Historias de dragones, reyes, dioses y guerras.

Oriente siempre ha sido para los occidentales una tierra misteriosa y bella, de hermosos parajes y culturas muy diversas y antiguas. Uno de los países que en este sentido siempre ha despertado mayor fascinación y que a su vez ha tenido mayor impacto y relación con Europa a través de la historia es China, ya desde tiempos de Marco Polo e incluso desde la Edad Antigua.

Este país tiene una cultura milenaria en la que a través de los tiempos se han elaborado grandes mitos y tradiciones. De cara a ejemplificar esta riqueza y comprender un poco más de su idiosincrasia a lo largo de este artículo vamos a ver varias leyendas chinas, con su explicación.

10 grandes leyendas chinas

A continuación os mostramos una pequeña selección de una decena de conocidas leyendas chinas.

1. La leyenda del Rey Mono

Una de las grandes leyendas de China, y probablemente de las más conocidas a nivel mundial, es la leyenda del Rey Mono. Este personaje tiene una historia muy amplia, la cual nos habla de la búsqueda de la inmortalidad.

El Rey Mono Sun Wukong nació de una piedra mágica, procedente del caos, en las montañas Huāguǒ-shān. Tras unirse a un clan de simios, Sun Wokong demostró su valor lanzándose por una cascada y hallando tras ella un nuevo hogar para los monos, los cuales le nombraron rey. Sin embargo, el Rey Mono se hizo consciente tras la muerte de un semejante que algún día le llegaría la hora, con lo que decidió partir en búsqueda de la inmortalidad, disfrazándose con ropas humanas.

Tras partir encontraría a un gran maestro budista, el cual pese a sus reticencias iniciales termina por acogerle, darle su nombre y mostrarle grandes habilidades como la capacidad de transformarse o de dar impresionantes saltos de casi un centenar de kilómetros.

Pero un día, y tras ver cómo el Rey Mono utilizaba sus dones como un espectáculo, el maestro decidió echarlo del templo. Tras acabar su formación este ser realizó numerosos viajes con el fin de alcanzar la inmortalidad. Entre ellos destaca el viajar al Palacio del Rey Dragón del Mar del Este, de donde robaría la vara Ru Yi Bang que mantenía el equilibrio de los mares que posteriormente se convertirá en su arma (algo que generó graves cataclismos) y con la cual obligó a los grandes Reyes Dragón a darle equipamiento mágico. También viajó al Inferno para tachar su nombre y el.del resto de monos del libro de la vida y la muerte.

Es entonces cuando para intentar controlarle el emperador de Jade decide llevarlo otorgarle un título nobiliario. Primero le otorga el título de Protector de los Caballos de los Establos Imperiales, pero tras un conflicto decide agregarle el de Guardián del Huerto del Durazno de la Inmortalidad. Aún así, cuando le es negado el acceso a un banquete en honor a la Emperatriz Sun Wukong enfurece y decide robar los duraznos de la inmortalidad y las píldoras de la inmortalidad del señor Daoista Laozi, destruyendo también el huerto.

Luego, el emperador envía cien mil guerreros para detenerle, pero el Rey Mono logra derrotarlos. Finalmente es capturado y se ordena su ejecución, pero tras consumir las píldoras y duraznos de la inmortalidad, nada podía matarlo. Sun Wukong fue encerrado en el Horno de los Ocho Trigramas, donde ardió hasta que el instrumento explotó. Pero ello no bastó para acabar con él.

El emperador solicitó la ayuda de Buda, quién desafío al Rey Mono y apostó con él que era incapaz de saltar más allá de la palma de su mano. Si lo lograba sería nombrado emperador, y si no, sería encerrado. Sun Wukong aceptó la apuesta y saltó, hasta lo que él creyó era el fin del Universo en la que sólo podía ver cinco columnas. Orinó en ellas para marcar hasta donde había llegado. Al bajar, sin embargo, descubrió que esos pilares eran los dedos de Buda; había perdido su apuesta. Intentó escapar, pero Buda lo selló en la Montaña de los Cinco Elementos por toda la eternidad.

