Un pueblo castigado por una de las formas más crueles de discriminación.

Este artículo está dedicado a una gente olvidada: los agotes. Que su nombre no te diga nada no es sorprendente. Su historia es algo misteriosa y hasta cierto punto oscura, pero si esto es así es porque se intentó terminar con ella deliberadamente.

Y es que hablar de los agotes aún hoy está considerado como algo malo o indeseable en algunas zonas de los Pirineos. En otros lugares sencillamente nadie se acuerda ya de ellos.

La misteriosa historia de los agotes

Se sabe que los agotes habitaban en la parte occidental de los Pirineos, entre lo que hoy es Francia y España. Los primeros registros sobre ellos se remontan al siglo XIII, y ya en estos los agotes están referidos como una raza inferior. Se les conocía como “los intocables”.

Sin embargo, la historia de este grupo está muy desdibujada, y su opacidad se debe a diferentes factores, pero su desaparición como pueblo ha impedido tener siquiera ningún tipo de historia oral.

Además de su desaparición como colectivo, se quiso olvidar su historia. De hecho, al final fueron ellos mismos los que se intentaron que esto sucediera. En tiempos de la Revolución Francesa, muchos agotes o descendientes de ellos llegaron a saquear archivos locales para borrar cualquier rastro de información sobre sus ancestros. Se cree que muchos emigraron y otros acabaron finalmente quedando asimilados entre la población general.

Viviendo en apartheid desde el siglo XIII

En tiempos medievales, a los agotes no se les permitía mezclarse con las otras personas, teniendo que vivir separados de la otra gente. Estuvieron apartados a lo largo de los siglos, y cuando un agote entraba en una ciudad estos tenían que informar de su presencia. Del mismo modo que los leprosos, tenían que ir haciendo sonar na campana.

Tradicionalmente se ha relacionado a los agotes con algún tipo de peste. Se documenta una llamada “peste blanca”, que supuestamente tenía carácter hereditario y que sólo les afectaría a ellos. Además, los malos olores que se les atribuían hicieron que se les prohibiera dedicarse a ganarse la vida con ciertos trabajos (agricultura, ganadería o cualquiera que pudiera significar contagio).

Al no tener permitido ingresar a la mayoría de los oficios o profesiones, se les empujaba a realizar trabajos como la construcción o la música. Pero parece ser que una de las profesiones que se les forzó a asumir con especial ahínco fue la de leñadores de madera, y acabaron siendo buenos carpinteros con el tiempo.

Realizaban barriles para el vino, ataúdes para los muertos y hasta iglesias pirenaicas de las cuales fueron parcialmente excluidas. Podían entrar en las iglesias, pero tenían sus propias puertas para acceder a ellas de manera separada del resto.

Prohibiciones y persecución

Es innegable que había prohibiciones sobre los agotes muy extrañas. Por ejemplo, mientras que los campesinos iban descalzos, a ellos se les obligaba a taparse los pies, porque se creía que los tenían deformes. Tampoco se les permitía tocar ciertas partes de construcciones públicas como puentes.

Conociendo rarezas del estilo, no sorprende que a los agotes no se les permitiera comer con los no agotes. Incluso se les prohibía contraer matrimonio con otros miembros de la sociedad. Esto llevó a una marcada endogamia durante siglos.

Algunos decían que los agotes eran psicóticos e incluso caníbales, y a veces el fanatismo se aplicaba de forma brutal sobre ellos. Hay constancia de actos concretos terribles contra ellos a principios del siglo XVIII. Por ejemplo, a uno se le perforaron los pies con piezas de hierro afiladas por atreverse a cultivar unos campos y otros muchos fueron quemados en la hoguera.

Básicamente, si hubo algún crimen en una aldea por lo general se culpaba a los agotes, del mismo modo que pasaba con las mujeres que se consideraban brujas.

¿Quiénes eran y de dónde provienen?

Como hemos podido constatar, han existido muchas ideas absurdas alrededor de los agotes, pero la mayoría de información proviene de “exámenes científicos” llevados a cabo por doctores franceses a partir del S. XVIII.

De este modo, lo que sabemos es que había un grupo de gente que vivía apartada del resto, pues aparentemente debían ser repudiados por algún motivo tan grave como desconocido. Las personas los discriminaban por algún motivo concreto que nadie recordaba ya. Además, se dice que eran despreciables, pues supuestamente se expresaban defectos y enfermedades en su cuerpo.

Pero, ¿quiénes eran los agotes en realidad?¿De dónde provenían? A continuación veremos las 4 hipótesis más serias que se tienen hasta el momento.

Hipótesis nº1: leprosos

Hay varios historiadores que se han dedicado a tratar de resolver el misterio de los agotes. Una de las teorías existentes es que sencillamente eran leprosos contagiosos o descendientes de ellos. Esto explicaría por qué no se dejaba tocar ciertas cosas a los agotes. Pero esto contrasta con diversas fuentes que los describen como unos individuos saludables y hasta robustos.

Hipótesis nº2: esclavos

Otra hipótesis es que los agotes fueron esclavos de los godos, un pueblo germánico que llegó en lo que hoy es Francia durante la Edad Media. Los etimólogos deducen que los agotes, conocidos como “cagots” en Francia, podrían deber su nombre a "cani Gothi". Esto significa "perros de los godos". Aunque también se cree posible que su nombre derive de “caca”.

Hipótesis nº3: carpinteros

En 2008, el escritor británico Graham Robb formuló una nueva teoría a través la publicación de su libro The Discovery of France: A Historical Geography. Robb piensa que los agotes fueron en origen un gremio de carpinteros que trabajaban muy bien la madera. Esta nueva hipótesis va en la dirección de que la rivalidad comercial generó un fanatismo contra ellos.

Hipótesis nº4: sarracenos, cátaros o algún otro grupo humano aislado

Hay también la creencia de que los agotes son descendientes de algún grupo étnico que quedó aislado en algún momento determinado de la historia. Se cree que podrían ser un grupo de sarracenos, árabes que quedaron en aquella región después de las invasiones musulmana del siglo VIII de lo que hoy es Portugal, España y el sur de Francia.

También se les asocia a los fideles al catarismo, cuyo centro geográfico se ubicaba en Occitania. Esta doctrina cristiana criticaba que el catolicismo hubiera abandonado los ideales evangélicos y exhibiera oro en sus iglesias. Así, en el siglo XIII, el Papa Inocencio III declaró lo que se conoció como la cruzada albigense para eliminar a los “herejes”, permitiendo lo que fue la incorporación de Occitania a Francia.

Referencias bibliográficas:

  • Aguirre Delclaux, M.C. (2005). Los agotes. El final de una maldición. Madrid: Sílex Ediciones.
  • Bell, G. (2008). The Discovery of France: A Historical Geography. New York: W. W. Norton & Company.
  • Fabre, M. (1987). Le Mystère des Cagots, race maudite des Pyrénées. Pau: MCT.
  • García-Egocheaga, J. (2003). Minorías malditas: la historia desconocida de otros pueblos de España. Madrid: Susaeta Ediciones.