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La conducta, que es la conexión establecida entre la respuesta del organismo y una situación ambiental concreta, puede resultar, en ocasiones, desadaptativa.

Para aumentar su funcionalidad (mediante su eliminación, disminución o cambio) es frecuente aplicar principios de aprendizaje, conocidos en psicología como técnicas de modificación de conducta.

Técnicas para la creación e incremento de conductas

Existe un amplio abanico de estrategias con las que bien se puede incrementar o fomentar conductas deseables, bien reducir o eliminar las disfuncionales. Entre ellas encontramos las siguientes.

1. Reforzamiento de conductas

Existen distintos tipos de reforzamiento: el reforzamiento positivo y el reforzamiento negativo.

El primero consiste en aumentar la probabilidad de ocurrencia de una conducta siguiéndola de un evento satisfactorio. Por ejemplo, felicitar a tu hijo por las buenas notas obtenidas en un examen fomentará su posterior esfuerzo en el estudio.

El segundo, se trata del aumento de la probabilidad de aparición de conductas que detienen eventos desagradables. Por ejemplo, en el caso de una persona con claustrofobia, subir por las escaleras en vez de por el ascensor, para evitar la ansiedad que éste le produce, tenderá a repetirse.

¿Cómo usar los reforzadores?

Las conductas reforzadas positivamente se aprenden y mantienen mejor en el tiempo. No obstante, no cualquier reforzamiento es útil, hay que saber elegirlos bien dependiendo de cada caso, para que se adapten a las necesidades del plan y no vayan en contra de su propia lógica. ¿Cómo emplear correctamente los reforzadores?

En primer lugar, se deben escoger adecuadamente. Para ello, hemos de tener en cuenta que deben ser proporcionales al esfuerzo de la conducta a desarrollar. Asimismo, resulta preferible que posean una naturaleza intrínseca (cuyo valor de reforzamiento viene definido por la propia persona) y sean emitidos por las propias contingencias naturales de las actividades realizadas, es decir, que sea el ambiente quien refuerce.

En cuanto a cuándo aplicarlos, el intervalo de tiempo transcurrido entre la emisión de la conducta y la obtención del reforzador ha de ser tenido en cuenta. Los reforzadores aplicados inmediatamente resultan más eficaces para adquirir rápidamente la conducta deseable, entre otras cosas porque queda más claro qué acción ha hecho que aparezcan. 

Sin embargo, para su consolidación y mantenimiento a largo plazo, es preferible que este intervalo aumente de forma progresiva. De este modo, poco a poco se va dependiendo menos de ese plan de reforzamiento, hasta que la conducta ya queda asimilada y forma parte de los propios hábitos.

2. Moldeamiento

El moldeamiento se define como el reforzamiento sistemático de pequeños pasos que llevan a la conducta deseada. Un ejemplo es el aprendizaje de la escritura: no aprendemos directamente a escribir oraciones, si no que primero conocemos las letras, practicamos caligrafía, asociamos letras formando sílabas, palabras...

Para una buena aplicación del mismo, han de concretarse tanto la conducta final (para conocer qué comportamiento se persigue emitir una vez finalizado el proceso), como la conducta inicial (para conocer la línea base de la que parte la persona), los pasos a seguir durante el proceso y el ritmo del progreso.

En ocasiones, para facilitar la aplicación de la técnica, se acompaña el moldeado con otros métodos de apoyo, tales como las incitaciones (indicaciones verbales que guían la conducta a emitir: "la G y la I llevan una U en medio para escribir GUISO"), una guía física (ayuda en el plano motriz en cada uno de los niveles del moldeado: tomar la mano del aprendiz para ayudarle a conseguir la forma de la O) o la ejemplificación (en la cual el "maestro" actúa como modelo para ser imitado: él mismo dibuja la letra).

Por otro lado, el enfoque de modificación de la conducta mediante moldeamiento tiene mucho en común con el concepto de andamiaje con el que trabajó Lev Vygotsky.

3. Aprendizaje

El aprendizaje por modelos (también conocido como modelado o aprendizaje por imitación) se adquiere por medio de la observación del comportamiento de otra persona.

El aprendiz ve el refuerzo que el modelo consigue por realizar su acción y tratará de imitarlo siempre que se desee el mismo refuerzo. Un ejemplo es el aprendizaje de conductas prosociales y cooperativas.

El proceso de modelado consta de una fase de aprendizaje y otra de ejecución, que pueden darse con mayor o menor eficacia en función de variables como las características del modelo, del observador y la situación, en la primera fase, o de la motivación, la calidad de la ejecución y la generalización, en la segunda.

Técnicas para la reducción y eliminación de conductas

Estas son técnicas para hacer que ciertas conductas desaparezcan.

1. Extinción

La extinción consiste en la retirada de los refuerzos que previamente sostenían una conducta. De este modo, se inicia un proceso gradual de debilitación de la misma hasta que termina por desaparecer.

Por ejemplo, un profesor que atiende a los niños que preguntan sin levantar la mano en clase, cuando decida prestar atención únicamente a los que cumplen las reglas establecidas, disminuirá las conductas de hablar de forma espontánea de sus alumnos.

Para su aplicación, es necesaria la identificación previa del reforzador que mantiene la conducta disfuncional y su naturaleza (no basta con eliminar cualquier reforzador que acompañe la conducta, sino aquel que la está manteniendo).

Hay que tener en cuenta que, en ocasiones, la conducta indeseada puede verse incrementada inicialmente en el proceso. Este incremento puede mantenerse durante largos periodos de tiempo (especialmente si la conducta ha sido mantenida por un reforzador intermitente, lo que supone una mayor resistencia a la extinción), pero posteriormente se debilitará hasta quedar eliminada.

2. Saciación

La saciación (técnica contraria a la privación) consiste en la presentación masiva de un reforzador para debilitar su valor reforzante: su administración excesiva en un breve espacio de tiempo termina por resultar aversiva a la persona, de modo que al final evita ciertos comportamientos.

Por ejemplo, un niño que nunca come verdura porque siempre quiere pasta. Si se alimenta únicamente con macarrones durante varios días seguidos terminará por aborrecer el plato, resultándole desagradable.

Pueden distinguirse dos modalidades en esta técnica: la saciación del estímulo y la saciación de la respuesta.

Para aplicarlas es necesario, en primer lugar, detectar las conductas indeseables. Una vez identificadas y escogida la modalidad de saciación, debemos ofrecer un conducta alternativa a la persona (para que sustituya por la disfuncional) y conseguir su mantenimiento.

Referencias bibliográficas:

  • Mairal, J.B. (2014). Técnicas de modificación de conducta: una guía para su puesta en práctica. Síntesis.