Siglos más tarde sería liberado por el monje Tang, a quien ayudaría en su viaje para recuperar las sagradas escrituras para China (eso sí, y con la ayuda de una banda a mágica que hacía que el monje pudiera generarle gran dolor en caso de necesidad).

2. La leyenda de la perla del dragón

Los dragones son criaturas muy admiradas en China. En este país suelen ser criaturas de gran poder pero también de gran sabiduría, a menudo vinculados con el clima. Sin embargo también pueden encontrar placer en las posesiones materiales, algunas de las cuales han sido codiciadas por el hombre. Tal y como ocurre en esta leyenda.

Dice la leyenda que hubo una vez un dragón que habitaba en la isla Kinabalu, el cual era generalmente pacífico y que quería y jugaba lanzando al aire y recogiendo una enorme perla la cual era su más valiosa posesión.

Esta era codiciada por muchos, y llegó un momento en que el emperador quiso incorporarla a su tesoro. Para ello encargó a su primogénito la tarea de hacerse con ella, embarcándose junto a su tripulación. El joven príncipe elaboró un plan para hacerse con la perla, solicitando a sus hombres que le hicieran una cometa capaz de soportar el peso de en hombre adulto y una linterna.

Cuando dicha cometa estuvo construida, el príncipe esperó a que fuera de noche para que el dragón se durmiera y con la ayuda del cometa pudo volar hasta la posición del dragón e intercambiar la perla por la lámpara. Tras ello fue recogido por la tripulación. Empero, el dragón pronto despertó y hecho una futura se abalanzó sobre el barco del príncipe con el fin de reclamar su posesión.

El príncipe y sus marineros, desesperados ante el ataque de la sierpe, decidieron cargar los cañones y disparar. Con el primer tiro el dragón pensó que estaban arrojando su perla, con lo que corrió a atraparla, pero el peso de la bala le arrastró hacia abajo, cayendo al mar. El príncipe logró volver a su hogar con la joya, que se convirtió en parte del tesoro imperial, y con el tiempo se volvería el nuevo emperador.

3. La leyenda de los amantes mariposa

Algunas de las leyendas existentes en China nos hablan de una visión más moderna de la tradicional para la época en que se escribieron. Nos hablan de la búsqueda del amor verdadero por encima de imposiciones familiares, así como de la búsqueda del saber en una población que por aquel entonces no tenia permitida la escuela: la mujer.

Dice la leyenda que hubo en la antigüedad una joven de nombre Zhu Yingtai la cual tenía el profundo deseo de aprender, tener una educación y obtener conocimiento. Pero por aquel entonces la mujer no tenía permitido el acceso a la educación más allá de la recibida en el hogar paterno, con lo que la inteligente muchacha decidió disfrazarse como un hombre para poder cumplir su sueño.

De este modo y con el consentimiento de su progenitor la joven pudo iniciar sus estudios. Durante su formación conoció a otro joven, Liang Shanbo, con el que compartiría habitación durante años y con el que iniciaría una amistad que poco a poco se haría cada vez más profunda. Tanto, que Zhu Yingtai terminó por enamorarse.

Sin embargo un día Zhu Yingtai recibiría la noticia de que su padre había enfermado y que había de volver a casa. La joven entregó a una de sus formadoras un abanico con el propósito de que llegado el momento se lo entregara a Liang Shanbo y le contara que deseaba casarse con él.

Tras ello, la joven se dispuso a volver a casa, y Liang Shanbo la acompañó. Zhu Yingtai intentó por el camino hacerle ver quién era realmente, sin éxito. Sin saber que hacer, la joven le intentó convencer de casarse con una supuesta hermana gemela. El joven terminó aceptando conocerla tiempo después, y tras haber acompañado un trecho a Zhu Yingtai se separó de ella para volver a sus estudios.

