Vivimos en tiempos donde el concepto de privacidad empieza a perder su sentido: las personas hacemos uso de las redes sociales para relatar casi todo lo que ocurre en nuestro día a día, convirtiendo lo cotidiano en un acto público.

No obstante, albergamos un bastión inexpugnable a la mirada ajena: el pensamiento íntimo. Al menos hasta el día de hoy, aquello en lo que pensamos se mantiene en el ámbito de lo privado, a no ser que lo revelemos de manera deliberada.

Los delirios metacognitivos, no obstante, actúan (para quien los sufre) como un ariete que derriba tan impenetrable muralla, dejando al descubierto los contenidos mentales o facilitando que otros puedan acceder a ellos y modificarlos a su gusto.

Se trata de perturbaciones en el contenido del pensamiento, que concurren a menudo en el contexto de trastornos psicóticos como la esquizofrenia. Su presencia convive, además, con una profunda sensación de angustia.

Los delirios metacognitivos

Los delirios metacognitivos constituyen una alteración en los procesos a partir de los que un individuo asume conciencia de las confluencias que constituyen su actividad mental (emoción, pensamiento, etc.), integrándolas en una unidad congruente que se reconoce como propia (y distinta a su vez de la que los demás poseen). Por ello, es esencial para identificarnos como sujetos con autonomía cognitiva, y para ser capaces de pensar sobre lo que pensamos y de sentir sobre lo que sentimos.

A este respecto, existen una serie de fenómenos delirantes que pueden entenderse como perturbaciones de la metacognición, pues alteran la capacidad de razonar con acierto sobre la naturaleza del producto mental o sobre la atribución de su origen. Por ejemplo, un individuo puede percibir (y expresar verbalmente) que aquello que está pensando no es una elaboración propia, o que ciertos contenidos han sido sustraídos de su cabeza mediante la participación de una entidad externa.

Todos estos fenómenos suponen la disolución del yo como agente que monitoriza y coordina la vida mental, que pasa a ser condicionada por el influjo de "personas" u "organizaciones" que se ubican en algún lugar del exterior y sobre las que se carece de control o incluso de conocimiento. Es por ello que a menudo han sido categorizados como delirios de pasividad, puesto que el individuo se percibiría (con angustia) como el receptáculo de una voluntad ajena.

En lo sucesivo ahondaremos en los delirios metacognitivos más relevantes: control, robo, lectura e inserción del pensamiento. Es importante tener en consideración que en muchas ocasiones se pueden presentar a la vez dos o más de ellos, pues en su síntesis se encuentra una lógica que puede formar parte de los delirios de persecución que suceden en el contexto de una esquizofrenia paranoide.

1. Control del pensamiento

Las personas entendemos nuestra actividad mental como un ejercicio privado, en el que tendemos a desplegar un discurso orientado por la voluntad. No obstante, un porcentaje elevado de personas con esquizofrenia (el 20% aproximadamente) manifiesta que este no se guía por sus propios designios, sino que es manipulado desde alguna fuente externa (espíritu, máquina, organización, etc.) a través de un mecanismo concreto e invasivo (como la telepatía o tecnologías experimentales).

Es por este motivo que desarrollan una actitud beligerante hacia algunos de sus contenidos mentales, a través de los que se percibe un intento deliberado por arrebatarle la capacidad de proceder desde su libre albedrío. En este sentido, el delirio asume una dimensión íntima que denota una angustia profunda y de la que resulta difícil escapar. Los intentos por huir de él no hacen más que aumentar la emoción, que se suele ver acompañada de una férrea suspicacia.

Los delirios de control pueden ser el resultado de una interpretación errónea de contenidos mentales automáticos y negativos, los cuales suponen un fenómeno común en la población general, pero cuya intrusividad en este caso pasaría a valorarse como sujeta al dominio de un tercero. La evitación de estas ideas tiende a aumentar su persistencia y disponibilidad, lo que intensificaría la sensación de amenaza.

Las estrategias para evitar esta manipulación pueden ser muy variadas: desde la asunción de una actitud de sospecha ante cualquier interacción con personas en las que no se deposita confianza plena, a la modificación del espacio en el que se vive con la inclusión de elementos dirigidos a "atenuar" el influjo sobre la mente (aislamientos en las paredes, por ejemplo). En todo caso implica una problema que deteriora profundamente el desarrollo de la cotidianidad y de las relaciones sociales.

2. Robo del pensamiento

El robo del pensamiento consiste en la creencia de que un elemento concreto de la actividad mental ha sido extraído por algún agente externo, con un propósito perverso o perjudicial. Este delirio suele ser el resultado de interpretar irracionalmente la dificultad para acceder a recuerdos declarativos (episódicos, por ejemplo), que se consideran relevantes o que pueden contener información delicada.

