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Las 4 diferencias entre preocupación y obsesión (explicadas)

Estas son las características que ayudan a distinguir entre las preocupaciones y las obsesiones.

Nahum Montagud Rubio

Nahum Montagud Rubio

Diferencias entre preocupación y obsesión (explicadas)

¿Te has preocupado por algo últimamente? Seguramente hayas contestado que sí, y es totalmente normal. No debes preocuparte, al menos por ahora.

Las preocupaciones son un proceso cognitivo relativamente normal en la población, pero que en función de su ocurrencia y la temática sobre la que versen pueden evolucionar a otros procesos menos sanos y poco controlables como lo son las obsesiones.

En el artículo de hoy vamos a comparar las diferencias entre preocupación y obsesión, haciendo un repaso sobre qué suponen estos procesos cognitivos dentro del TAG y del TOC.

¿Cómo diferenciar entre preocupaciones y obsesiones?

Antes de leer nada, reflexiona un momento y trata de responder a la siguiente pregunta: ¿Te has preocupado por algún motivo a lo largo del día? ¿Y la semana? ¿Y en el último mes? Seguramente hayas encontrado más de un tema al que le has estado dando vueltas, como mínimo, a lo largo de la última semana. Esto es totalmente normal, no debes preocuparte por ahora (“metapreocuparse” lo llamaría yo), aunque sí que es cierto que si pensaras demasiado en según que temas quizás deberías plantearte buscar alguna solución.

Sea como sea, lo cierto es que casi el 40% de la población se preocupa al menos una vez al día. Sin embargo, muchas veces lo que se entiende por preocupación a oídos populares queda difuminado por otra idea que, aunque sea un poco de lejos, se le parece: la obsesión. ¿Qué entendemos por preocupación y qué por obsesión? ¿En qué medida son diferentes ambos procesos cognitivos? Lo cierto es que podemos identificar muchas diferencias significativas entre ellas y, de hecho, cada una toma especial protagonismo en dos trastornos: el TAG y el TOC.

Para valorar sus diferencias, empecemos viendo cuáles son sus definiciones.

¿Qué es una preocupación?

Una preocupación podemos definirla como una cadena de pensamientos que se centran en un peligro o desgracia futuros, en la que hay incertidumbre acerca de los resultados y hechos que puedan darse a corto, medio o largo plazo. En este proceso cognitivo, la amenaza futura se interpreta como impredecible e incontrolable en mayor o menor medida, lo cual hace que traiga consigo un cierto grado de ansiedad, aunque en función de lo intensa que sea la preocupación esta emoción será más o menos soportable.

La temática de las preocupaciones, manifestadas en forma de pensamientos y/o imágenes, se enfocan ante situaciones cotidianas de la vida diaria y pueden entenderse como un primer intento de resolver un problema que se ve como una amenaza o se percibe como peligroso, ensayando en la mente lo que la persona debería hacer para poder enfrentarse a él.

Aunque ocupan parte de nuestra atención, por regla general las preocupaciones no interfieren en la realización de actividades y responsabilidades diarias, son fáciles de controlar. Producen un poco de malestar, pero este es soportable y no traen consigo un deterioro en áreas importantes del funcionamiento de la persona, al menos si no se producen en un grado demasiado intenso. En caso de que sea así, hablaríamos de preocupaciones excesivas.

Obsesiones

Las preocupaciones excesivas y el TAG

Como hemos visto, todo el mundo tiene preocupaciones a lo largo del día. Sin embargo, estas pueden incrementar en el grado de intensidad, volverse excesivas y venir acompañadas con unos niveles de ansiedad muy elevados, rasgos que forman parte como componentes nucleares del trastorno de ansiedad generalizada o TAG. Este tipo de preocupaciones comparten rasgos con las “normales”, solo que aquí se dan de forma más intensa.

Por regla general, las preocupaciones, tanto las normales como las patológicas, son egosintónicas, es decir, se dan en consonancia con los propios valores de la persona. Vienen acompañadas de síntomas tales como inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, quedarse con la mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular y, también, pueden haber alteraciones del sueño, aunque estos síntomas son más propios de las preocupaciones excesivas que no las corrientes.

Contextualizándolas dentro del TAG, podemos decir que las preocupaciones se pueden convertir en un síntoma muy problemático, sobre todo porque contribuyen a que los pacientes desarrollen creencias muy rígidas sobre las ventajas que tiene preocuparse. Se podría decir que se vuelve su método de afrontamiento para los miedos que creen que se harán realidad en un futuro, a pesar de que las propias preocupaciones se convierten en aquello que les provoca ansiedad y malestar psicológico.

El contenido, es decir, el tema sobre el que versan las preocupaciones, tanto las normales como las de las personas con TAG, no se diferencian demasiado. Pueden centrarse en todo tipo de aspectos importantes en la vida del paciente, como pueden ser la salud, los amigos, la familia, el trabajo, la escuela, la economía y otros aspectos cotidianos.

La única diferencia en este sentido sería que los pacientes con TAG se preocupan en más cosas, haciéndolo con más frecuencia, duración y con menor grado de control. En su vertiente patológica, las preocupaciones se asocian con hipervigilancia y baja tolerancia a la incertidumbre.