Al llegar al hogar la joven vio que su padre estaba recuperado. Pero también halló una mala noticia: su padre había concertado un matrimonio para ella. Tiempo después Liang Shanbo recibió el abanico y adivinó quien era Zhu Yingtai, con lo que acudió raudo a visitar a Zhu Yingtai y su familia. Sin embargo allí la joven le contó lo sucedido. Ambos lloraron y se juraron amor eterno, ante lo que el padre terminó por echar al joven. Liang Shanbo volvió a su hogar y al cabo de poco tiempo enfermó y murió.

Cuando llegó la fecha Zhu Yingtai tuvo que prepararse para su boda concertada, y mientras la llevaban en palanquín al lugar donde se oficiaria la comitiva encontró una tumba. Una tumba con el nombre de Liang Shanbo. La mujer se acercó y lloró por el amor perdido, pero de pronto la tumba se abrió a la par que apareció una gran tormenta. Zhu Yingtai sonrió y se lanzó al interior de la fosa.

Cuando lo hubo hecho la repentina tormenta amainó, y los miembros de la comitiva nupcial pudieron ver cómo de la tumba surgían dos hermosas mariposas, en las que habitaban las almas de Zhu Yingtai y Liang Shanbo, que se alejaron volaron juntas por siempre jamás.

4. La creación del Universo

Uno de los tipos de mitos que podemos observar en casi todas las mitologías y culturas hacen referencia a algo que ha despertado la curiosidad de la humanidad desde el principio de ella tiempos: cómo se formó el universo. La mitología china nos ofrece en este sentido la leyenda de Pangu o P'an-Ku como posible explicación.

Dice la leyenda que al principio sólo existía el caos, estando cielo y tierra Unidos y concentrado el universo en un huevo negro. Dentro de él dormía un único ser, Pangu o P'an-Ku. Cuando esté ser despertó se encontró atrapado en el huevo, con lo que procedió a romperlo. Ello hizo que parte del huevo, la más ligera y clara, saliera despedida y conformidad el cielo, mientras que la parte inferior y más oscura conformaría la Tierra. El gigantesco ser tendría la cabeza en el Cielo y los pies en la Tierra, y con el paso de los milenios ambos se irían agrandando.

Tras ello, nacieron también cuatro seres: el Dragón, el Feng Huang (semejante al fénix), la Tortuga y el Qilin. Uniendo fuerzas con Pangu, formaron las estaciones y los cinco elementos.

Pero P'an-Ku no era inmortal, y llegó un momento en que murió. Su muerte daría luz a una gran cantidad de elementos del mundo: de su aliento surgió el viento y sus ojos se tornarían el Sol y la Luna. Su barba las estrellas y sus huesos los minerales. Sus extremidades configurarían los pilares que separan el Cielo y la Tierra, y su sangre los mares.

Leyendas de China

5. Nüwa y la creación del hombre

En la antigüedad China poseía también una serie de antiguos dioses creadores, a menudo relacionados con la jerarquía imperial. Una de ellas es Nüwa, la primera deidad, un ente femenino que entre sus múltiples atribuciones algunas leyendas consideran la creadora de la humanidad.

Dice la leyenda que una vez creado el universo y las estrellas, los mares y las montañas, los bosques y los animales, nació también la primera diosa, Nüwa. Se trataba de un ser de torso hacia arriba humano y de torso hacia abajo dragón con la habilidad de transformarse. Esta deidad viajó por el mundo, asombrándose ante sus maravillas.

Sin embargo, la deidad consideró que al mundo le faltaba vida, hasta el punto que ella misma se sintió sola tras un tiempo. Tras pararse delante de un río, pudo ver sobre al agua su reflejo y empezó a pensar en crear seres semejantes a ella misma. Empezó a extraer barro y darle forma hasta lograr algo una forma que le gustara. Le dio piernas y brazos, y cuando por fin culminó su obra decidió insuflarle vida. Así nació el primer ser humano.

