El impacto de la pandemia del coronavirus en los casos de agorafobia

El contexto social generado por la pandemia nos ha acercado a la agorafobia más de lo que parece.

El impacto de la pandemia del coronavirus en los casos de agorafobia

La pandemia del virus SARS-CoV-2 ha sumido al mundo en una crisis social, económica y sanitaria muy profunda durante meses y está claro que ha sido un fenómeno muy complejo de analizar. Por eso, a veces, se cae en el simplismo incluso cuando nos limitamos a valorar el impacto que ha tenido en la salud de las personas.

Y es que, en muchos casos, tan solo tenemos en cuenta los problemas médicos asociados al COVID-19, y pasamos por alto que la pandemia no necesita que entremos en contacto directo con el virus para dañarnos. Para ello se vale de un elemento con una gran capacidad para afectar a nuestra salud mental: el miedo.

El miedo puede adoptar muchas formas, y la mayoría de ellas no constituyen un trastorno mental; pero en situaciones excepcionales, todo a nuestro alrededor se confabula para hacer que lo que empezó siendo un temor que en un principio asumíamos como algo normal se transforme en un verdadero círculo vicioso de ansiedad anticipatoria, conductas de evitación de peligros imaginarios y otras dinámicas dañinas. Esto es lo que ha ocurrido en más de una ocasión con la agorafobia facilitada por el contexto de pandemia.

Las características de la agorafobia

La agorafobia es, ante todo, un trastorno psicológico que forma parte de los trastornos de ansiedad, categoría en la que quedan englobadas alteraciones mentales basadas en una manera disfuncional de gestionar nuestros pensamientos y emociones cuando algo o alguien nos hace sentir ansiosos (y que, como resultado, hace que nos sintamos de esa manera con mucha frecuencia).

En concreto, las personas que desarrollan agorafobia están muy predispuestas a sufrir intensos ataques de ansiedad ante situaciones en las que perciben que sería complicado huir de un peligro si este apareciese y/o en las que no podrían disponer de ayuda en caso de que les pasara algo malo (como por ejemplo, sufrir el propio “pico” de ansiedad). Por ello, alguien con agorafobia adopta una serie de patrones de conducta basados en la evitación de esos lugares “amenazantes”, que al contrario de lo que se suele pensar, pueden ser tanto lugares abiertos (una calle ancha y muy transitada) o cerrados (un ascensor): lo importante es el grado en el que la persona percibe que en ese sitio está protegida o puede disponer del apoyo de alguien implicado en su bienestar.

Algunos de los síntomas característicos de la agorafobia (que no tienen por qué darse todos a la vez en la persona) son:

  • Miedo a salir del hogar.
  • Evitación de los espacios muy abiertos o en los que estemos muy expuestos, como los puentes, las plazas, los aparcamientos…
  • Evitación de los lugares muy cerrados, como los ascensores, las galerías, los callejones, los pasos bajo las vías de un tren…
  • Experimentación de una subida repentina de los niveles de ansiedad al sentirnos desprotegidos (aunque no podamos localizar una amenaza concreta real).
  • Tendencia a sufrir mucha ansiedad anticipatoria ante la propia idea de sufrir un “pico” de ansiedad.
  • Los síntomas anteriores perduran durante meses.
Agorafobia y COVID

De este modo, la agorafobia es un trastorno que, sin que la persona se dé cuenta, la adentra en un círculo vicioso de miedo y evitación: poco a poco surge la idea de que no se tiene el control sobre el modo en el que se activan esos fuertes estados de ansiedad, y ello hace que estos se manifiesten con mayor facilidad y normalmente con cada vez mayor frecuencia. Y su vez, las ganas de evitarse problemas exponiéndose a lugares en los que no hay protección o ayuda disponible hace que la agorafobia gane protagonismo en la vida de la persona, lo cual hace que esta se auto-sugestione (involuntariamente) y se vuelva más vulnerable a la ansiedad.

¿Y qué tiene esto que ver con la pandemia del coronavirus? Veámoslo a continuación.

¿Qué sabemos sobre los problemas de ansiedad desencadenados por el coronavirus?

Un informe publicado a finales del 2021 por parte de la Comisión Europea y de la OCDE muestra algunos datos reveladores acerca de la relación entre la pandemia y las alteraciones psicológicas ligadas a la ansiedad:

  • Ya en los primeros meses de pandemia a escala global, los casos de trastornos de ansiedad y/o depresión pasaron a ser aproximadamente el doble de lo visto en años anteriores.
  • La tendencia a sufrir ansiedad con o sin síntomas de tipo depresivo ha subido y bajado correspondiéndose con el número de contagios y de la dureza de las medidas sanitarias tomadas por los gobiernos.
  • El impacto psicológico de la pandemia ha sido marcadamente desigual, atendiendo a diferencias económicas y biológicas.

Por otro lado, las investigaciones realizadas acerca de las secuelas psicológicas que en muchos casos ha dejado detrás de sí el COVID-19 muestran que quienes han sufrido casos con síntomas significativos, son estadísticamente más propensos a sufrir trastornos de ansiedad (alrededor del 15% de las personas desarrollaron al menos uno en las semanas siguientes a manifestar la enfermedad), entre los que se encuentra la agorafobia.

