Normalmente, el embarazo es sinónimo de felicidad para muchas mujeres: significa que van a traer al mundo a una nueva vida, hechas por ellas.

No obstante, no son pocas las ocasiones en las que la mujer puede sufrir algún problema psicológico, puesto que embarazo y maternidad son foco de dudas, miedos y, en esencia, aumenta su vulnerabilidad.

Los síntomas de todo tipo de condiciones psicológicas pueden quedar enmascarados por el propio embarazo, es por esto que a continuación vamos a ver y comprender cuáles son los trastornos psicológicos que pueden surgir durante el embarazo.

Trastornos psicológicos comunes que pueden aparecer durante el embarazo

El embarazo suele ser un momento de alegría e ilusión para la mayoría de las mujeres, esperando ansiosas la llegada de una nueva vida al mundo. Se imaginan qué nombre ponerle, qué ropa comprarle, qué querrá ser de mayor, si se parecerá a su padre... son muchos los pensamientos positivos que pueden aparecer al conocer que están embarazadas y que en unos cuantos meses darán a luz.

Sin embargo, el embarazo también es un acontecimiento intimidante, fuente de mucho estrés, preocupación y, a veces, un verdadero problema de salud. Los altibajos emocionales, los cambios temperamentales y fisiológicos y las dudas sobre si lo más conveniente es tener o no un hijo son cuestiones que pueden dar lugar a un problema mental en toda regla.

En parte, la salud de la madre se ve comprometida, y por esto es importante saber cuáles son los 8 trastornos psicológicos que pueden surgir durante el embarazo.

1. La depresión en mujeres embarazadas

Si decimos que la depresión es el trastorno más probable que una mujer embarazada sufra, seguramente no nos sorprenda. Los trastornos del estado anímico son el tipo de trastorno más comúnmente asociado con el embarazo. Muchos de los síntomas de la depresión pueden parecerse a los de un embarazo normal, como pueden ser los cambios en el patrón del sueño, las alteraciones en el apetito o la pérdida de energía

Cerca del 70% de las mujeres muestra un humor negativo durante el embarazo, y se ha visto que cerca del 14% cumpliría criterios de diagnóstico de depresión a las 32 semanas. Este porcentaje sube a 17% cuando están entre las semanas 35 y 36. Parece ser que el primer y el tercer semestre son aquellos en los que las mujeres reportan estar más decaídas y deprimidas, coincidiendo con haber recibido la noticia de su embarazo y sabiendo que pronto darán a luz.

Entre los factores de riesgo para que una mujer embarazada pueda sufrir depresión tenemos: antecedentes de depresión, dejar de tomar antidepresivos en caso de que los tome, antecedentes de depresión postparto y historial familiar de este trastorno. También hay correlatos psicosociales que contribuyen en la aparición de este diagnóstico, como una actitud negativa hacia el embarazo, falta de apoyo social y familiar y negativa de la pareja o de la familia a que venga un nuevo bebé.

Los efectos de la depresión en mujeres embarazadas afectan tanto a su salud como a la del feto. Puede hacer que la mujer no se tome en serio las recomendaciones de su médico sobre los cuidados prenatales, nutrición y cuidados propios, además de dejar de lado la medicación prescrita por el profesional o, por el otro lado, tomar fármacos que no debería. También pueden aparecer pensamientos suicidas, conducta autolítica y hacerle daño al feto o al bebé una vez haya nacido.

El tratamiento usado para las mujeres embarazadas con diagnóstico de depresión suele ser el mismo que el de personas deprimidas, aunque con la necesidad adicional de asegurar la seguridad del feto. La educación y el apoyo familiar y profesional son fundamentales, ya que como el embarazo es una experiencia única para la mujer algunas pueden no saber cómo se va a desarrollar el proceso. En caso de que se opte por tratamiento farmacológico, será necesario valorar si los beneficios son mayores que los riesgos.

2. Trastornos de Ansiedad en el embarazo

Los trastornos de la ansiedad son un grupo de alteraciones mentales que se vinculan con la angustia y el estrés. Todos ellos suponen estados de hiperactivación del sistema nervioso y de los grupos musculares, llevando a la persona a encontrarse en un sostenido estado de alerta.

Entre los más comunes tenemos los ataques de pánico, el Trastorno Obsesivo-Compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada y la fobia social. Cada uno de ellos se pueden dar en el embarazo, siendo unos más comunes que otros.

2.1. Ataques de pánico

Los ataques de pánico son episodios repentinos de miedo intenso que provocan reacciones físicas graves, pese no haber ningún peligro real ni causa aparente. Estos ataques pueden provocar mucho miedo y hacen que quien los padece sientan que están perdiendo el control, tienen un infarto o incluso van a morir.

