén a su alcance resulta un factor protector contra los sentimientos de inutilidad.

¿Cómo afrontar la jubilación?

Al adulto mayor no siempre le resulta sencillo hacerse a la idea de que tiene que jubilarse, es común ver cómo muchos se resisten a afrontar esta situación inminente en sus vidas laborales. Incluso en algunos casos, después de jubilarse, algunas personas de la tercera edad siguen yendo a sus antiguos lugares de trabajo.

Para asimilar de manera correcta que la jubilación está cerca, y que es algo que no podemos evitar, hace falta aprender a cerrar ciclos adecuadamente en nuestras vidas. Equiparse con la idea de que todo tiene un comienzo y un final, y entender que para que podamos iniciar nuevas ciclos los otros deben cerrarse.

Si las personas comienzan a planificar con tiempo su jubilación, en muchos casos esta no representará un riesgo para su autoestima, porque ya tendrán otras actividades planificadas a las cuales piensen dedicarle su tiempo. Hablar con otros compañeros de trabajo sobre sus planes posteriores a jubilarse ayuda.

Referencias bibliográficas:

  • Oñate, M. (1989). El autoconcepto. Formación, medida e implicaciones en la personalidad. Madrid: Narcea.
  • Higgs, P. y Gilleard, C. (2015). Rethinking Old Age: Theorizing the Fourth Age. Palgrave Macmillan. VII, 119 - 120.