La mayoría de nosotros hemos estado alguna vez desmotivados, sin ganas de hacer nada a pesar de tener que hacerlo. A pesar de que sí actuamos y llevamos a cabo lo que tengamos que hacer, lo hacemos con un muy poco nivel de motivación, sin ilusión ni interés, casi como si fuésemos robots. 

Esta clase de experiencias cotidianas son ejemplos de uno de los sentimientos más desagradables: la apatía. En este artículo veremos cuáles son exactamente sus bases psicológicas y las causas por las que puede surgir.

Concepto de apatía

La apatía es una condición o estado de falta de motivación o de interés por los diferentes aspectos de la vida, generalmente asociada a un estado de malestar o desesperanza. Existe una indiferencia tanto a nivel cognitivo como afectivo a la mayoría de estímulos, y las ganas de actuar brillan por su ausencia. 

Por otro lado, las principales características de este síntoma son el aplanamiento o embotamiento afectivo, la falta de perseverancia y la reducción de pensamientos y conductas autogeneradas.

Así, no solo se pierde la iniciativa en mayor o menor grado, sino que la vinculación de los sucesos con las emociones sucede a un nivel mucho menor. Ello puede provocar que la persona disminuya su rendimiento y nivel de esfuerzo de cara a realizar diferentes tipos de conducta, cosa que a su vez retroalimenta la desmotivación del sujeto. Cuando la apatía se da a un grado máximo en el que no nos deja actuar con normalidad, dificultando tomar decisiones o imposibilitando el empezar o continuar la realización de tareas, puede llegar a denominarse abulia.

La apatía puede encontrarse de forma primaria como síndrome sin que exista necesariamente un trastorno asociado. Sin embargo, por norma general es considerado un síntoma indicativo de otros trastornos tanto mentales como físicos.

Posibles causas de la apatía

La apatía puede tener una gran cantidad de diferentes causas, tanto biológicas como ambientales.

Causas biológicas

A nivel cerebral, se ha manifestado la existencia de una correlación entre la presencia de apatía y alteraciones de la conexión entre lóbulo frontalganglios basales, cosa que explica la dificultad a la hora conectar emoción y pensamiento, así como la reducción en la iniciativa conductual. Otra asociación destacable con la apatía se da en la presencia de lesiones en el prefrontal dorsolateral y las áreas asociativas. Estas lesiones pueden explicar la aparición de apatía en diversos trastornos tanto físicos como psíquicos, tales como las demencias.

Otra posible causa puede encontrarse en el consumo de sustancias con efectos psicoactivos, las cuales al modificar la transmisión de neurotransmisores puede alterar el funcionamiento habitual del cerebro. Por ejemplo, el consumo excesivo de cannabis puede llegar a provocar el conocido como síndrome amotivacional, caracterizado por la presencia de apatía, disminución de la memoria, y reducción del impulso y la actividad autodirigida. Algo semejante ocurre con los antipsicóticos típicos, que al reducir la actividad dopaminérgica de todo el cerebro provocan que no circule suficiente dopamina por la vía mesocortical cosa que puede provocar el aumento o generación de síntomas negativos como alogia y apatía.

Causas ambientales

A nivel ambiental, la apatía se ha encontrado en personas sometidas a un estrés constante o ante la exposición a estimulación aversiva. La ausencia de un reforzamiento positivo suficiente también puede terminar por generar el deterioro en la capacidad de interesarse por el medio. La existencia de actitudes de indefensión y de esquemas de pensamiento depresógeno, con una visión negativa del sí mismo, del mundo y del futuro, también contribuye a desgastar el estado de ánimo y la motivación de la persona, provocando apatía e incluso abulia. 

Otro elemento vinculado a la apatía es la tendencia a generarse metas difícilmente alcanzables, que exceden la propia capacidad para llevarlas a cabo y que suelen llevar a la frustración.

Algunos trastornos asociados

Como hemos visto, la apatía es un síntoma frecuente de diferentes trastornos tanto orgánicos como psicológicos. A continuación veremos algunos.

