Un extraño efecto psicológico. Unsplash.

Desde la más remota antigüedad, el agua ha sido vista como un elemento puro, capaz de limpiar no sólo el cuerpo si no también la conciencia o incluso el alma. Es por ello que a menudo se emplea simbólicamente en diferentes actos y ceremonias de contrición o para liberarse de los errores del pasado.

Sin embargo, no se trata de algo reservado al ámbito espiritual o religioso, si no que es algo frecuente en nuestro día a día: se trata del efecto Lady Macbeth, sobre el que vamos a hablar a lo largo de este artículo.

¿Qué es el efecto Lady Macbeth?

Se conoce como efecto Lady Macbeth a la tendencia o necesidad de limpiarse, lavarse las manos o ducharse después de haber cometido algún acto que va en contra de nuestras creencias y sentimientos, ante la sensación de a gusta y malestar interno que nos supone la contradicción entre nuestra creencia y nuestra acción.

Se trata de respuesta a la disonancia cognitiva que se encuentra presente en la mayoría de la población, sin que estemos ante algo patológico, y que obedece a la necesidad de actuar para aliviar el malestar por la incoherencia. Dicho de otra manera: se busca lavar nuestra conciencia de haber hecho algo que uno mismo considera malo o inapropiado y por la cual se siente culpa. Y este lavado es literal, ya que se asocia o vincula la limpieza física a la mental o moral: el agua limpiará nuestra culpabilidad y malestar igual que lo hace con la suciedad real.

Las acciones, palabras y pensamientos disonante pueden ser de muy distinta índole o gravedad. En algunos casos pueden ser realmente severos, pero no es necesario que se trate necesariamente de algo traumático o grave sino que puede venir (y de hecho es lo más frecuente) de pequeñas mentiras, peleas, hurtos o incluso infidelidades.

Este efecto ocurre en actos que realizamos directamente, pero también en actos imaginados, sueños o pensamientos. Se ha observado también incluso en videojuegos, con jugadores que empleaban trucos o hacían trampas.

En general podemos incluir cualquier acto que nos parezca relevante y por el que sintamos culpabilidad ya que contradice unos valores y creencias arraigadas e importantes para la persona en cuestión. Es posible incluso que se dé en casos en los que el propio sujeto no ha hecho nada o no ha podido hacer nada pero que le despiertan culpabilidad, como por ejemplo una pelea entre seres queridos o la visualización de algún tipo de vejación.

Curiosamente, el hecho de lavarse las manos parece tener un efecto positivo en la reducción de la sensación de culpa: en un experimento realizado por los doctores Zhong y Liljenquist, en el que tras hacer escribir en un ordenador un acto poco ético, se ofreció a la mitad de participantes limpiarse con la excusa de que el teclado no estaba limpio. Posteriormente se les pidió a todos participar en un segundo experimento no remunerado para ayudar a un investigador en apuros. Los que se lavaron mostraron alrededor de un 50% menos de interés en participar que los que no lo hicieron, indicando el estudio que tenían menos necesidad de reparar o disminuir su sensación de culpa.

¿Por qué se produce este efecto?

Los motivos por los cuales existe esta tendencia no son totalmente conocidos, si bien hay una clara vinculación con el condicionamiento y el aprendizaje cultural.

Por un lado, aprendemos que el agua es capaz de eliminar y limpiar la suciedad física. Este aprendizaje, junto al hecho de que limpiarse favorece el bienestar y elimina residuos y patógenos, se ve generalizado a otros ámbitos como el moral.

Asimismo, como ya hemos visto con anterioridad, a lo largo de la historia se ha asociado agua con purificación en gran cantidad de culturas y religiones, incluyendo judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo o budismo entre otros.

El origen de su denominación

"Un poco de agua limpiará el delito". Esta frase harto representativa del efecto que se está explicando en este artículo forma parte de la historia de Macbeth, de William Shakespeare, una obra que es el origen del nombre del efecto que nos ocupa.

A lo largo de la obra "Macbeth y Lady Macbeth" vemos como Macbeth, un noble que logra reconocimiento en una batalla contra los nórdicos, sucumbe a la codicia y ambición de poder tras ser nombrado barón por el rey Duncan.

