En el cine, los libros, las anécdotas de personas que han ido a terapia psicológica... en la gran mayoría de los relatos acerca de cómo es una sesión de psicoterapia, padres y madres son mencionados y tratados como parte de la historia.

Todo el mundo conoce el tópico del psicoanalista y el diván preguntando e interpretando la función de la madre y el padre en la vida del paciente. No es la forma habitual de trabajar hoy en día este aspecto, pero sí es cierto que se habla y se profundiza en algún momento de la terapia.

En este artículo veremos los motivos por los que suele ser habitual dedicar una parte de la terapia a hablar sobre los cuidadores primarios de todo ser humano, tanto el padre como la madre.

¿Por qué los psicólogos preguntan por los padres y madres?

Los padres son nuestro primer contacto con el afecto. Lo aprendemos de ellos, y será un factor determinante en la calidad de nuestras futuras relaciones tanto dentro de la familia como fuera, en nuestra vida adulta.

Una mayor autoestima, un mejor rendimiento académico, una mejor comunicación dentro de la familia y un menor número de problemas de comportamiento se han relacionado en diversos estudios con el afecto cariñoso y seguro. Por otro lado, los niños que tienen unos padres menos cariñosos o más temerosos tienden a tener una autoestima más baja y a sentirse más alienados, hostiles, agresivos o antisociales.

Como padres, conseguir un equilibrio en el afecto que se muestra y las situaciones en las que es mejor mantener una posición de autoridad es un aspecto al que es vital prestarle atención.

Normas y límites

Lo que consideramos que está bien y lo que está mal, lo que se debe hacer y lo que no, también son detalles que aprendemos por primera vez de nuestros padres. En la infancia solemos tener límites, normas y consecuencias que pueden influir a lo largo de toda la vida.

¿Se reflexiona con los hijos sobre los límites o se imponen sin justificarlos? Los niños y las niñas necesitan límites, cuidado y atención, los adolescentes libertad y orientación y los jóvenes adultos paz y privacidad. Las personas adultas a las que en su infancia se les escuchó, se les habló correctamente y se les trató con paciencia tienden a tener una mejor salud mental y emocional.

¿Solo los padres pueden ser referentes?

Pese a que los padres son las figuras adultas de referencia para la mayoría de las personas, esto no es así en todos los casos. Profesores, entrenadores, hermanos, trabajadores sociales o psicólogos pueden ejercer ese rol de figuras de referencia, especialmente para personas cuyos padres no han podido o no han sabido cuidarles. La relación de sangre no es un requisito para este tipo de rol.

Además, en un mundo hiperconectado, pueden aparecer muchas nuevas figuras de referencia y modelos a seguir, entre ellos los llamados “influencers” que pueden condicionar tanto a las personas como a su forma de convivencia diaria.

En la psicoterapia, es importante averiguar cuáles han sido estas figuras de referencia en la vida de la persona para ser capaces de profundizar tanto en los problemas del presente como en los aprendizajes sanos que pueden ayudar a mejorar la situación problemática.

¿Hasta qué punto nos influyen las figuras parentales?

Por norma general, y especialmente en las sociedades circundantes al mar Mediterráneo, queremos mantenernos cerca de los padres de alguna forma cuando estamos en nuestra etapa adulta. Su opinión y cómo nos hacen sentir puede preocuparnos a lo largo de toda la vida.

Por ello, vuelve a ser importante encontrar un equilibrio en el que nos aseguremos de construir una relación con ellos en el que esta influencia sea positiva. Conocer hasta qué punto influyen las figuras de referencia en la vida adulta de una persona se vuelve crucial para que la terapia avance y se pueda formar una relación colaborativa entre terapeuta y paciente.

¿Tienden a repetirse los patrones familiares cuando eres adulto?

Obsérvate a ti mismo, medita en qué te pareces o te diferencias de tus padres, averigua lo que te gustaría cambiar y lo que te gustaría repetir y mantener con todo gusto… Si no nos hacemos estas preguntas de manera consciente, lo más probable es que repitamos lo aprendido sin ser esto ni sano ni positivo.