Un rasgo de personalidad a reivindicar. Unsplash.

En las sociedades de cultura occidental la introversión es un rasgo de personalidad que acostumbra a ser infravalorado. Se valoran las formas llamativas y espectaculares de interactuar con los demás, la facilidad para socializar con extraños y la facilidad para moverse con comodidad a través de grupos en los que varias personas conversan entre ellas.

Ante este panorama, las personas introvertidas salen perdiendo; les cuesta más orientar su atención hacia eventos que ocurren a su alrededor, y en general los lugares en los que hay muchas situaciones complejas interactuando entre sí en tiempo real, como las fiestas con muchas personas desconocidas, pueden llegar a producirles un cierto malestar.

Sin embargo, justamente ese sesgo cultural hace que las ventajas de ser una persona introvertida sean algo a reivindicar. A fin de cuentas, no hay nada racional en asumir que es mejor ser extrovertido que extrovertido, y en muchos países asiáticos, este último rasgo es visto con malos ojos en comparación con el primero.

Las ventajas de ser introvertido

Desde el año 2011 se celebra el día mundial de los introvertidos (World Introvert Day): cae el 2 de enero. Y lo cierto es que hay motivos para celebrar la introversión, a pesar de que muchas veces pasen desapercibidos. Veamos cuáles son.

1. Llegan a conclusiones nuevas

Las personas introvertidas tienen una predisposición natural hacia el acto de reflexionar. Eso significa, entre otras cosas, que tienen una mayor capacidad para, a partir de los “datos crudos” que les llegan del entorno, llevar a cabo in análisis de la información más sofisticado que el resto y el resultado es que tienen una mayor probabilidad de llegar a ideas nuevas, especialmente si son complejas.

Por ejemplo, para escribir una novela es muy ventajoso poder contar con la posibilidad de organizar ideas de manera coherente, o incluso tener la capacidad de pararse a pensar cuando llega una idea nueva y la queremos incorporar a las que ya teníamos antes.

2. Tienen facilidad para fantasear

Nunca está de más no conformarse con la realidad. La imaginación puede llegar a ser el mejor patio de recreo, y quienes son introvertidos tienen mucha facilidad para imaginar vívidamente, ya que no sienten la necesidad de orientar su foco de atención hacia el exterior.

3. No toman decisiones precipitadas

Por norma general, las personas extravertidas tienden a ver “oportunidades” muy a menudo, dado que valoran positivamente el simple hecho de aceptar ciertas dosis de riesgo. De este modo, la opción de lanzarse a probar cosas nuevas les resulta atractiva. Lo malo es que este sesgo hacia los riesgos pueden hacer que tarde o temprano se dé una situación en la que el precio a pagar por esas decisiones sea alto.

Las personas introvertidas, en cambio, lo tienen más fácil para decidir basándose en criterios racionales, lo cual ayuda a acertar. Tienen más motivos para pensárselo dos veces antes de decantarse por una opción u otra.

4. No dependen de distractores externos

Mientras que las personas extravertidas necesitan estar creando planes constantemente, las introvertidas no necesitan pasar por eso, porque pase lo que pase siempre pueden contar consigo mismas. Por eso, si sus amigos no pueden quedar un día, quedarse en casa no es en absoluto algo que sea visto como un problema.

En este sentido, los introvertidos son más independientes, ya que son capaces de desarrollar tareas estimulantes sin tener que esperar a que los propios intereses encajen con los intereses de los demás.

5. Lo tienen más fácil para ser disciplinadas

Por su manera de ser, las personas introvertidas tienen una mayor facilidad para centrarse en una tarea y no distraerse a causa de elementos del entorno. Esto hace que puedan aprender aspectos relacionados con la disciplina, lo cual se nota tanto en sus resultados en el trabajo como en su aprendizaje.

6. Disfrutan de un mundo interior más desarrollado

Otra de las ventajas de ser una persona introvertida es la facilidad a la hora de memorizar información de carácter textual.

En Occidente, la lectura es el hábito por excelencia de los introvertidos, y mediante los libros e Internet tienen acceso a todo tipo de información. Teniendo en cuenta su predisposición a la curiosidad, originada por su tendencia por responder todo tipo de “vacíos” en su conocimiento sobre el mundo, esto significa que aprenden constantemente de manera autodidacta.