La Teología de la Liberación surgió en la década de los 60’s como un opción ética para la gente que se encontraba en situación de pobreza en América Latina. A grandes rasgos interpreta las enseñanzas bíblicas con la intención de apoyar a la reivindicación de los sectores más desprotegidos por las instituciones políticas y económicas.

Su desarrollo fue uno de los antecedentes para el surgimiento de varios movimientos sociales e incluso modelos teóricos que reformularon no solo la Iglesia, sino algunas de las prácticas más importantes principalmente de comunidades latinoamericanas.

De la Teología Europea a la Teología de la Liberación

La teología, que proviene del latín theos (Dios) y logos (razonamiento), es la reflexión y el estudio filosófico sobre los conocimientos, atributos y hechos relacionados con Dios.

Es un campo de estudio muy complejo y con muchos siglos de historia, cuyo desarrollo ha tenido distintos matices según el lugar del que ha partido. Por eso, ofrecer una definición de la Teoría de la Liberación implica aproximarnos a su historia y su contexto.

La teología en América Latina

Los orígenes más remotos de la teología en la región latinoamericana se encuentran en la conquista española, momento en el que se había establecido un modelo de orden social basado en una cristiandad bastante omisa ante las injusticias provocadas por la colonización y por la esclavitud.

En este contexto, hubo sacerdotes atentos y sensibles a la propia complicidad del clero en la reproducción de las desigualdades sociales, así como ante el poco acceso que tenía la gente más pobre a la propia Iglesia. Ellos sentaron las primeras bases para cuestionar las prácticas de la iglesia y de un catolicismo colonial, que posteriormente y en el contexto europeo siguieron desarrollándose.

Con los movimientos de independencia latinoamericanos, la Iglesia entró en una profunda crisis. La comunidad quedó dividida entre quienes apoyaban, o incluso luchaban por la independencia, y los que no; proceso que finalmente no estuvo del todo consumado después de las luchas latinoamericanas, con lo cual, ha seguido desarrollándose en distintas facetas a lo largo del tiempo.

Teología y luchas sociales

Entrado el siglo XX, una buena parte del catolicismo latinoamericano empezó a reconocer varios de los problemas sociales por los que atravesaba la región, con lo que un sector de la Iglesia empezó a crear alianzas con movimientos y luchas sociales a favor de los más desprotegidos.

En la década de los 60s, y frente a las crisis políticas y económicas que se agudizaron en latinoamérica, así como ante las transformaciones de la Iglesia Católica en dichas zona, la sociedad y un sector importante del catolicismo se entrelazaron.

Así, en la década siguiente, dicho sector se posiciona como uno de los principales promotores para la transformación de distintos problemas de orden social que estaban generando mucha pobreza. Comenzaron a cuestionar la premisa de que Dios y la Iglesia pueden llegar a todas partes, independientemente de la situación social y la condición económica.

Entre otras cosas cuestionaron la concentración del catolicismo en las grandes urbes, así como varias prácticas de la iglesia que asemejan a sus representantes, con los representantes políticos y económicos que dividían a las sociedades entre pobres y ricos. Nuevamente hubo quienes se dieron cuenta de que la Iglesia estaba participando como aliada de las desigualdades sociales.

El auge de la Teología de la Liberación

Especialmente en Brasil, una buena parte de la Iglesia comenzó a cuestionar de manera importante las condiciones sociales, incluso la propia clase política empezaba a llamar a la injusticia social “el gran pecado”.

A partir de esto, empezaron a generarse estrategias locales para el desarrollo del campo, que fueron útiles por lo menos en inicio, y que sobre todo influyeron en la radicalización de la clase media, que comenzaba a apoyar de manera importante a la clase obrera. En este contexto aparece, por ejemplo, el movimiento de alfabetización para adultos de Paulo Freire y su pedagogía del oprimido.

Tiempo después, y distintos matices, la Teología de la Liberación se extiende hacia Cuba, luego Venezuela, Guatemala, Perú y otros países de la región, con lo que incluso, el gobierno estadounidense en turno lanzó una “Alianza para el Progreso”, que prometía ayudas para el desarrollo social (aunque también desplegaba cuerpos policiales para contener las guerrillas). Con esto mismo una parte de la Iglesia quedó unida con partidos demócratas en la implementación de ayudas sociales.

En suma, las revoluciones sociales comenzaban a tener que ver con las reflexiones teológicas, lo que agudizó aún más la crisis de la Iglesia tradicional. Un sector importante de la Iglesia no se encontraba tanto en la política, como en la acción social directa, en proyectos comunitarios para el desarrollo. Esta era la Teología de la Liberación.

De la acción social a la acción política y otros límites

La Teología de la Liberación se encontró también con algunos límites, precisamente al reconocer que la pobreza es un problema estructural que requiere acciones políticas desde lo más básico.

A partir de ahí, la Teología de la Liberación tuvo que vincularse directamente con compromisos políticos, y posteriormente económicos. Por ejemplo, surgieron distintos movimientos sociales-teológicos. Así, cuando se proclama el documento Concilio Vaticano II, iniciativa de reforma de la Iglesia que marcó el siglo XX, donde entre otras cosas se le daba un papel más activo a los fieles y más modesto a la Iglesia, los teólogos latinoamericanos fortalecieron su mirada crítica y la enfocaron hacia los problemas de la región.

Es decir que, el sujeto de la teología ya no era nada más el individuo, sino la articulación crítica del teólogo con la comunidad creyente, especialmente las comunidades en pobreza.

También por esto se conoce como Teología Latinoamericana de la Liberación, porque al haber puesto el foco en los problemas propios de América Latina se había establecido una ruptura importante con la matriz europea. Incluso hubo quienes se hicieron llamar “Obispos del Tercer Mundo” o “Movimientos de Sacerdotes para el Tercer Mundo”. Ellos mismos eran quienes empleaban la palabra “liberación”.

Los sacerdotes debían tener un compromiso con la transformación de la sociedad, en contra de las violencias estructurales e institucionales globales. La pobreza empieza a ser comprendida como una cuestión que tiene que ver con Dios, y su solucion tambien.

Su desarrollo posterior se extendió en distintas ramas y hacia reflexiones en contextos fuera de América Latina. Más recientemente se ha desarrollado en articulación con el feminismo, la teoría marxista y también alrededor de la pregunta sobre la victimización constante de las personas en situaciones vulnerables, es decir, sobre la necesidad de reconocer a la gente en situación de pobreza como agentes, y no solo víctimas, en las estructuras sociales.

Referencias bibliográficas: