Hace algunos años, varios países vieron cómo personas que habían sido condenadas a penas de cárcel eran liberadas después de haber sido identificadas por testigos que, aunque parezca mentira, juraban y perjuraban haber visto cómo se cometía el crimen y quién lo había realizado. En estos casos, el ingrediente común era el siguiente: los testigos habían identificado a los culpables después de haber pasado por sesiones de hipnosis.

Aunque la hipnosis es una herramienta que ha mostrado eficacia a la hora de tratar ciertos problemas psicológicos y de salud, su mala práctica ha hecho que, durante años, algunas personas sufriesen mucho. El motivo de esto tiene que ver con un mito: que un hipnotista puede hacer que recuerdos del paciente queden "liberados", que se revelen hechos que parecían olvidados. ¿Que cómo sabemos que esto no se corresponde con la realidad? Lo puedes leer a continuación.

Los recuerdos y lo inconsciente

El funcionamiento de la memoria es uno de los campos de investigación más fascinantes de la Psicología y las ciencias cognitivas en general, pero lamentablemente aún existen muchos mitos sobre él. Por ejemplo, la creencia de que mediante la hipnosis es posible rescatar del olvido recuerdos que habían quedado "bloqueados" por el inconsciente sigue siendo muy popular, y no por ello menos errónea, aunque con ciertos matices.

En primer lugar hay que tener claro que durante mucho tiempo la práctica de la hipnosis ha estado vinculada al psicoanálisis freudiano y a sus ideas sobre lo inconsciente (aunque su práctica es anterior a la aparición de este. Desde esta perspectiva, existen ciertos componentes de la mente que conspiran para que, pase lo que pase, ciertos recuerdos queden "borrados" de la consciencia y no puedan regresar a ella, ya que su contenido es tan perturbador o ansiógeno que podrían generar crisis.

Así, la tarea de los hipnotistas sería abrir ciertas vulnerabilidades en la barrera psicológica que recubre la parte inconsciente de la mente para hacer que esos recuerdos reprimidos afloren a la consciencia y puedan ser reformulados.

Esta aproximación a la faceta inconsciente de la mente humana falla por muchos lados, y uno de los principales motivos para descartarlo es que, a la práctica, no explica nada. Cualquier hipótesis sobre el tipo de recuerdos que está reprimiendo una persona se ve validada por su negación; simplemente, no hay ningún modo de demostrar que es falsa y que no refleja lo que realmente ocurre.

Si alguien niega con mucha insistencia haber presenciado una paliza, por ejemplo, cualquier matiz significativo en su forma de negarlo puede ser interpretado como una evidencia de que en su psique hay una lucha interna para seguir bloqueando los recuerdos vinculados a esa experiencia.

Por otro lado, se sabe que la mayoría de las personas que han sufrido momentos traumáticos como los efectos de un desastre natural o el Holocausto recuerdan lo que ocurrió, no hay nada similar a un fenómeno de represión. ¿Cómo se explica entonces que algunas personas crean haber recuperado partes de su memoria después de haber sido hipnotizadas? La explicación a esto tiene que ver con la mente inconsciente, pero no con la concepción psicoanalítica de esta.

La memoria es algo dinámico

Tal y como ocurre en cualquier parcela de la ciencia, las mejores explicaciones a un fenómeno son aquellas que, siendo lo más simples que se pueda, explican mejor lo que se observa en la naturaleza; es lo que se conoce como principio de parsimonia. Por ejemplo, ante la aparición de una plaga de langostas una explicación basada en los cambios meteorológicos recientes será parsimoniosa, mientras que una que atribuya el hecho a una maldición, no. En el primer caso hay pocos interrogantes pendientes, mientras que en el segundo se soluciona un solo interrogante y se genera una infinidad de lagunas explicativas.