Algunas mujeres pueden vivir ataques de pánico durante el embarazo. Se ha planteado la idea de que podrían deberse a disfunciones en la glándula tiroides, pero no se deben ignorar los posibles factores psicosociales que pueden fomentar la aparición de los ataques.

Otra de las explicaciones también de origen biológico para los ataques de pánico durante el embarazo son el aumento de la resistencia del flujo sanguíneo en la arteria uterina, además de los cambios en los niveles de cortisol en el plasma de la madre y el feto.

Entre los principales tratamientos para los ataques de pánico durante el embarazo se incluyen terapias farmacológicas, en esepcial benzodiacepinas, sedantes en las noches y antidepresivos, aunque se necesitará la aprobación del médico. También se pueden tratar con la cognitivo-conductual, técnicas de relajación, higiene del sueño y cambios en la dieta.

2.2. Trastorno Obsesivo-Compulsivo

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) se caracteriza por dos síntomas principales. Uno son las obsesiones, que son pensamientos intrusivos y catastróficos, que no se pueden eliminar de consciencia. El otro, las compulsiones, son conductas repetitivas y rituales que se realizan como respuesta a las obsesiones.

Las mujeres embarazadas tienen mayor riesgo de presentar TOC al inicio de la gestación y, también, poco después de haber dado a luz. De hecho, cerca del 40% de las pacientes embarazadas con este trastorno indican haberlo empezado a manifestar al inicio del embarazo.

Se cree que la aparición del TOC durante el embarazo está relacionado con el hecho de que la mujer se tiene que preocupar por un motivo extra: el embarazo en sí y cómo se dará el nacimiento.

Se preocupan mucho por cómo de sano será el bebé, y desean fervientemente poder controlar todas las variables de la gestación, pero como no pueden, empiezan a realizar compulsiones como tirarse del pelo, limpiarse, comer, ordenar las cosas meticulosamente...

Los tratamientos disponibles son los mismos que para personas no embarazadas, terapia cognitivo-conductual y farmacoterapia. También está la educación, especificándole a la embarazada que si bien no puede controlar absolutamente todo lo concerniente con su embarazo, sí que hay hábitos saludables que influirán positivamente en su salud y en la del bebé.

2.3. Trastorno de Ansiedad Generalizada

El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza por un estado de alerta constante, con tendencia a mostrarse muy irritable por cualquier estímulo mínimamente molesto. Además, las personas con este trastorno pueden experimentar episodios de pánico fácilmente, sobresaltarse excesivamente y sufrir crisis de temblores, mareos e insensa sudoración.

Cerca del 10% de las mujeres embarazadas cumplen criterios diagnósticos de trastorno de ansiedad generalizada en algún momento del embarazo. Entre los factores de riesgo para presentar este trastorno durante el embarazo está haberlo presentado previamente, además de falta de educación sobre cómo puede desarrollarse el embarazo, falta de apoyo social y familiar e historial de abuso infantil.

Algunas de las terapias que pueden ser beenficiosas para las mujeres embarazadas que presentan este trastorno son el Mindfulness, aceptación de la situación y estrategias de activación conductual.

2.4. Fobia Social

La fobia social es un trastorno de la ansiedad que implica que el paciente viva una extrema timidez e inhibición, acompañada de mucha angustia, ante situaciones socailes. La persona se siente incómoda al salir a la calle, ver a otras personas desconocidas o tener que enfrentarse a situaciones en las que tiene que conocer a una persona nueva.

No hay muchos datos sobre la fobia social durante el embarazo. Sí que se ha observado que puede aparecer en algunos casos, como resultado al miedo de que la gente vea sus cambios físicos, especialmente si no eran muchas las personas que sabían que estaba encinta. También puede deberse a una bajada en su autoestima, puesto que los cambios físicos que conlleva el embarazo no suelen percibidos como positivos.

3. Trastornos de la Conducta Alimentaria en el embarazo

La prevalencia de los Trastornos de la Conducta Alimentaria en las mujeres embarazadas es cercano al 5%. Entre los motivos que hace que una mujer cambie su patrón de conducta alimentaria tenemos la obsesión por no querer engordar, preocuparse en exceso por comer todo lo que cree que el bebé necesita o, simplemente, llevar a casos extremos los antojos. Incluso pueden darse casos de pica, haciendo que la mujer coma cosas que en teoría no son comestibles (p. ej., papel de liar, chupar monedas)

Presentar un trastorno de la conducta alimentaria parece incrementar el riesgo de tener un parto por cesárea, además de sufrir depresión postparto. También, como puede darse el caso de que la mujer iga una dieta que no tiene todos los nutrientes necesarios, se corre mayor riesgo a sufrir abortos espontáneos o que, en caso de que el bebé logre nacer, tenga un peso significativamente por debajo de lo esperable.