Los sujetos que presentan este delirio suelen referir que no pueden hablar como desearían porque los pensamientos necesarios para su expresión han sido sustraídos por una fuerza ajena (más o menos conocida), que ha dejado su mente “en blanco” o sin ideas "de utilidad". Así pues, también este fenómeno puede surgir como una interpretación distosionada de la pobreza del pensamiento y/o de la emoción (alogia), un síntoma negativo característico de la esquizofrenia.

El robo del pensamiento se vive de un modo angustioso, pues supone la descomposición de la historia de la propia vida y la sensación atenazante de que alguien hace acopio de las experiencias personales. La privacidad de la propia mente quedaría expuesta de un modo involuntario, precipitándose un miedo cerval a la indagación de tipo psicológico (entrevistas, cuestionarios, autorregistros, etc.), que puede llegar a percibirse como un intento adicional de sustracción.

3. Difusión del pensamiento

La lectura del pensamiento es un fenómeno similar al anterior, que se recoge (junto a los demás) en el epígrafe general de la cognición enajenada. En este caso el sujeto percibe que el contenido mental se proyecta hacia fuera de un modo similar al de la voz hablada, en lugar de mantenerse en el silencio propio de todos los pensamientos. Así pues, puede manifestar la sensación de que cuando piensa el resto de las personas pueden conocer en seguida lo que está diciéndose a sí mismo (pues sonaría "en alto").

La diferencia principal respecto al robo del pensamiento es que en este último caso no se aprecia una sustracción deliberada, sino que el pensamiento habría perdido su esencia de privacidad y se desplegaría ante los demás en contra de la propia voluntad. En ocasiones el fenómeno se presenta de forma bidireccional, lo que significaría que el paciente añade que a él también le resulta fácil acceder a la mente de los demás.

Como se aprecia, se manifiesta una laxitud de las barreras virtuales que aislan los mundos privados de cada uno. Las explicaciones que se hacen del delirio suelen ser de naturaleza increíble (encuentro con seres extraterrestres, existencia de una máquina específica que se está probando sobre la persona, etc.), por lo que jamás debe confundirse con el sesgo cognitivo de lectura del pensamiento (creencia no patológica de que se conoce la voluntad del otro sin necesidad de indagar en ella).

4. Inserción del pensamiento

La inserción del pensamiento es una idea delirante estrechamente vinculada al robo del pensamiento. En este caso, la persona valora que determinadas ideas no son suyas, que no han sido elaboradas por su voluntad o que describen hechos que nunca vivió en propia piel. Así pues, se valora que un porcentaje de lo que se cree o se recuerda no es de su propiedad, sino que ha sido impuesto por alguien desde el exterior.

Cuando se combina con la sustracción del pensamiento, el sujeto llega a sentirse pasivo respecto a lo que ocurre en su interior. Así, se erigiría como un observador externo del flujo de su vida cognitiva y emocional, perdiendo completamente el control sobre lo que pueda suceder en ella. La inserción del pensamiento suele verse acompañada por ideas respecto a su control, que se describieron en el primero de los epígrafes.

Tratamiento

Delirios como los descritos suelen irrumpir en el contexto de los episodios agudos de un trastorno psicótico, y por ello tienden a fluctuar en un mismo individuo, dentro de un espectro de gravedad. Las intervenciones terapéuticas clásicas contemplan el uso de fármacos antipsicóticos, que químicamente ejercen un efecto antagonista sobre los receptores de dopamina de las cuatro vías cerebrales de las que dispone el neurotransmisor (mesocortical, mesolímbica, nigroestriada y tuberoinfundibular).

Con los antipsicóticos atípicos se ha logrado reducir los severos efectos secundarios que se asocian al consumo de este medicamento, aunque no se han eliminado totalmente. Estos compuestos requieren la supervisión directa del facultativo, en su dosis y en su eventual modificación. Pese a la inespecificidad de su acción, son útiles para reducir los síntomas positivos (como alucinaciones y delirios), pues actúan sobre la vía mesolímbica de la que estos dependen. No obstante, son menos efectivos para los negativos (apatía, abulia, alogia y anhedonia), que se asocian con la vía mesocortical.

También existen abordajes psicológicos que en los últimos años están aumentando su presencia para este tipo de problemas, destacándose especialmente la terapia de corte cognitivo conductual. En este caso se contempla el delirio como una idea que alberga similitudes con el pensamiento no delirante, y cuyas discrepancias radican en una cuestión asociada al procesamiento de la información. Los beneficios y el alcance de esta estrategia requerirá, para el futuro, mayor volumen de investigación.

Referencias bibliográficas:

  • Tenorio, F. (2016). Psychosis and Schizophrenia: Effects of Changes in Psychiatric Classifications on Clinical and Theoretical Approaches to Mental Illness. História, Ciências e Saúde-Manguinhos, 23(4), 941-963.
  • Villagrán, J.M. (2003). Consciousness Disorders in Schizophrenia: a Forgotten Land for Psychopathology. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 3(2), 209-234.