Junto con Lady Macbeth, su esposa, decide planificar y provocar la muerte del monarca con el fin de obtener la corona (ya que tanto su nombramiento como barón como su ascenso a rey fueron predicho por unas brujas). Cometido el regicidio, Macbeth exclama "¿El océano entero podrá lavar la sangre de mis manos, o mis manos teñirán el verde mar en una inmensa mancha escarlata?".

Es tras ese momento cuando Lady Macbeth pronuncia la frase inicial, proponiendo que un poco de agua limpiará la culpa del asesinato. Pese a ello, a lo largo de la historia la mujer empieza a tener alucinaciones en las que ve la sangre del muerto en sus manos debido a la culpa, y finalmente termina suicidándose.

Vinculación con algunas patologías

Aunque como hemos dicho el efecto Macbeth se da de manera generalizada en la población sin que su presencia implique nada patológico, lo cierto es que este efecto también se manifiesta (y además de manera exagerada) en algunos tipos de patologías.

El ejemplo más claro lo vemos en los trastornos obsesivos y concretamente en el Trastorno Obsesivo-Compulsivo, el cual se caracteriza por la aparición reiterada de pensamientos intrusivos, recurrentes y considerados inaceptables por parte de quienes los padecen, provocando la aparición de una ansiedad que el sujeto suele intentar evitar a través de diferentes rituales llamadas compulsiones (pese a que dicha evitación en el fondo alimenta la perpetuación de la ansiedad).

Las obsesiones y/o compulsiones (no siempre se llevan a cabo acciones rituales, pudiendo existir obsesión sin compulsión como en la neurosis obsesiva) ocupan gran parte del tiempo y a menudo limita la vida de quien lo sufre. Es habitual que las personas con TOC sean hiperresponsables y tengan fuertes sensaciones de culpabilidad respecto al contenido de sus pensamientos obsesivos o al no cumplimiento de sus rituales (en muchos casos el sujeto cree que la compulsión impide que ocurra lo que ha imaginado, ya que no es infrecuente que exista la creencia de que pensar algo equivale a hacerlo).

Dentro del trastorno en sí existen múltiples variantes respecto a obsesiones y compulsiones, pero entre estas últimas una de las frecuentes es precisamente la de lavarse repetidamente. Aunque en algunos casos la compulsión va a ligada a un pánico a la idea de contagiar o provocar enfermedades a las personas del entorno cercano, en otros muchos el lavado es una respuesta a la sensación de culpabilidad y a un intento de "lavarla".

Se encuentra vinculada a la obsesión de contaminación y a la polución mental, siendo ésta última la sensación de estar internamente sucio o ser impuro sin que exista ningún elemento o evento externo que lo genere. Dicha polución es un efecto de la ansiedad y malestar generados por el pensamiento, junto a una fuerte culpabilidad al ir las obsesiones contra las creencias de la persona. Por ello podemos considerar que en estos casos estaríamos viendo un efecto Macbeth en grado patológico.

Además de en el Trastorno Obsesivo-Compulsivo, el efecto Macbeth también se verá con mayor frecuencia en todos aquellos trastornos que se asocien a los sentimientos de culpabilidad (aún si esta no tiene motivo para estar presente. Personas con trastorno por estrés postraumático o con síndrome del superviviente también pueden ser ejemplos de poblaciones en que se puede dar con mayor frecuencia.

Referencias bibliográficas:

  • Fairbrother, N., Newth, S., & Rachman, S. (2005). Mental pollution: Feelings of dirtiness without physical contact. Behaviour Research and Therapy, 43, 121–130.
  • Khan, M. y Grisham, J. R. (2018).Wiping your conscience clean: Investigating the Macbeth effect in individuals with high obsessive-compulsive contamination concerns. Journal of Experimental Psychopathology, 1-10.
  • Shakespeare, W. (2010). Macbeth. Boston, MA: English Play Press. (Original work published 1699).
  • Zhong, C. B. y Liljenquist, K. (2006). Washing Away Your Sins: Threatened Morality and Physical Cleansing. Science, 313 (5792): 1451–1452.