4. Esquizofrenia y embarazo

Los episodios de psicosis durante el embarazo son un fenómeno realmente extraño, aunque pueden ocurrir. Son especialmente comunes en aquellas mujeres quienes ya tengan antecedentes de esquizofrenia. El embarazo es una experiencia que puede causar mucha alteración a nivel mental, siendo catastrófico en aquellas personas que carecen por completo de ella.

Algunas mujeres pueden manifestar unos síntomas tan delirantes de la esquizofrenia que pueden negar el hecho de estar embarazadas, pese a mostrar evidentes signos de ello. Esto se podría entender como el caso contrario de lo que es un embarazo psicológico. En el postparto estas mujeres pueden ser especialmente sensibles a episodios psicóticos posteriores.

Se ha encontrado relaciones entre el trastorno de la esquizofrenia y la ruptura prematura de la membrana, edad gestacional menor a 37 semanas y uso de incubadora y resucitación. También se han encontrado relaciones entre que la madre sufra esquizofrenia y que el parto sea prematuro, además de asociarse con bajo peso al nacer.

El tratamiento se centra sobre todo en la psicoeducación, que podría reducir el riesgo de complicaciones en el embarazo. Las terapias breves enfocadas a cada caso en particular también pueden ser útiles para algunas pacientes. En cuanto al tratamiento farmacológico, se ha probado la clozapina con mujeres embarazadas y con esquizofrenia, viéndose que entrañaban pocos riesgos en el embarazo, el parto y en la salud tanto de la madre y el bebé.

5. Trastorno bipolar

El embarazo es un período en el que es esperable que se den cambios en el estado de ánimo. No obstante, si estos cambios se dan de forma muy repentina, son muy frecuentes e intensos, son motivo de preocupación, puesto que podría hablarse de un caso de trastorno bipolar. El principal factor de riesgo para presentarlo durante el embarazo está tener antecedentes de este trastorno y haber interrumpido el tratamiento farmacológico.

Es frecuente que las mujeres que seguían un tratamiento con estabilizadores del estado del ánimo, al quedarse embarazadas, lo interrumpan puesto que lo consideran perjudicial para su bebé. Al dejarlos, vuelve los cambios bruscos del humor, manifestándose así los síntomas del trastorno.

Si bien lo normal es que no pueda tomar estabilizadores del estado del ánimo, será decisión del psiquiatra que la mujer pueda consumirlos estando embarazada, siempre y cuando se hayan considerado que los beneficios son mayores que los posibles riesgos. Entre los factores que se tendrán en cuenta a la hora de decidir si se debe o no recetar estos fármacos estará el número y severidad de los episodios maníacos y depresivos, el nivel de insight, el apoyo familiar y los propios deseos de la persona.

¿Qué hacer para prevenirlos?

Cada mujer es un mundo y su experiencia del embarazo es única. No es posible esperar que todas las mujeres, tras recibir los mismos consejos o los mismos tratamientos, desarrollen el mismo tipo de embarazo y lo vivan igual. Igualmente, sí que es posible reducir la gravedad de los posibles trastornos psiquiátricos que puedan aparecer con un adecuado monitoreo de su estado psicológico y psicoeducación.

No hay dudas de que el embarazo puede ser fuente de alteraciones psicológicas, sobre todo si no es gestionado adecuadamente. Por este motivo no son pocos los psicólogos y psiquiatras especializados en salud mental de la mujer embarazada, sabiendo qué tratamientos, tanto preventivos como para tratar un trastorno que ha aparecido, son los más adecuados para esta población. Son expertos en la detección e intervención de los problemas psicológicos que puedan manifestar las mujeres embarazadas.

Durante el embarazo no únicamente se deben tener en cuenta los cambios fisiológicos y temperamentales que pueda vivir la mujer. Además, se debe evaluar si dispone de un buen apoyo psicosocial, en qué medida se siente entusiasmada por la nueva vida que va a traer al mundo, si realmente desea tener un bebé y en qué medida su entorno la está presionando para que lo tenga o no.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association (2013), Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. Arlington: American Psychiatric Publishing.
  • The American Congress of Obstetricians and Gynecologist (2019). Depression and Postpartum Depression: Resource Overview.