La diosa empezó a crear más y más personas, pero viendo que necesitaría muchas para poblar el mundo decidió colocar una caña de mimbre con el fin de remover el barro, para que cuando se extrajera surgieran pequeños fragmentos que a su vez se transformarían en otras personas. Asimismo, y dado que no les había dado el don de la inmortalidad, creo al hombre y la mujer para que pudieran concebir y generar más seres con los que poblar el mundo.

6. La leyenda de Gun y Yun y la gran Inundación

La cultura China, al igual que otras muchas de gran antigüedad, poseen leyendas que nos hablan de una gran inundación a nivel universal. Originalmente se consideraba que la Tierra era plana mientras que el Cielo era esférico, siendo sujetado el segundo por cuatro pilares que permitían el equilibrio y funcionamiento de ambos mundos. En base a esto existe una leyenda que nos habla de Gun, el héroe que robó la tierra, y su descendencia.

Dice la leyenda que hubo una vez una gran guerra en los Cielos entre el dios del agua Gong Gong y el dios del fuego Zhuan Xu, siendo el primero derrotado y en su rabia dándole un poderoso cabezazo a una montaña el cual llegó a derribarla. Pero esta montaña era una de los cuatro pilares que sostenían el cielo, lo que provocó una inclinación tal de este que afectó a las aguas del mundo. Ello condujo a una inundación que anegó toda la tierra conocida y provocó graves problemas para la subsistencia humana.

Viendo esto el emperador Yao ordenó a Gun intentar parar los efectos de la gran inundación, para lo que le quitó al dios del Cielo el secreto del xirang (suelo sagrado que crecía y se multiplicaba por sí mismo). Gun usó dicho poder para crear en los terrenos inundados embalses, gracias a que la tierra crecía a la misma velocidad que el agua hasta el punto de bloquear su paso. Pero el dios del Cielo reclamó el xirang y ordenó al dios Zhu Rong recuperarlo. Gun recogió todo el terreno que había creado (con lo que las aguas volvieron a anegar las áreas antes salvadas) y lo escondió. Tras casi una década intentando sin éxito parar a inundación con este método, y con la llegada de un nnuevo emperador, Gun fue encarcelado en el monte Yu Shan y finalmente fue ejecutado.

Sin embargo tras tres años su cuerpo permanecía incorrupto, algo que provocó que Zhu Rong le abriera un tajo en el vientre para ver qué ocurría. De allí surgió Yun, hijo de Gun. A él se le asignó también el mismo deber que a su padre, pero en su caso acabó comprendiendo que no bastaba con parar las aguas: generó con la ayuda de varios seres celestiales canales que permitieron drenar las aguas y tras trece años (en los cuales no visitó su casa por el miedo a perder la concentración) logró lo que su padre no había podido.

7. La leyenda de la Dama Serpiente Blanca

El amor prohibido es otra de las temáticas que puede verse en muchas leyendas chinas, siendo una de las más conocidas la de la Serpiente Blanca. Además también nos habla de no generalizar nuestras creencias, a partir de la visión de una serpiente benévola y amorosa.

Dice la leyenda que en el monte Emei vivían dos grandes serpientes, una blanca y una verde, las cuales contaban con poderes mágicos. Con ellos se transformaron en mujer y exploraron la región. Un día Serpiente Blanca, tomando el nombre de Bai Suzhen, encontró a un joven llamado Xu Xien en el camino. El contacto entre ambos dio lugar a un profundo amor, casándose ambos en poco tiempo y abriendo una botica entre ambos.

