La autoecología se define como una rama de la ecología que se encarga del estudio de las interacciones entre un individuo, población o especie con el ambiente total en el que habita. Esto engloba a las relaciones tanto con los elementos vivos como con los no vivos del ecosistema donde la especie desarrolla sus funciones vitales.

Esta rama se diferencia de la sinecología y la ecología poblacional en que se basa en una observación más específica a nivel de individuo y sus adaptaciones frente al medio, en comparación con un estudio más generalizado entre comunidades biológicas. Esto ni mucho menos significa que una disciplina sea más válida que otra: todas son complementarias, pues abordan desde distintos puntos de vista los mismos problemas.

En un mundo en el que más de 32.000 especies se encuentran en peligro de extinción (el 27 % de todas las descritas), el conocimiento basal de los requerimientos y las necesidades de los seres vivos se hace esencial. Por ello, la autoecología es una rama científica cada vez más a la alza. Conoce aquí todos los secretos sobre esta apasionante disciplina biológica.

¿Qué es la autoecología? Conservación y conocimiento

Como hemos dicho con anterioridad, la autoecología se centra en la adaptación a nivel individual de las especies frente a los factores bióticos y abióticos del ecosistema en el que habitan, los cuales también influyen en sus hábitos de vida y modificaciones fisiológicas a lo largo de las generaciones.

Debido a que se trata de un campo mayoritariamente experimental basado en la unidad básica de clasificación biológica (es decir, la especie), muchos consideran a esta disciplina como el escalón más básico de la ecología. Desde luego, a pesar de que se trate de un término foráneo para la población general, no está ni mucho menos exento de importancia en el terreno de conocimiento y conservación de los seres vivos.

Muchas de estas disciplinas parecen carentes de función en una sociedad globalizada donde el consumo e industrialización están al alza, y los sistemas naturales, cada vez más desatendidos y a merced de un utilitarismo salvaje.

Para entender más la importancia de la autoecología y otras disciplinas biológicas, pongamos en perspectiva la situación de nuestro planeta con algunos datos brindados por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN):

  • 32.000 especies de seres vivos se encuentran en peligro de extinción, es decir, el 27 % de toda la biodiversidad descrita.
  • De esta cifra, casi 7.000 especies están en peligro crítico. Esto es que, de forma general, han experimentado una reducción poblacional del 90 %.
  • Los anfibios son el grupo más golpeado, pues un 41 % de sus representantes están en riesgo de desaparecer.
  • Por todas estas cifras, se puede considerar que estamos ante la sexta extinción masiva (extinción del antropoceno).

Desde luego, el panorama no es alentador. A pesar de arrastrar a la desaparición a especies de seres vivos con una actividad antrópica desmesurada, una cosa es clara: si no salvamos la biodiversidad del planeta, puede que lleguemos a un escenario donde sea demasiado tarde salvarnos a nosotros mismos.

Autoecología

¿Quién sabe cuán grande podría ser el efecto de la desaparición de un pequeño invertebrado (como las abejas) sobre los ecosistemas y la sociedad humana, por ejemplo? Se puede teorizar y modelizar científica y computacionalmente, pero la realidad es que los efectos de desequilibrar el medio ambiente nunca se pueden adivinar del todo.

Así pues, una vez expuestos todos estos datos, quizá la idea de recoger información fehaciente y específica acerca de los distintos seres vivos que pueblan el planeta ya no resulte una cuestión anecdótica.

Teoría básica

Volviendo a un marco menos catastrofista y más teórico, podemos afirmar que la autoecología es una rama mayoritariamente experimental que se basa en explorar variables como la humedad, luz, temperatura y nutrientes con la intención de comprender las necesidades, historia vital y comportamiento de los distintos seres vivos en su medio natural.

Aún así, las autoecologías entre taxones de seres vivos pueden complicarse de forma considerable al tener en cuenta mutualismos y otras relaciones con otros seres vivos del ecosistema (es decir, con el componente biótico). A continuación, te mostramos los tres pilares básicos de esta apasionante disciplina.

1. Concepto del reconocimiento

La idea que ha de quedar más clara en lo referente a esta rama de la ecología es que se basa en el estudio de la unidad funcional básica de cualquier ecosistema: esto es, la especie. Todos los individuos dentro de esta agrupación presentan una serie de adaptaciones compartidas, que condicionan e influencian su ecología.

El concepto del reconocimiento a nivel de especie difiere de la definición más puramente biológica de la misma. No desesperes, pues intentamos explicarlo de forma sencilla. Según la autoecología, las diferentes especies tienen mecanismos de reproducción específicos que permiten a los individuos reconocer a potenciales parejas (por ejemplo cantos, bailes o feromonas) y que difieren de las conductas presentadas por el resto de especies.

