Hay tantas fobias como objetos o situaciones en el mundo… lo que hace que existan infinidad de fobias dispares, particulares y hasta “raras”, que la mayoría de nosotros no ha escuchado nunca. En este artículo os traemos una de ellas: la hormefobia.

Se trata de la fobia a experimentar una emoción muy fuerte, una conmoción, un susto muy extremo o un profundo estado de shock, lo que a su vez, puede estar causado por una infinidad de factores. Así pues, vamos a ver en qué consiste esta fobia, cuáles son sus particularidades, sus síntomas, causas y posibles tratamientos a aplicar.

Hormefobia: ¿qué es?

La palabra hormefobia proviene de los términos griegos “ormao”, que significa “excitar”, y “phobia”, que significa “temor”. Así, se traduce como la fobia a diferentes estímulos, tales como un estado de shock, las conmociones, las impresiones, los choques y los sustos.

También se relaciona con el temor a las emociones fuertes o a todo lo que nos puede “excitar” en exceso. Se trata, pues, de una fobia específica y por ende, un trastorno de ansiedad, clasificado como tal en el manual de referencia DSM-5 (Manual Estadístico de los Trastornos Mentales).

Su origen puede relacionarse con el temor más profundo de perder el control o de colapsarse mentalmente hasta perder los nervios.

Así, se trata de una fobia curiosa, porque se relaciona con diferentes estados de un mismo “espectro”. Todos ellos, pero, tienen que ver con el hecho de sufrir algún tipo de evento muy cargado emocionalmente.

Objeto/estímulo fóbico

De esta fobia destacamos la particularidad de su objeto/estímulo fóbico ya que, como hemos visto, puede ser de naturaleza bastante diferente (aunque todos comparten el hecho de que puedan causar una emoción fuerte, generalmente negativa). ¿Así, se pueden temer las emociones? Como demuestra la hormefobia, y aunque suene un poco extraño, sí.

Así, hay personas que sentirían un auténtico pánico ante la posibilidad de experimentar emociones fuertes, ya sea a través de un evento traumático, de una situación extrema, de sufrir una conmoción, un golpe, un susto, una sorpresa, un choque… las posibilidades son infinitas, por lo que, durante el tratamiento de la hormefobia (y como veremos más adelante), será de vital importancia especificar bien el objeto fóbico.

Habrá pacientes que le teman a “todo” (entendiéndose “todo” como cualquier evento u objeto que pueda provocar una emoción fuerte), y otros que sólo le teman a los choques, por ejemplo, y lógicamente el tratamiento en cada caso será diferente.

Relación con la amaxofobia

La amaxofobia es la fobia a conducir; así, ¿tiene la hormefobia alguna relación con esta otra fobia? Podría ser, ya que en ambas puede existir el temor a sufrir un choque, por ejemplo mientras conducimos.

Es decir, ambas podrían aparecer de forma comórbida, aunque deberían tratarse de forma independiente (teniendo en cuenta, eso sí, que pueden coexistir).

Síntomas

Como cualquier fobia específica, la hormefobia presenta una serie de manifestaciones clínicas diferenciadas. Veamos cuáles son los síntomas de la hormefobia.

1. Miedo intenso, irracional y desproporcionado

Recordemos que las fobias se caracterizan, principalmente, por un miedo que posee tres particularidades: se trata de un miedo intenso, irracional (generalmente el propio paciente reconoce que su fobia es irracional) y desproporcionado (aunque en condiciones “normales” el estímulo fóbico puede llegar a causar miedo, los síntomas que provoca exceden los esperados por la naturaleza del estímulo).

El miedo es una reacción alterada del organismo ante la posibilidad de sufrir un daño; los miedos son frecuentes y “normales”, y la mayoría de ellos, evolutivos (nos han permitido adaptarnos al entorno y sobrevivir). Sin embargo, cuando esa reacción es desproporcionada e irracional y además, interfiere en nuestro día a día, hablamos de una fobia, como es el caso de la hormefobia.

2. Síntomas psicofisiológicos

Más allá del miedo ante la posibilidad de sufrir un shock, una emoción fuerte, un traumatismo o un susto, en la hormefobia aparecen otros síntomas asociados, desencadenados por ese miedo intenso. Dichos síntomas son psicofisiológicos, es decir, abarcan dos vertientes: la parte psicológica (la pisque) de la persona y la parte fisiológica (física).

Ejemplos de estos síntomas son: náuseas, mareos, sensación de ahogo, taquicqardía, sudoración, tensión, presión en el pecho, migrañas, ataques de pánico… En el caso de la hormefobia, todos estos síntomas se desencadenan ante la posibilidad de estar en contacto con el estímulo fóbico, es decir, ante la posibilidad de experimentar un estado de shock, de sufrir una fuerte conmoción, etc.

También pueden aparecer ante la mera imaginación de una de estas situaciones.

3. Malestar e interferencia

Para poder diagnosticar una fobia específica, es necesario que los síntomas anteriores causen malestar significativo en el paciente y/o interferencia en su día a día a nivel laboral, académico, personal, social

Causas

La causa más probable de sufrir hormefobia es haber sufrido previamente un estado de shock o de gran conmoción por un determinado evento vital. El hecho de haber experimentado tal situación puede originar un fuerte miedo a volver a experimentarla, lo que acaba originando la hormefobia.

Así que, la principal causa es un evento traumático, como sucede en la mayoría de fobias. Además, debemos tener en cuenta que estamos ante una fobia muy particular, ya que el objeto fóbico de la hormefobia en sí ya puede ser una situación traumática, lo que no sucede con la mayoría de las otras fobias (por ejemplo tener miedo a los payasos, a los disfraces, a las alturas…).

Tratamiento

En el terreno psicológico, el tratamiento de la hormefobia se basa, como en todas las fobias específicas, en dos grandes opciones terapéuticas: la terapia por exposición y la terapia cognitivo-conductual.

1. Terapia por exposición

En este caso, se expondrá al paciente con hormefobia al estímulo fóbico de forma gradual, mediante una jerarquía de ítems.

Primero deberá identificarse muy bien (especificarlo muy concretamente) qué es lo que causa temor en el paciente; si se trata de la posibilidad de sufrir un golpe, una conmoción, un estado de shock… y en función de ello, elaborar la jerarquía. En los primeros ítems deberán colocarse ítems que causen poca ansiedad, para progresivamente ir incorporando en la escala ítems cada vez más intensos.

2. Terapia cognitivo-conductual

En el caso de la terapia cognitivo-conductual, su objetivo es reemplazar los pensamientos negativos, irracionales y catastrofistas asociados al estímulo fóbico, tales como: “perderé el control”, “me haré daño”, “lo pasaré fatal”, “me volveré loco”, “no sabré cómo reaccionar”, etc., por otros más funcionales, adaptativos y realistas.

Estos otros pensamientos pueden ser, por ejemplo: “no tengo por qué sufrir una conmoción si salgo a la calle”, “si me hago daño me podrán ayudar”, “no tengo por qué perder el control”, “no tengo por qué sufrir una conmoción”, etc.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association –APA- (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.
  • Pérez, M., Fernández, J.R., Fernández, C. y Amigo, I. (2010). Guía de tratamientos psicológicos eficaces I y II:. Madrid: Pirámide.