La psicología infantil es un ámbito de investigación y de intervención fascinante, además de ser uno de los más importantes.

Conocer mejor o peor la manera de comportarse, de pensar y de sentir de los más pequeños puede tener implicaciones muy importantes en su desarrollo físico y mental. No en vano, la infancia es una etapa en la que somos especialmente sensibles a lo que ocurre a nuestro alrededor, y si no contamos con los conocimientos o con la supervisión adecuada como padres, madres y tutores, las consecuencias pueden ser muy negativas.

Por eso, en las siguientes líneas veremos una selección de ideas fundamentales pertenecientes al mundo de la psicología infantil, con las que es posible entender mejor a los pequeños.

7 claves para comprender mejor la psicología infantil

Estas son varias ideas fundamentales que merece la pena conocer como padres, madres, tutores o profesionales de la educación al ayudar a los niños y niñas a desarrollarse.

1. Los niños no son adultos incompletos

Una de las maneras más erróneas de entender lo que es la infancia consiste en creer que los niños y niñas son como personas adultas a las que les faltan componentes.

Es mucho más adecuado y realistas entender que tienen su propia manera de pensar y de sentir, y que a pesar de que a medida que crezcan su mente irá evolucionando, ya son personas "completas" por sí mismas: crean sus propias explicaciones acerca de lo que no conocen, desarrollan su propia manera de jugar y de relacionarse, crean sus códigos de comportamiento en todos los ámbitos de la vida, etc.

2. La infancia no es una carrera por aprender

Hay quienes se esfuerzan por que sus hijos aprendan lo máximo posible en el menor tiempo posible. Esto es un error; en la infancia, la posibilidad de disfrutar de tiempo libre, socializar y jugar son fundamentales, además de constituir una fuente inagotable de aprendizajes realizados de manera espontánea.

3. Los referentes de los niños son el resto de niños

Otra idea clave de la psicología infantil es que como adultos que los crían, les dan cariño y contribuyen a educarlos, nuestro papel es muy importante en cuanto a favorecer un buen desarrollo de los niños. Sin embargo, la gran mayoría de los pequeños tienen como referentes principales a los niños de su edad o un poco mayores que ellos.

Esto es algo natural y que no tiene nada de malo en sí mismo; no pasa nada por que nuestros hijos no adopten nuestros valores, nuestros gustos o nuestra manera de pensar, y desde luego, es totalmente perjudicial intentar "forzar" que esto ocurra. Lo que sí se puede hacer es permitir que esas ideas, conocimientos y valores estén disponibles en el hogar en el que crecen nuestros hijos, para que si son compatibles con su manera de ser, tengan la oportunidad de hacerlos también suyos.

4. Necesitan un entorno con estímulos, contacto con los demás, y cariño

Las investigaciones científicas demuestran que todos los niños necesitan disponer de contacto físico habitual con otras personas y con entornos que contengan una cierta variedad de estímulos. De no ser así, pueden desarrollar trastornos psicológicos y psiquiátricos severos. En cualquier caso, la mayoría de hogares y familias ya cumplen estas condiciones.

5. La curiosidad es el motor de su aprendizaje

La curiosidad es una de las señas de identidad de la infancia, y es a través de ella que tienen lugar la mayor parte de las situaciones de aprendizaje. Por eso, no hay que hacer que se sientan avergonzados por hacer demasiadas preguntas, incluso aunque eso pueda llegar a agotar nuestra paciencia.

6. Los incentivos son mucho más efectivos que los castigos

A medio y largo plazo, crear un sistema de incentivos (no necesariamente materiales, también pueden ser simbólicos o estar basados en los elogios y la admiración) es más eficaz que castigar a los pequeños cuando se portan mal. De este modo, es más sencillo que lleguen a compartir metas con sus padres o cuidadores.

7. La imaginación y el juego no se pueden desligar

Por norma general, los niños y niñas que no tienen ocasiones para jugar solos o acompañados, tampoco tendrán tantas ocasiones para imaginar.

El hábito de perderse en situaciones imaginarias es una prolongación del juego que se produce interactuando con el entorno: en vez de manipular juguetes y de explorar lugares, se manipulan y se exploran elementos imaginados inspirados en los estímulos que el pequeño ha encontrado en el mundo real.

Por eso, poder permitirse jugar, leer, ver películas... todo ello les aporta más referentes con los cuales pueden crear situaciones imaginarias más interesantes y ricas en matices.

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Referencias bibliográficas:

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