El mundo está habitado, aproximadamente, por 7.700 millones de habitantes, de los cuales (según la Organización Mundial de la Salud) 690 millones pasaron hambre durante el año 2019. Es un hecho que la producción global y la distribución de bienes está completamente sesgada pues, en la otra cara de la moneda, 1900 millones de personas tenían sobrepeso en el año 2016.

Los números en lo que a población se refiere avanzan de forma vertiginosa y, por desgracia, las cadenas de producción de alimentos cada vez se ven más amenazadas por múltiples procesos: bacterias multirresistentes, falta de espacio, cambio climático y otros muchos eventos deletéreos para la ganadería y agricultura. Es razonable pensar, por lo tanto, que las características “naturales” de los seres de los que nos alimentamos ya no son suficientes.

Aquí entran en juego términos como la ingeniería genética y la selección artificial. El ser humano ha modificado o seleccionado los genes de diversas especies de seres vivos de interés agrícola, ganadero o cualquier animal con interés social (mascotas, animales de carga, etc) para su propio beneficio a lo largo de la historia: no estamos ante una práctica nueva, pero sí ante una expansión cada vez más agresiva de la misma. Si quieres conocer más acerca de la selección artificial y lo que esta conlleva, sigue leyendo.

¿Qué es la selección artificial?

Es común que la sociedad tema al “fantasma” del cambio, pues jugar a ser dioses puede parecer peligroso en un mundo en el que nos queda mucho por conocer. La realidad es que, para bien o para mal, el ser humano se ha alejado de los mecanismos naturales desde hace cientos y cientos de años.

Para comprender lo que es la selección artificial, lo primero que hay que esclarecer es qué no es, pues es común atribuir características sesgadas a este tipo de términos según el argumento que se está tratando de esgrimir. Con todo el cuidado del mundo y pies de plomo, te enfrentamos el término de selección artificial con otros relacionados con él en las siguientes líneas.

Selección artificial VS selección natural

La selección natural se define como el mecanismo evolutivo basado en la reproducción diferencial de los genotipos en una población biológica. Postulada por el famosísimo biólogo Charles Darwin, la selección natural postula que las condiciones ambientales (sean bióticas o abióticas, es decir, del ambiente físico o provocadas por otros seres vivos) favorecen o dificultan la reproducción de las especies según sus peculiaridades.

Es necesario conocer que la selección natural no es un mecanismo infalible y perfecto: los seres vivos hacen lo que pueden con lo que tienen, razón por la cual no todas las adaptaciones son las mejores en un medio dado. En resumen, toda esta fuerza evolutiva se basa en la aptitud: los seres vivos que presenten las características más aptas en un medio dado vivirán más y, por tanto, se reproducirán más y transmitirán sus genes a las siguientes generaciones.

También es importante destacar que la selección natural no es una fuerza única, pues la evolución también se ve sesgada por procesos como la deriva genética, completamente aleatorios y de naturaleza estocástica.

Por otro lado, la selección artificial, como su propio nombre indica, no responde a los mecanismos adaptativos normales en un entorno salvaje. Estamos ante un medio de todo menos natural, pues se caracteriza por desarrollarse en un entorno ampliamente antropizado donde se elige lo que a nosotros, los seres humanos, nos interesa.

Selección artificial VS ingeniería genética

Es muy común observar una clara confusión en lo que a estos dos términos se refiere. Es hora de definirlos a ambos de forma rápida y concisa para no dejar espacio posible a la duda.

La ingeniería genética se puede resumir en el siguiente concepto: una disciplina que engloba una serie de técnicas que implican la modificación directa de los genes de un organismo con un fin concreto.

Por otro lado, la selección artificial, valga la redundancia, es la selección de los progenitores con uno (o varios) caracteres de interés, con el fin de que todos los descendientes posibles también los presenten y se extienda en la población el rasgo buscado.

Resulta chocante conocer que, a día de hoy, solo se comercializan 27 tipos de cultivos transgénicos y el 95% de animales modificados genéticamente son ratas de laboratorio con fines puramente científicos. La realidad es que la mayoría de los alimentos que acaban en nuestra mesa son producto de la selección artificial y no de la ingeniería genética, pues obtener un animal transgénico es costoso monetariamente, difícil y, a día de hoy, una práctica nada común en el ámbito ganadero.

Tipos de selección artificial

Como habrás podido observar, existe un claro atributo que diferencia a la selección artificial del resto de mecanismos: aquí el ser humano elige lo mejor de lo que hay ya disponible, pues no crea rasgos nuevos donde antes no había indicio alguno de ellos.

Así pues, cuando hablamos de una gallina que pone muchísimos huevos, nos estamos refiriendo al producto de una extensa historia de selección artificial donde cada vez se han ido seleccionando los progenitores ponedores más aptos, no de un animal transgénico que ha sufrido una modificación genética. Es muy importante realizar esta distinción pues, aunque el término “transgénico” esté de moda, no está para nada tan extendido como mucha gente piensa.