En lo relativo a los recuerdos que aparentemente son arrojados a la consciencia, la explicación más sencilla es que, básicamente, son inventados, tal y como descubrió la psicóloga Elizabeth Loftus hace varias décadas. Pero inventados de forma involuntaria e inconsciente. Existe una explicación sobre cómo y por qué ocurre esto.

La teoría más aceptada actualmente acerca del funcionamiento de la memoria no describe esta capacidad cognitiva como un proceso de lo que técnicamente sería almacenamiento de la información, sino como algo muy diferente: dejar una huella en el modo en el que las neuronas de ciertas partes del encéfalo "aprenden" a activarse de manera coordinada.

Si al ver un gato por primera vez se activa una red de células nerviosas, al evocar ese recuerdo se activará de nuevo buena parte de esas células, aunque no todas, y no de un modo exactamente igual, ya que el estado del sistema nervioso en ese momento no será el mismo que el que estaba presente al ver el gato: otras experiencias habrán dejado también sus huellas en el cerebro, y todas ellas se solaparán en parte entre sí. A estos cambios hay que sumarles la evolución biológica del cerebro a medida que va madurando con el paso del tiempo.

Así, incluso si no hacemos nada, nuestros recuerdos nunca permanecen iguales, aunque nos lo parezca. Van modificándose ligeramente con el paso del tiempo porque no hay ninguna pieza de información que permanezca intacta en el cerebro, cualquier recuerdo se ve afectado por lo que nos ocurre en el presente. Y, del mismo modo en el que lo normal es que los recuerdos cambien, también es posible generar recuerdos falsos sin darse cuenta, mezclando las valoraciones acerca del pasado con las del presente. En el caso de la hipnosis, la herramienta para conseguir este efecto es la sugestión.

Cómo "liberar" recuerdos mediante hipnosis

Veamos un ejemplo de generación de falsos recuerdos.

En esa tradición de influencia psicoanalítica de la hipnosis es muy común recurrir algo que se llama "regresión" y que es, más o menos, el proceso de revivir experiencias pasadas de forma muy intensa, como si se viajase hacia el pasado para observar de nuevo lo que ocurrió en ciertos momentos. El objetivo de provocar una regresión suele ser experimentar de nuevo ciertos momentos de la infancia en los que las estructuras de pensamiento características de la adultez aún no se han asentado.

A la práctica, el papel de la persona versada en hipnosis es crear un clima en el que el o la paciente esté en disposición de creer en la autenticidad de todas las experiencias que puedan ser vistas como la regresión en proceso. Si en el marco de las sesiones de hipnosis alguien habla acerca de la posibilidad de que el problema se deba a cierto tipo de experiencias traumáticas que han quedado "bloqueadas", es muy probable que el simple hecho de imaginar una experiencia similar a esa sea confundido con un recuerdo.

Una vez ha ocurrido esto, es muy fácil que de manera espontánea vayan apareciendo más y más detalles acerca de esa supuesta vivencia que está "emergiendo". A medida que esto ocurre, los rastros moleculares que esta experiencia va dejando en el encéfalo (y que harán posible que una versión similar ese recuerdo pueda ser evocada más adelante) van quedando fijados en el tejido neuronal no como momentos de fantaseo, sino como si fuesen recuerdos. El resultado es una persona convencida de que lo que ha visto, oído y tocado es una representación real de lo que le ocurrió hace tiempo.

Precaución en las sesiones con hipnotista

Este tipo de prácticas son capaces de dar como resultado casos que en sí mismos son una prueba en contra del poder de la hipnosis para hacer emerger recuerdos olvidados, como por ejemplo pacientes que creen recordar lo que les ocurrió en su etapa de cigoto cuando aún no había aparecido su sistema nervioso, o personas que recuerdan hechos que se sabe que no ocurrieron. 

Se trata de problemas que aparecen al no saber gestionar el poder sugestionador de este recurso terapéutico y que, con lo que sabemos acerca de la flexibilidad de la memoria, pueden ser prevenidos.