Cuando está en casa Javi es un niño muy movido y alegre, que siempre está preguntando a sus padres sobre cómo funcionan las cosas y les cuenta sus pensamientos y sueños. Sin embargo, un día los profesores de su colegio llaman a sus padres para contarles que el niño no habla con sus compañeros ni profesores, permaneciendo mudo ante los intentos de los demás de interactuar con él a pesar de que suele responder a base de gestos.

Si bien al principio creyeron que se trataba de mera timidez, lo cierto es que no ha pronunciado palabra desde el inicio de curso dos meses antes. Tras concertar y realizar una exploración médica y psicológica del niño, se diagnostica que Javi padece el trastorno conocido como mutismo selectivo.

Mutismo selectivo: definición y síntomas característicos

El trastorno antes mencionado, el mutismo selectivo, es una forma de trastorno infantil vinculado a la ansiedad en la que el individuo que lo padece es incapaz de hablar en determinados contextos.

Los síntomas del mutismo selectivo son la disminución y desaparición de la capacidad de habla en circunstancias determinadas o ante determinadas personas, generalmente ante personas ajenas al círculo más cercano al menor. Esta aparente falta de capacidad solo se da en dichas circunstancias o situaciones, con lo que en otros contextos o con allegados en que se siente seguro el niño se comunica con normalidad. No se trata pues de que se carezca de habilidades comunicativas o que estas se hayan deteriorado por alguna causa, simplemente el menor no puede ponerlas en marcha.

Estos síntomas se producen como mínimo durante un mes sin que haya ocurrido ningún cambio relevante que justifique la aparición de una posible timidez. Tampoco se trata de una dificultad causada por una enfermedad médica que pueda justificar la falta de comunicación oral.

Aunque el término selectivo puede hacer parecer que la falta de habla es intencional, en un gran número de casos no lo es. De hecho, es frecuente que el menor en realidad quiera expresarse a pesar de ser incapaz de ello, y en ocasiones recurre a estrategias como el uso de gestos. A pesar de esto en algunos casos sí que se da de manera intencional, como intento de mostrar oposición a una situación o persona.

Así pues, el mutismo selectivo supone un elevado nivel de angustia y sufrimiento, además de que produce una alteración significativa en la vida social y académica del menor.

Causas de este trastorno

El diagnóstico de mutismo selectivo exige que se descarte la presencia de enfermedades médicas o que la falta de habla se deba a un desarrollo insuficiente de esta capacidad como para permitir la comunicación oral.

Las causas de este problema son principalmente psicológicas, concretamente a la presencia de ansiedad. Se trata de una afectación parecida a la fobia social (en muchos casos comórbida con el mutismo selectivo), en la que también existe un miedo a ser juzgado y evaluado. El riesgo y la presión cuando son el centro de atención hacen que el sujeto no actúe, cosa que se ha entendido como una respuesta aprendida mediante condicionamiento.

También se ha ha observado que existe cierta influencia familiar hereditaria, ya que se trata de un trastorno más frecuente en familias con problemas de ansiedad o del estado del ánimo.

Por la ausencia de habla, el mutismo selectivo puede hacer que quien lo padece pueda aparentar hosquedad y falta de interés en la comunicación, con lo que el contacto social disminuye y puede aparecer rechazo hacia el menor en cuestión. Este hecho retroalimenta la situación de mutismo al producir una tensión y ansiedad mayores al ser juzgado negativamente por los demás

Tratando el mutismo selectivo

Si bien en algunas ocasiones el trastorno remite tras varios meses, en otros casos puede durar años, cosa que dificulta la adaptación social del niño en cuestión. La participación de la familia y el entorno es fundamental. Resulta especialmente importante no criticar la falta de habla del niño, cosa que puede reducir su autoestima y empeorar el cuadro. Enseñar formas de socialización, destacar sus fortalezas y apoyar sus esfuerzos son de gran utilidad.

Uno de los tipos de tratamiento psicológico más habituales en caso de mutismo selectivo es el uso de diferentes terapias de exposición al estímulo fóbico junto al manejo de contingencias que puedan afectar a la emisión o no emisión del habla.

Formas de intervención psicológica

La exposición a las situaciones ha de ser gradual y cuidadosa. Realizar una inmersión progresiva también resulta útil, por ejemplo trasladando a personas con quien el niño no tema comunicarse a entornos que le resulten más problemáticos. Con el tiempo, se va a ir haciendo un desvanecimiento estimular del desvanecimiento estimular, en el que se van quitando poco a poco estímulos y personas que le proporcionan seguridad al niño de manera que este vaya con el tiempo empezando a comunicarse en otros contextos.

El automoldeamiento filmado y trucado también es una técnica bastante habitual: en ella se graba al niño interactuando con sus seres cercanos en las situaciones en las que sí se comunica verbalmente para posteriormente modificar la grabación de manera que parezca que está comunicándose con otros. En el vídeo se va a ir avanzando de forma jerárquica, haciéndole responder primero de forma monosilábica y poco a poco aumentando el nivel hasta que éste hable espontáneamente.

También parece resultar eficaz el uso de modelaje y de actividades teatrales, en los que el menor pueda ver como otros interactúan y a la vez puede empezar poco a poco a expresar palabras que no son las suyas sino las que vienen en el guión, con lo que su contenido no puede ser juzgado. Poco a poco el infante podrá ir incorporando a la conversación sus propias ideas. Puede ir aumentando el nivel de complejidad si se va cambiando el lugar de realización de los vídeos, realizando primero vídeos en entornos muy seguros para poco a poco alejarse de éstos.

Existen también algunos programas de entrenamiento en habilidades sociales que pueden ayudar al niño a ir poco a poco soltándose y expresándose. La terapia cognitivo conductual también se ha mostrado eficaz a la hora de que el niño pueda reestructurar sus pensamientos y creencias respecto a cómo es visto por los demás.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Ladrón, A. (2012). Psicología Clínica Infantil. Manual CEDE de Preparación PIR, 03. CEDE: Madrid.
  • Rosenberg, D.R.; Ciriboga, J.A. (2016). Anxiety disorders. In: Kliegman RM, Stanton BF, St Geme JW, Schor NF, eds. Nelson Textbook of Pediatrics. 20th ed. Philadelphia, PA: Elsevier.