Pero un día, un sacerdote llamado Fa Hai le indicó a Xu Xien que su esposa era un demonio serpiente. Inicialmente no le creyó, pero durante unas celebraciones la mujer accedió a beber vino para no disgustar a su marido. Ello le hizo perder el control, algo que provocó que corriera a su habitación y allí se tranformara. Cuando Xu Xien entró y la vió como Serpiente Blanca, murió de terror. Ello hizo que la gran Serpiente empezará la búsqueda de hierbas mágicas capaces de devolverle a la vida, unas hierbas que el dios de la longevidad le concedió al compadecerse de su situación.

Vuelto a la vida, Xu Xien inicialmente pensó que había vivido una alucinación, pero acabo por acudir al templo de Fa Hai y hacerse sacerdote. Bai Suzhen acudió con su hermana a buscar a su marido, algo que tras negarse Fa Hai desencadenó un combate mágico en el que las damas hicieron que las aguas anegasen el templo a la par que el monje generaba tierra que impedía que ello sucediera. Estando la Serpiente Blanca embarazada y sus fuerzas menguadas, las Damas Blanca y Verde se retiraron.

Pero llegó el tiempo en que Bai Suzhen dió a luz y Xu Xian decidió visitarla y conocer a su hijo. Allí la mujer le confesó a su marido la verdad. Aprovechando el momento Fa Hai lanzó un hechizo que hizo que la Dama Blanca quedase atrapada en un recipiente de oro, arguyendo que su unión con un mortal estaba prohibida.

Sin embargo, con el paso del tiempo la hermana de la Dama Blanca, la Dama Verde (su forma humana llamada Xiao Qing) consiguió un mayor poder y logró liberar a su hermana y que el sacerdote fuera devorado por un cangrejo. Con ello la pareja pudo volver a reunirse, esta vez aceptándose y amándose tal cual eran.

8. La leyenda de Jing Wei

Algunas leyendas chinas tienen un fondo triste, pero que a su vez nos hablan de esfuerzo y perseverancia. Ejemplo de ello es la leyenda de Jing Wei, un ser mitológico que aprendió a aborrecer el mar e intenta secarlo por todos los medios.

Cuenta la leyenda que hubo una vez una joven princesa llamada Nu Wa (en honor a la deidad), hija del emperador Shen Nong. La joven amaba el mar y navegar por sus aguas, algo que hacía con habilidad y pasión y con la confianza de que nada malo le habría de pasar en ellas. Pero un día la corriente se llevó su barca, con tal suerte que estalló una tormenta y las grandes olas le provocaron hundirse y morir.

Sin embargo, su alma volvió al mundo en forma de Jing Wei, una hermosa ave en la que el antiguo amor por el mar se había transformado en un profundo odio al haberla matado. Y quiso vengarse. Acudió al mar y le comunicó que tenía intención de acabar con él, algo de lo que este se burló. El ave se dirigió entonces a tierra firme, y allí recogió todo lo que pudo para arrojarlo a las aguas y de este modo llenar el mar de tal modo que nadie más pudiera ahogarse, dispuesta a emplear todo el tiempo que fuera necesario, aunque fueran miles de años. Y ello es algo que la joven sigue haciendo día a día, llevando y arrojando con gran perseverancia todas las piedras, ramas y elementos que puede para lograr secarlo.

9. La leyenda de los cuatro dragones

El dragón es un animal mitológico de gran popularidad en China, siendo un ser profundamente asociado a la cultura y vinculado a las lluvias y al río. Además de la leyenda de la perla del dragón estos seres forman parte de otras muchas, incluyendo algunas que hacen referencia al origen de los principales ríos de China.

Dice la leyenda que antiguamente no existían ríos ni lagos en China, sino únicamente el mar. En él vivían cuatro grandes dragones: el Negro el cual adoraba volar por el aire, el Perlado el cual era dueño del fuego, el Amarillo enfocado en la tierra y el Gran Dragón que adoraba el agua.