1. Depresión

Uno de los trastornos en los que más frecuentemente puede verse la abulia es la depresión, en la que se presentan diferentes sesgos cognitivos que hacen al sujeto ver el mundo, su propio futuro y a sí mismos de una manera hostil y negativa. La desesperación y malestar generados pueden conllevar sentimientos de apatía, siendo de hecho uno de los síntomas comunes que pueden ayudar a realizar el diagnóstico.

2. Demencia

En este tipo de trastornos la apatía tiene una etiología claramente orgánica, siendo generada por la degeneración de las estructuras cerebrales o vías anteriormente mencionadas.

3. Ansiedad, estrés y vivencias negativas o traumáticas

El desgaste causado por la vivencia continuada de un estado de tensión puede generar la presencia de apatía, sea ésta vinculada o bien a un aspecto concreto de la realidad o bien a nivel general. Situaciones de las que no podemos escapar y que generan desesperanza y sensación de falta de control suelen generar cierto estado apático si se mantienen a lo largo del tiempo.

4. Anemias

La ausencia en el organismo de diferentes nutrientes tales como vitaminas o glucosa puede generar alteraciones cognitivas y conductuales, incluyendo la apatía. Dicha anemia puede provenir de una mala alimentación o de alteraciones metabólicas.

5. Infecciones y enfermedades graves

Diferentes infecciones y enfermedades pueden generar estados de apatía en los sujetos que las padecen, tanto por causas orgánicas como la degeneración de estructuras cerebrales como por el hecho de que padecerlas puede suponer un duro golpe a nivel psicológico que acaba generando apatía. Ejemplos de ello son el cáncer o la infección por VIH.

Tratamiento

La apatía es un síntoma cuyo tratamiento dependerá en gran medida de los aspectos o trastornos que lo causen. Sin embargo a nivel general se pueden establecer diferentes estrategias.

En terapia psicológica

En terapia, el sujeto apático se beneficiará por norma general de aquellas estrategias que le ayuden a generarse objetivos plausibles y que sean realizables, al principio con cierta facilidad y con el tiempo requiriendo progresivamente algo más de esfuerzo. La reestructuración cognitiva también puede ser efectiva de cara modificar las posibles creencias disfuncionales que puedan estar afectando a la visión del sujeto respecto al mundo y respecto a sí mismo, así como terapias como la de autocontrol de Rehm, de cara a que se puedan fijar metas realistas y alcanzables. En general aumentar la autoestima y la realización de tareas agradables también resulta de gran utilidad.

Cambios en el estilo de vida

Dado que el estrés y las vivencias negativas pueden ser otras de la causas de la apatía, la gestión del tiempo también resulta esencial. Por este motivo se hace necesario contribuir a realizarse horarios concretos que dejen lugar a espacios de relajación, así como la realización de diferentes ejercicios y técnicas que la faciliten.

Un estilo de vida saludable resulta de gran ayuda a la hora de mejorar la sintomatología. El control de la alimentación puede permitir suplir diferentes déficits que pueden ayudar a generar la apatía. Del mismo modo, el ejercicio físico es conocido por ayudar a generar endorfinas de manera que su realización puede resultar útil tanto en este aspecto como a la hora de rebajar el nivel de ansiedad y frustración que pueden hallarse detrás de algunos casos. 

También el apoyo social y el reforzamiento de la iniciativa por parte de otros supone una gran ayuda de cara a superar estados de apatía, especialmente ante trastornos como la depresión. El uso de sustancias psicoactivas, especialmente de tipo depresor, puede tener efectos perjudiciales y ayudar a mantener e incluso generar la apatía. De este modo se debe disminuir y controlar el consumo de este tipo de sustancias.

Intervención con psicofármacos

A nivel farmacológico pueden ser de utilidad la utilización de diferentes fármacos ansiolíticos o antidepresivos, como los ISRS. También resultan efectivos otros fármacos que contribuyan a mejorar la circulación de neurotransmisores como noradrenalina y dopamina. Todo ello siempre y cuando sea recetado por un especialista.

Referencias bibliográficas:

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  • Santos, J.L. (2012). Psicopatología. Manual CEDE de Preparación PIR, 01. CEDE. Madrid.