Una vez hemos salido de este bosque de dudas terminológicas, también es necesario recalcar que existen varios tipos de selección artificial. En base al grado de planificación de la misma, existen dos tipos:

  • Consciente: cuando responde a un plan de selección, diseñado y ejecutado a voluntad, para preservar ciertos rasgos por encima de otros en una especie doméstica.
  • Inconsciente: cuando ocurre de manera accidental, respondiendo a criterios no planificados de antemano (o al menos no formalizados).

Un ejemplo claro de selección consciente que se explica por sí mismo es el de los perros: las razas son producto del cruzamiento y endogamia, donde se seleccionan para la reproducción sexual los individuos de interés mediante un criterio específico. Por otro lado, y sin abandonar el mundo de los cánidos, el caso de los lobos negros podría considerarse como una selección artificial inconsciente.

Según estipulan fuentes científicas, estos lobos negros pertenecen a la misma especie que los lobos grises de toda la vida (Canis lupus), pero se especula que su color melanístico surgió a partir del cruzamiento con perros domésticos que presentaban dicho gen. Así pues, en este caso el ser humano estaría realizando una selección artificial inconsciente: se modifican de forma indirecta (y sin querer) las características de una población animal.

Por otro lado, la selección artificial también se puede dividir según lo que se busque (o no) en la población de interés:

  • Selección negativa: evitar que nazcan ejemplares con características que no son deseadas.
  • Selección positiva: favorecer la reproducción de ciertos seres vivos con las características deseadas.

En nuestra mente, solemos pensar en la selección positiva al hablar de la selección artificial: elegimos los tomates más grandes, las gallinas que más ponen, las vacas con más carne y musculatura. La realidad es que, un ganadero, cuando sacrifica a un animal con una disfunción genética, ya está realizando sin darse cuenta una selección artificial negativa. Es mucho más común seleccionar a los seres vivos en base a lo que no se quiere (enfermedades, defectos congénitos y otros eventos) que elegirlos por sus atributos positivos.

Beneficios y perjuicios de este procedimiento

No podemos cerrar este espacio sin las obvias connotaciones éticas que la selección artificial acarrea consigo. Entre los beneficios más claros de estas técnicas podemos encontrar los siguientes:

  • La selección artificial permite una convivencia más armónica entre las especies domésticas y la sociedad humana.
  • Se puede aumentar la capacidad de producción con el mismo espacio y número de individuos.
  • A veces, la selección artificial permite la permanencia de ciertas especies a lo largo del tiempo, ya que se encuentran en un entorno controlado.

Por otro lado, las desventajas de todo esto también están más que claras: a veces algunas poblaciones se convierten en la sombra de lo que eran en su entorno salvaje. La endogamia excesiva, por ejemplo, produce un debilitamiento del linaje genético de la especie y de su destino evolutivo: los descendientes de este tipo de selección son más proclives a sufrir ciertas enfermedades, dificultades anatómicas, mutaciones impredecibles y un sinfín más de problemas. La realidad es verdaderamente incómoda, pues está claro que un perro carlino nunca tendrá la misma salud y aptitud evolutiva que un lobo.

Y tú, ¿qué opinas?

Como habrás podido leer en estas líneas, estamos ante un tema bastante espinoso. Está claro que la selección artificial conlleva múltiples dilemas éticos, pues ¿cuándo es injustificable la modificación de una especie? ¿Hasta qué punto se puede tensar la cuerda evolutiva sin romperla? ¿Cuál es el límite de sufrimiento animal que estamos dispuestos a fomentar con tal de aumentar la productividad?

Todas estas cuestiones dependen del juicio y valores de todos y cada uno de los lectores que hayan recorrido estas líneas. No existe una respuesta definitiva, pero una cosa es clara: cada vez somos más personas en el planeta, y la naturaleza ya no es capaz de abastecernos. Qué hacer a partir de aquí queda sujeto a juicio personal.

Referencias bibliográficas:

  • Con el aumento del hambre y la persistencia de la malnutrición, el logro del hambre cero para 2030 es dudoso, advierte un informe de las Naciones Unidas, Organización Mundial de la Salud. Recogido a 13 de diciembre en https://www.who.int/es/news/item/13-07-2020-as-more-go-hungry-and-malnutrition-persists-achieving-zero-hunger-by-2030-in-doubt-un-report-warns#:~:text=En%20la%20%C3%BAltima%20edici%C3%B3n%20de,60%20millones%20en%20cinco%20a%C3%B1os).
  • La selección artificial, undestandingevolution. Recogido a 13 de diciembre en https://evolution.berkeley.edu/evolibrary/article/0_0_0/evo_30_sp
  • Lungarete, F. (2012). Selección artificial (Doctoral dissertation, Universidad Nacional de La Plata).
  • Soler, M. (2002). Evolución. Proyecto Sur de Ediciones: Granada.