Estos seres volaban y eran felices, hasta que un día vieron como en la tierra los seres humanos suplicaban a los dioses por la lluvia, sin la cual no podrían obtener cosechas para alimentarse. Los dragones, apenados, decidieron acudir al Emperador de Jade y le pidieron que hiciera llover. Este se irritó por su intromisión, pero prometió hacer llover al día siguiente y les dijo que volvieran al mar.

Sin embargo ni al día siguiente ni muchos días después cayó una sola gota de lluvia, algo que aumentó la desesperación de la humanidad. Los dragones se entristecieron ante la falta de actuación del emperador y su despreocupación para con el hombre. Visto que el emperador no iba a hacerlo, los dragones decidieron pasar a la acción. El Gran Dragón propuso tomar el agua del mar y arrojarla desde el cielo para regar los campos, algo que los cuatro hicieron con premura.

Pero el dios del mar avisó al emperador de Jade, que se enfureció al no haber contado con su permiso y mandó apresar a los dragones. El emperador ordenó al dios de las montañas que pusiera una montaña sobre cada uno de ellos con el fin de aprisionarlos por siempre. No arrepintiéndose de sus actos, los dragones se transformaron los ríos Yangtzé, Heilongjiang, Huanghe y Zhujiang.

10. La leyenda de las lágrimas de Meng Jiang Nü

Una famosísima leyenda tradicional china nos habla del poder del amor y la rabia ante la muerte de los seres amados, además de hacer referencia a las duras condiciones y los riesgos que corrieron los constructores de la Gran Muralla China.

Dice la leyenda que en la época en que la dinastía Qin ostentaba el poder en China y la Gran Muralla estaba en construcción, dos familias fueron separadas por esta: Los Meng y los Jiang. Estas, de cara a simbolizar su amistad, plantaron dos plantas trepadoras (una por cada lado) para que estas se encontraran arriba. Una vez unidas las plantas, ambas familias vieron que dicha unión había producido un enorme fruto.

Ambas familias discutieron de quien era, pero decidieron partirlo por la mitad de manera equitativa. Sin embargo, dentro del fruto encontraron una niña, que decidieron criar de manera conjunta con el nombre de Meng Jiang Nü. Esta chica creció y se hizo mujer, y un día conoció a un hombre de nombre Wan Xiliang el cual estaba siendo perseguido para ser ejecutado (dado que un sabio le había dicho al emperador que sacrificar a diez mil hombres evitaría el derrumbe de partes de la muralla, y el nombre Wan significa precisamente diez mil). Tras contarle la situación ella decidió ocultarle en su caso, pero con el paso del tiempo ambos se enamoraron y finalmente se casaron.

Pero precisamente el día de la boda Wan Xiliang fue capturado. En principio se le obligó a realizar trabajos forzados: participar en la construcción de la Gran Muralla China. Meng Jiang Nü no perdió la esperanza y esperó que su esposo volviera a ella. Sin embargo, al llegar el invierno este no regresó. La mujer procedió a tejer ropa para que su marido pudiera resguardarse del frío, para a continuación llevarla al lugar de la Gran Muralla en que en principio debía estar Wan Xiliang.

Sin embargo al llegar le esperaba una muy mala noticia: durante la construcción, el hombre había muerto y había sido enterrado en algún lugar de la Gran Muralla. La mujer lloró y lloró durante tres días y noches con tal fuerza que la Muralla se apiadó de ella, dejando que alrededor de 400 kilómetros de esta se hundieran. Entre ellos se encontraba el lugar donde Wan Xiliang estaba enterrado, algo que permitió que la mujer pudiera volver a ver a su amado.

Referencias bibliográficas:

  • Christie, Anthony (1968). Chinese Mythology. Feltham: Hamlyn Publishing.
  • Wu, K. C. (1982). The Chinese Heritage. New York: Crown Publishers.
  • Yang, Lihui and Deming An, with Jessica Anderson Turner (2005). Handbook of Chinese Mythology. New York: Oxford University Press.