Así pues, la pandemia del coronavirus no ha afectado por igual a toda la población, ni en cuanto al riesgo de desarrollar un caso grave de COVID-19, ni en cuanto al impacto que la crisis ha tenido en la salud mental de las personas. Así, quienes durante estos meses estaban en una situación de precariedad económica o no tenían empleo han referido sufrir más problemas de ansiedad, y la sensación de angustia ha sido también mayor en quienes no gozaban de buena salud o eran población de riesgo debido a su edad. Pero curiosamente, las personas jóvenes también han estado en la diana del aumento de problemas de ansiedad y depresión, probablemente debido a la disrupción de sus hábitos y, también, posiblemente por su mayor vulnerabilidad debido a la precariedad laboral.

También cabe destacar que durante la pandemia, la capacidad de atención y cobertura sanitaria del sistema de salud de la mayoría de los países se ha visto significativamente reducida: las listas de espera aumentaron y se ha puesto énfasis en la atención médica y psicoterapéutica en formato online con tal de evitar desplazamientos y encuentros en persona, algo que ha dejado en una situación vulnerable a quienes no tienen buen acceso a Internet o conocimientos para usarlo.

Esta clase de cambios que se han producido a escala global, teniendo lugar en toda la sociedad a la vez, ha propiciado que muchas personas se sientan especialmente expuestas al peligro, un caldo de cultivo del que pueden surgir con relativa facilidad casos de agorafobia. Se ha dado la sensación de que una gran masa de personas se han movido al unísono para protegerse del virus, siguiendo medidas estrictas y radicales, pero a la vez sin poder ofrecer completa protección a quienes no lo tienen fácil para seguir los pasos del resto o parten de un estado de salud o económico más delicado.

Un trastorno que explota nuestras vulnerabilidades

Tal y como hemos visto, en la pandemia se han dado varias condiciones capaces de afectarnos psicológicamente.

Por un lado, la pandemia ha formado parte de las noticias principales del día durante meses, dado que sus efectos se han hecho notar en todos los ámbitos de la sociedad. Por el otro, los gobiernos han aplicado restricciones sanitarias muy significativas y que han afectado al día a día de las personas en aspectos muy básicos, exigiendo de la colaboración ciudadana para actuar en bloque y frenar la curva de contagios. Y por el otro, durante un periodo significativo, el sistema sanitario se ha visto sobrepasado por la situación.

Debido a esto, se han dado todos los ingredientes para que una trastorno psicológico como la agorafobia gane influencia sobre una parte importante de la población, tanto cuantitativamente (siendo desarrollada por más personas) como cualitativamente (encontrando en las situaciones diarias más elementos en los que “apoyarse” y mantenerse activa, afectando a la salud mental). Esto ha ocurrido así porque:

  • Durante muchos meses ha sido complicado mantenerse al margen de ideas o imágenes que explotaban los miedos de la población (a veces por sensacionalismo, a veces para mantener activa la colaboración ciudadana en la prevención de los contagios).
  • Han aparecido minorías especialmente vulnerables que han podido sentirse desplazadas o alienadas debido a que el relato público sobre las medidas a reivindicar y a aplicar para luchar contra el virus no las representaba, alimentando la idea de que estaban solas ante el peligro.
  • El hecho de haber pasado por la enfermedad puede dejar secuelas psicológicas al menos a corto y medio plazo, suficiente como para que a partir de estos miedos surjan otras psicopatologías como la agorafobia.
  • Durante meses, se ha infundido miedo acerca de la idea de ir por calles muy concurridas debido a un hipotético aumento del riesgo de contagio (aunque más adelante se demostró que la gran mayoría de los contagios se producen en interiores).
  • En los meses de restricciones más duras, el confinamiento en casa pudo hacer que para muchas personas el único lugar seguro pasase a ser el propio hogar, haciendo complicado perderle el miedo a salir a la calle.

Todas estas imágenes e ideas ligadas al miedo han sido transmitidas y reforzadas una y otra vez a través de los medios de comunicación y las conversaciones cotidianas, por lo que no sorprende que los problemas de salud mental se hayan disparado en este periodo. Y por eso, la posibilidad de acudir a psicoterapia para superar alteraciones como la agorafobia es más importante que nunca.

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Soy Paloma Rey y estoy titulada como Psicóloga General Sanitaria; atiendo a personas de todas las edades y doy la opción de realizar sesiones presencialmente o de manera online por videollamada.

  • Mazza, M.G. et. al. (2020). Anxiety and depression in COVID-19 survivors: Role of inflammatory and clinical predictors. Brain, Behavior, and Immunity, 89: pp. 594 - 600.
  • OECD (2021). Health at a Glance 2021: OECD Indicators, OECD Publishing, Paris.
  • Rogers, J.P. (2020). Psychiatric and neuropsychiatric presentations associated with severe coronavirus infections: a systematic review and meta-analysis with comparison to the COVID-19 pandemic. Lancet Psychiatry, 7(7): pp. 611 - 627.

Psicóloga

València

Terapia online

Paloma Rey es Psicóloga General Sanitaria. Ofrece atención a población infanto-juvenil y adulta, tanto de forma presencial como online, en casos de ansiedad, depresión, baja autoestima, estrés, duelo, dificultades de aprendizaje, entrenamiento en habilidades sociales y comunicación,resolución de conflictos, problemas de conducta y gestión emocional, y TDAH, entre otros. Para ello emplea técnicas propias de la terapia cognitivo-conductual, combinándolas con psicología positiva y Terapia de Aceptación y Compromiso.

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