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Para no desarrollar ansiedad, comienza por no evitar ciertas situaciones

Es importante comprender que evitar lo que nos genera malestar puede ser parte del problema.

Para no desarrollar ansiedad, comienza por no evitar ciertas situaciones

¿Cuándo evitar no es una buena opción? Estamos acostumbrados a huir y evitar el malestar, pero hay veces en las que esto solo complica más el problema. Y para superarlo debemos afrontarlo de otra manera.

Evitar aquello que nos daña o molesta es el primer impulso pero, como veremos, no siempre es la mejor opción. Si se trata de un problema puntual puede ser adaptativo el intentar evitar las incomodidades o las cosas que nos producen angustia o malestar.

Pero… ¿Cómo hacer para que la repetición de situaciones generadoras de malestar no nos pase factura? Pues es simple; si nos limita o perjudica en nuestro día a día, si perdura en el tiempo, significa que es algo a resolver, no a simplemente evitar.

Por ejemplo, si me dan miedo las alturas, no iré de senderismo por sitios que considere peligrosos, pero haré un esfuerzo por superar el miedo a ese sitio por el que paso habitualmente y que aunque me dé miedo no me compensa evitar.

La importancia de no recurrir siempre a lo cómodo

Nos damos cuenta de que evitar no es estrictamente malo si no es constante esta actitud, sólo puntual y si no nos condiciona.

Parece una reacción lógica, pero la experiencia habla por sí misma; si evitamos pasarlo mal, al final lo pasamos peor porque el miedo que tenemos permanece o aumenta pero nunca se reduce, y cada vez nos es más difícil afrontarlo o nos sentimos más indefensos ante él. Evitar en sí mismo es igual que no afrontar, y esta situación nos puede provocar ansiedad fácilmente.

Está demostrado que el hecho de evitar una situación temida hace que aumente el miedo de cara a futuras experiencias. Da una sensación falsa de control y termina por producir efectos contrarios a los que pretendemos obtener, pues lejos de evitar pasarlo mal y sentirnos capaces de superarlo, sólo nos lleva a postergar ese mal trago, pues volveremos a vernos en esa situación.

Si lo evitamos, no estamos confiando en nuestros propios recursos, y esta sensación de incompetencia y falta de confianza es lo que hace que se genere miedo o ansiedad.

Evitación de la ansiedad

Medir los riesgos, intentar ser realistas

Acercarnos a lo que nos hace sentir bien y alejarnos de lo que nos hace sufrir es un mecanismo de supervivencia ancestral; Incluso el alejarnos de aquello que pensamos, intuimos o suponemos que puede ser perjudicial para nosotros. Cuando ocurre algo peligroso, se activan en nosotros mecanismos de supervivencia innatos que según la valoración de la situación nos hacen luchar, huir o paralizarnos.

Así que medimos los riesgos. Lucharé si creo que tengo muchas posibilidades de ganar, y hay quien no se arriesga si no tiene claro que una situación no es un riesgo. Huiré si creo que es un riesgo demasiado alto o que no me parece un riesgo asumible. Me detendré si el miedo me invade y creo que no tengo ninguna posibilidad, ni siquiera de huir.

Evitar es huir, y es confirmarte a tí mismo/a que esa situación no la puedes afrontar. Es aceptar que esa situación es peligrosa y esto incrementa el miedo, lo que nos provoca sentimientos de incompetencia. Pero no debemos dejar que nuestro miedo nos haga interpretar la situación de manera errónea, es decir, exagerada o catastrófica, y es importante ser conscientes de que cuando el miedo nos invade nos hace pensar lo que no es.

¿Cómo superamos el miedo y dejamos de evitar?

Lo primero es darnos cuenta de que el hecho de no evitar y afrontar algo es un recurso que ya tenemos y que utilizamos muy a menudo. Y lo segundo es ser capaces de no dejar que el miedo decida por nosotros. Si la motivación es fuerte seremos capaces de afrontar lo que en un primer momento no imaginamos.

Pero más importante aún es que según vayan pasando los días en los que hacemos lo que nos toca, comprobamos que la mayoría de las veces el riesgo no es tan extremo como creíamos. Ser precavidos es un recurso de afrontamiento; si algo conlleva un riesgo, lo hago con cuidado o tomo ciertas precauciones, pero no huyo y convierto ese ser precavido en ser miedoso.

Es común que las personas que han vivido situaciones difíciles a lo largo del tiempo se hagan más precavidas, más sabias o más respetuosas para evitar accidentes… Miden mejor los riesgos, tienen más experiencia.

Pero las personas que han vivido evitando sentirse mal, o han evitado la incomodidad y la frustración, o que se han visto indefensas ante una situación, elegirán con miedo y no sabiamente ante muchas cosas, lo que hará que el temor gane terreno y que su zona de confort sea cada vez más pequeña, y que salir de ella cada vez les provoque más ansiedad.

El obstáculo principal

El problema es la falsa sensación de seguridad, y es lo que hace que la mayoría de la gente, cuando le pasa esto, no busque ayuda para superarlo. Se sienten mejor así, en su a veces reducida zona de confort, que afrontando el miedo, porque es lo que creen que les funciona.

Cuando empieza a limitarlos e interferir en su vida o en la de sus familiares es cuando pueden darse cuenta de que no les merece la pena seguir invadidos por el miedo, y tendrán la motivación para afrontar y solucionar ese temor que no les deja vivir en plenitud para siempre.

Como ves, en éste artículo trabajamos el componente cognitivo de la situación. Entender cómo funciona el miedo es un gran paso para evitar que éste tome el control y poder así actuar como mejor nos convenga en lugar de cómo nos sentimos. Si además lo combinas con técnicas de relajación, estarás poniendo una gran barrera al miedo, y por tanto disminuirán las probabilidades de que esa situación te acabe provocando ansiedad. Recuerda: no evitar, sí afrontar y no creer todo lo que el miedo me hace sentir o pensar.

Psicóloga

Sevilla
Terapia online

María Rojas-Marcos es Psicóloga General Sanitaria con formación de postgrado especializada en RRHH, Inteligencia Emocional, Coaching, yPsicología Clínica. Realiza su trabajo desde la terapia cognitivo-conductual y las terapias de Tercera Generación.

Está especializada en desajustes provocados por la ansiedad, el estrés y los traumas, y ayuda en situaciones como aceptación de una pérdida, superación de una ruptura, afrontar una enfermedad física, adaptarse a una nueva situación vital, etc. Da servicio en consulta presencial en Sevilla y sesiones online.

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