¿Qué es una obsesión?

Una obsesión es un pensamiento, imagen o impulso recurrente y persistente que es experimentado de forma especialmente intrusa y vistos como muy inapropiados. Son egodistónicas, es decir, van en contra de los valores de la persona, provocándole un alto grado de malestar y ansiedad. Este tipo de procesos cognitivos pueden adueñarse del pensamiento del paciente, haciendo que esté la mayor parte del día pensando en el contenido de sus obsesiones y, en la mayoría de las ocasiones, vienen acompañadas de compulsiones dirigidas a reducir la ansiedad asociada.

Las obsesiones son síntomas clave dentro del trastorno obsesivo compulsivo o TOC. Si bien no todas las personas que tienen obsesiones presentan este trastorno, de hecho, es común que alguna vez en nuestras vidas pasemos por una fase en la que nos obsesionamos con algo, sí que es cierto que en caso de ocupar la mayor parte de nuestra vida diaria suponen un problema, relacionándolo directamente con el TOC.

El DSM-5 describe a las obsesiones propias del TOC como pensamientos, impulsos o imágenes intrusivas, irracionales y recurrentes que provocan en el paciente un alto grado de ansiedad, temor y malestar. Estas vienen acompañadas de compulsiones, entendidas como comportamientos o actos mentales de carácter repetitivo que la persona se siente obligada a realizar como respuesta a la obsesión, a modo de control de esta última. Ambos síntomas provocan un alto grado de afectación en el paciente, haciéndole perder el tiempo e interfiriendo en su rutina diaria.

Algunos ejemplos de obsesiones y compulsiones (por ejemplo, miedo a contagiarse y lavarse repetidamente las manos); necesidad de tener todo correctamente ordenado para sentirse tranquilos; conciencia exagerada sobre sensaciones corporales como las arrugas de la ropa sobre la piel y necesidad de tener todo bien planchado… Estas y otras obsesiones y compulsiones más pueden ser perfectamente reconocidas por el paciente como irracionales, aunque las seguirá llevando a cabo.

Principales diferencias entre una preocupación y una obsesión

Habiendo visto las definiciones entre preocupación y obsesión, podemos hacer un repaso a las principales diferencias entre ambos fenómenos psicológicos.

1. Egosintonía y egodistonía

Las preocupaciones, tanto las normales como las excesivas, son egosintónicas, lo que quiere decir que son acordes a los valores de la persona. No son vistas como irracionales o contrarias al sentido común (p. ej., preocuparse por suspender el curso).

En cambio, las obsesiones son egodistónicas, vistas como contrarias a los valores de la persona. El propio afectado puede considerar que preocuparse en un determinado aspecto de su vida de forma constante no le lleva a ninguna parte y que, de hecho, él no es así ni quiere serlo, pero no puede evitarlo.

2. Relación con los problemas de la vida

Las preocupaciones tienen directa relación con problemas plausibles de la vida diaria (p. ej., llegar a fin de mes, tener una caries, que se estropee el coche...), mientras que las obsesiones puede que o bien sí estén relacionadas con la vida del paciente o bien no, con ideas muy rebuscadas sobre supuestas problemáticas de su vida (p. ej., tener un accidente por no haber ordenado los libros...).

3. Aceptabilidad

Las preocupaciones, al menos las normales, se perciben como aceptables, en el sentido de que vienen a la mente y luego se van. Están ahí como cualquier otro pensamiento recurrente que se nos pueda venir, solo que en este caso es acerca algo que pensamos que podría ir mal.

En el caso de las obsesiones, su contenido es inaceptable, viniendo a decir que causan un elevado malestar en el individuo y cuando se presentan pareciera que no quisieran irse. El paciente tiene que hacer compulsiones para deshacerse tanto de la obsesión como de la ansiedad que le provoca de forma momentánea.

4. Frecuencia de aparición

Las preocupaciones se presentan en un número diario moderado y tienen un contenido realista. En el caso de las preocupaciones excesivas podríamos decir que se presentan de forma más amplia, siendo menos realistas. En cambio, las obsesiones giran en torno a un contenido determinado, van cambiando y su aparición a lo largo del día es mucho más frecuente, ocupando la mente de tal forma que el sujeto no pueda hacer otras cosas.

  • Bados, A. (2015). Trastorno obsesivo compulsivo: naturaleza, evaluación y tratamiento. Universitat de Barcelona.
  • Bados, A. (2015). Trastorno de Ansiedad Generalizada: naturaleza, evaluación y tratamiento. Universitat de Barcelona.
  • Dávila, W. (2014). Terapia cognitivo-conductual en el trastorno obsesivo-compulsivo. Norte de Salud mental, 12(49).
  • Morilla, S. G., López, A. B., & García, C. S. (2012). Tratamiento cognitivo-conductual de una persona con trastorno de ansiedad generalizada. Anuario de psicología/The UB Journal of psychology, 42(2), 245-258.
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  • González, M., Bethencourt, J.M., Fumero A., y Fernández, A. (2006)., nº 2, pp. Adaptación española del cuestionario “¿Por qué preocuparse?”. Psicothema. Vol. 18, nº 2, pp. 313 - 318.

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