Un tipo de terapia basado en la epistemología constructivista.

Los trastornos de la personalidad implican un funcionamiento anómalo de la persona que interfiere significativamente en todos los ámbitos de su vida. Su abordaje es una cuestión compleja, y actualmente son pocas las terapias validadas específicamente para cada trastorno.

Aún así, existe un gran número de terapias psicológicas de diferentes orientaciones que abordan los trastornos de la personalidad. Aquí conoceremos una de ellas, la Terapia cognitivo-interpersonal de Jeremy Safran y Zindel Segal (TCI).

Vamos a conocer qué elementos forman parte de la TCI y cómo se pueden promover cambios en la persona para aumentar su calidad de vida.

Terapia cognitivo-interpersonal de Safran y Segal: características

La Terapia cognitivo-interpersonal de Safran y Segal (1990) es una terapia cognitiva que integra también la tradición interpersonal que inició Sullivan en 1953.

En ella se otorga un papel esencial a los aspectos interpersonales y a la alianza terapéutica para lograr el los objetivos de la intervención psicológica. Aunque inicialmente la terapia no fue diseñada específicamente para los trastornos de personalidad, actualmente es un tipo de trastornos que aborda.

La Terapia cognitivo-interpersonal de Safran y Segal (TCI) pone su énfasis en el rol del vínculo terapéutico entre terapeuta y paciente, así como en la naturaleza de la relación entre procesos cognitivos e interpersonales. En cuanto al rol del terapeuta, este no es objetivo y neutral, sino que el terapeuta es entendido como un ser humano con dificultades y fortalezas, que interactuarán con los problemas y puntos débiles del paciente. Se trata de la epistemología constructivista.

Por otro lado, la TCI se sustenta en un enfoque que promueve la exploración fenomenológica en lugar de la interpretación.

Mecanismos de cambio

En la Terapia cognitivo-interpersonal de Safran y Segal se utilizan tres mecanismos de cambio específicos, responsables del desarrollo de una nueva experiencia para el paciente, que implicará “experimentar el sí mismo y a los demás” de nuevas maneras. Estos tres mecanismos son:

1. Descentramiento

Se trata de experimentar el propio rol en la construcción de la realidad.

2. Desmentido experiencial

Consiste en rebatir las creencias disfuncionales acerca del self y los otros a partir de nuevas experiencias.

3. Acceso a información sobre disposiciones a la acción

Implica descubrir aspectos de la propia existencia o vida interior, de los que previamente uno no era consciente.

El fin de los tres mecanismos no es tanto la comprensión o el análisis racional de la realidad, sino formas de encontrar nuevas maneras de experimentarla, también en relación a uno mismo y a los demás.

La relación terapéutica

Como se ha comentado, la relación terapéutica es un elemento central en la terapia cognitivo-interpersonal de Safran y Segal. Todos los cambios surgidos a raíz de los tres mecanismos estarán mediados por dicha relación.

Así, por ejemplo, pensemos en un paciente con la obsesión de que todos le critican. Si el terapeuta intenta desafiar tal creencia de forma crítica, reforzará la idea del paciente al actuar como él piensa que lo hacen todos (contra él).

Modelos teóricos de la terapia

La terapia cognitivo-interpersonal de Safran y Segal parte de un enfoque interpersonal y cognitivo.

Es interpersonal porque parte de la premisa básica de que los seres humanos por naturaleza somos seres interpersonales y sociales, y que ello tiene importantes implicaciones para el desarrollo de la persona, los problemas y la psicoterapia.

Por otro lado, es una terapia cognitiva porque pone énfasis en el modo en que las personas construyen representaciones mentales de lo que van viviendo, es decir, de su experiencia.

En psicoterapia se sabe que un modelo teórico adecuado junto con una adecuada aplicación de sus técnicas específicas, son elementos esenciales para producir y comprender el cambio terapéutico.

Estructura de la TCI: sesiones

Otra de las ideas fundamentales de la terapia cognitivo-interpersonal de Safran y Segal es que los procesos cognitivos que se separan de las experiencias afectivas con las que iban entrelazados no representan de forma completa las experiencias de los pacientes. Es decir, si cognición y emoción se separan, la experiencia del paciente no será completa ni real.

Para abordar esto, en las primeras sesiones de la terapia (sesiones 1-3) se realizará una exploración emocional mediatizada, para posteriormente realizar la reestructuración cognitivo-interpersonal (RCI) (en las sesiones 4-6). Esta RCI se centrará en las ideas disfuncionales del paciente y en los patrones desadaptativos de relación. Se trata del núcleo de la terapia cognitivo-interpersonal de Safran y Segal.

En las siguientes sesiones (7-9), el objetivo será promover la generalización de los cambios fuera de consulta y en todos los ámbitos de la vida del paciente. Además, se busca lógicamente que los cambios perduren en el tiempo. Todo ello se realizará mediante la exploración de sucesos interpersonales del paciente (externos a la consulta), así como con la elaboración y asignación de experimentos conductuales entre sesiones.

La última sesión (10) irá enfocada a recapitular el proceso terapéutico, a proporcionar estrategias de prevención de recaídas y al cierre de la intervención.

Resultados de la TCI

Pese a tratarse de un modelo fuerte en cuanto a su modelo teórico bien definido, actualmente la investigación no ha demostrado el suficiente apoyo empírico a la TCI, o al menos no el exigido en la psicología clínica basada en la evidencia.

Aún así, existen diferentes estudios que avalan su eficacia en población clínica general (con algún trastorno clínico) y en trastornos de personalidad.

Referencias bibliográficas:

  • Safran, J.D., & Segal, Z.V. (1990). Interpersonal process in cognitive therapy. Nueva York: Basic Books
  • Prado-Abril, J., García-Campayo, J., Sánchez-Reales, S. (2013). Funcionamiento de la terapia cognitivo-interpersonal en los trastornos de la personalidad: estudio de dos casos. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 18(2), 139-149.