Esta postulación es relativamente diferente (si bien complementaria) a la definición de especie desde un punto de vista utilitario, pues esta barrera reproductiva se define como una mera esterilidad entre diferentes taxones desde el punto de vista más estricto.

Resumiendo un poco este conglomerado terminológico, podríamos decir que la rama que hoy nos atañe se fija más en los comportamientos y adaptaciones que limitan la reproducción sexual entre individuos en contraste con una visión meramente adaptativa al medio de los procesos de fertilización. Complejo, ¿verdad?

2. Emparejamiento ambiental

Los individuos dentro del rango de una especie tienden a ser relativamente uniformes en lo que a necesidades dietéticas, requerimientos ambientales y rango de tolerancias climáticas se refiere. Desde luego, estas necesidades vitales difieren entre especies.

La autoecología trata de comprender los requerimientos y tolerancias de las especies particulares, y así, poder predecir cuáles serán sus fluctuaciones biológicas ante cambios ambientales a lo largo del tiempo. Por poner algunos ejemplos esclarecedores, está claro que el medio condiciona los comportamientos animales: las migraciones o los procesos de hibernación son respuestas completamente ligadas a procesos climáticos cambiantes.

3. Tamaños poblacionales y otras consideraciones

La teoría autoecológica postula que las poblaciones de una especie concreta se reproducen en base a un ritmo de reemplazamiento generacional (equilibrio), a menos que exista una variación ambiental que genere índices de supervivencia individuales demasiado bajos o desmesurados, lo que daría lugar a un desajuste en los números poblacionales hasta que se restablezca el punto de equilibrio previo.

Autoecología

¿Para qué sirve?

Toda esta teoría puede sonar muy técnica e impresionante, pero, ¿para qué sirve? Lo cierto es que entender los requerimientos e interacciones específicas de los individuos a nivel de especie resulta esencial para su conservación y mantenimiento.

Algo tan sencillo como conocer el pH del agua en el que habita una especie de anfibio puede llegar a salvarle de la extinción en un futuro. Cada factor, por ínfimo que parezca, juega un papel esencial en el desarrollo y evolución de las especies. Es de esencial importancia conocer los parámetros ambientales en los que se mueven los seres vivos en su ambiente natural, pues sino, al querer imitarlos en condiciones antrópicas cuando se encuentren amenazados, es posible que no se puedan registrar por falta de poblaciones salvajes.

Además, la utilidad de la autoecología no se basa en un acto de mera empatía con los ecosistemas. Conocer los requerimientos y necesidades de algunas especies (como por ejemplo, las pestes de invertebrados) también puede ser esencial para aprender a combatirlas a largo plazo con el mínimo gasto monetario posible.

Conclusiones

Por devastador que pueda parecer, de nuevo debemos de enfrentarnos a ciertas cifras poco alentadoras.

Expertos científicos estiman que de 150 a 200 especies de seres vivos se extinguen cada 24 horas, un dato nada desdeñable. Estamos ante una etapa cambiante, hasta tal punto que diversos expertos han propuesto que denominemos a esta Era geológica como el “Antropoceno”, para reflejar los cambios e impactos que nuestra especie ha supuesto sobre la Tierra a lo largo de los años que llevamos en ella.

En la mano del ser humano está recuperar lo que ha perdido, y por ello, hasta el estudio más basal se hace necesario para una posterior reestructuración y restauración ecológica de los ecosistemas dañados.

Aquí juegan papeles esenciales disciplinas como la autoecología, encargada de investigar a los seres vivos a nivel de especie y sus interacciones con el medio, así como la sinecología o la ecología de las poblaciones, que tienen como función estudiar las interacciones y funcionamiento de las comunidades biológicas (un marco “más general”).

Referencias bibliográficas:

  • Autecology, enciclopedia británica. Recogido a 14 de septiembre en https://www.britannica.com/science/autecology
  • Autoecology: an overview, Sciencedirect.com. Recogido a 14 de septiembre en https://www.sciencedirect.com/topics/earth-and-planetary-sciences/autoecology
  • Hollis, G. J. (2004). Ecology and conservation biology of the Baw Baw frog Philoria frosti (Anura: Myobatrachidae): distribution, abundance, autoecology and demography (Doctoral dissertation).
  • More than 32.000 species are threatened with extinction, Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Recogido a 14 de septiembre en https://www.iucnredlist.org/