Todos tenemos claro que nuestro cerebro es una asombrosa máquina y que sus capacidades son la envidia de los ordenadores más punteros. Pero, ¿es realmente tan preciso como creemos?

¿Cómo podemos estar seguros de que todo lo que recordamos es real? ¿Y si un evento que recordamos con total claridad no solo está distorsionado, sino que directamente, nunca tuvo lugar?

Veamos cómo de posible es experimentar este curioso fenómeno explorando una cuestión inquietante: ¿es posible implantar recuerdos en las personas?

¿Implantar recuerdos puede ser una realidad?

Ya no hablamos únicamente de estar errados en el recuerdo de un hecho pasado, que recuperamos con una distorsión parcial o total, sino de que dicho falso recuerdo haya llegado a tu memoria a propósito por la acción de alguien. ¿Puede llegar a ocurrir algo así?

Antes de meternos de lleno en los mecanismos subyacentes, te adelantamos la respuesta: sí, puedes llegar a recordar algo que no ha ocurrido jamás gracias a la intencionalidad de otro individuo.

Susumu Tonegawa, del MIT, ha demostrado no solo que este fenómeno es posible, sino que el proceso por el que se da es el mismo que en el de la creación de un recuerdo verídico, y esto es a través de redes neuronales que crean engramas. Tonegawa encontró la región del hipocampo sobre la que debía actuar, utilizando luz, para lograr su objetivo, a través de un método llamado optogenética.

En su experimento, logró condicionar a varios ratones, mediante una pequeña descarga, para que lo recordasen y no entrasen a una cámara determinada. La clave es que la descarga la habían recibido en una cámara diferente, pero los ratones “recordaban” haberla recibido en la que ahora temían.

El efecto Mandela

Podemos ver otros fenómenos de falsos recuerdos mucho más sencillos, sin necesidad de irnos hasta un laboratorio. Por ejemplo, existe un curioso fenómeno en el que hechos que no sucedieron, o al menos no de una forma determinada, son recordados por multitud de personas, a veces por una gran parte de la sociedad.

Se conoce como “efecto Mandela”, porque uno de los más populares es la creencia popular de que Nelson Mandela falleció en los años 80, cuando en realidad lo hizo en el año 2013. Es un término que ha creado Fiona Broome, una bloguera muy conocida en el ámbito pseudocientífico.

Existen multitud de ejemplos de este peculiar efecto, algunos tan populares que al lector le costará creer que esos recuerdos no son reales. Algunas son del ámbito cinematográfico: la famosa cita de: "Tócala otra vez, Sam", jamás se dice en la película de Casablanca, y el archiconocido “Luke, yo soy tu padre” dicho por Darth Vader en El Imperio Contraataca, es en realidad: “No, yo soy tu padre”. Y, lo cierto, es que en la película de Blancanieves, tampoco se utiliza la fórmula de: “Espejito, espejito”, por más que la hayamos escuchado hasta la saciedad en nuestra infancia.

Por poner otros ejemplos que toquen más de cerca la cultura española, lamentamos comunicar que la frase de "Ladran, Sancho, luego cabalgamos" no aparece en ningún rincón de El Quijote. Por otro lado, puede que los lectores que vivieran el golpe de Estado del 23-F, en el año 1981, tengan recuerdos de seguirlo en vivo a través de la televisión, cosa que en realidad es imposible, ya que dicho seguimiento solo se hizo a través de emisoras de radio.

Y, si te gusta el arte, seguro que conoces la celebérrima escultura de Rodin, El Pensador. ¿Podrías imitar un momento su postura? Si has apoyado tu mano sobre la frente, lamentamos comunicarte que estás equivocado, pues en realidad la estatua lo hace sobre el mentón.

Síndrome del falso recuerdo

Aunque no es un trastorno reconocido por los principales manuales de diagnóstico (CIE-10, de la OMS y DSM-V, de la APA), sí que se ha convertido en un término muy popular. Se trata de un concepto acuñado por la psicóloga (y matemática) Elizabeth Loftus. Ha dedicado prácticamente toda su carrera a estudiar la falsa memoria, y para ello se ha servido de curiosos experimentos, que veremos en profundidad más adelante.

Críticas

El principal problema de este trastorno es que nació rodeado de polémica, ya que se empezó a popularizar a raíz de la investigación de varios casos de abusos sexuales a menores en los que, aparentemente, había una serie de recuerdos reprimidos relativos a estos actos, que en teoría afloraban gracias a diferentes técnicas.

Fue entonces cuando se creó la Fundación para el Síndrome del Falso Recuerdo, a través de la cual, una serie de padres que habían sido acusados de ejercer estos abusos sobre sus hijos, se apoyaban en este trastorno para defender su inocencia. Ellos mantenían que esto nunca había tenido lugar y que los recuerdos de sus vástagos eran, sin duda, falsos.

Por ello, pronto surgió el debate en los tribunales y en la comunidad científica sobre la credibilidad de este trastorno, y si no era una mera excusa que utilizaban los acusados para evitar las consecuencias penales sobre los actos que se estaban juzgando.

Algo muy similar ocurre, aunque en otro ámbito de la Psicología, con el Síndrome de Alienación Parental o SAP, pues también tuvo un controvertido origen y tampoco ha logrado el respaldo de los científicos para verse incluido en los listados de diagnósticos de trastornos.

Un caso práctico

Toda la temática de los recuerdos reprimidos vs recuerdos falsos es tratada en profundidad por Elizabeth Loftus en el famoso artículo ¿Quién abusó de Jane Doe?. En él nos relata la historia de una niña que presuntamente recibió abusos por parte de su madre, en la década de los 80, cuando contaba con 6 años de edad.

A lo largo del proceso judicial, se le encargó a David Corwin, psicólogo, realizar el peritaje sobre el testimonio de la pequeña. Concluyó que efectivamente habían sucedido dichos abusos, por una serie de indicadores que estableció.

El problema es que, cuando Loftus estudió el caso, encontró una serie de incoherencias e información omitida a lo largo del proceso que, por lo menos, eran suficientes para poner en duda la conclusión, y más con la gravedad de la acusación que implicaba.

Se trata de una reflexión tremendamente interesante ya que, apoyándose en un mismo caso práctico, obtenemos primero una visión que habla de recuerdos traumáticos reprimidos, mientras que en la segunda nos encontramos con la posibilidad de que dichos recuerdos hayan sido implantados, y por lo tanto, sean falsos.

Experimentos

La doctora Elizabeth Loftus ha dedicado décadas de trabajo para lograr métodos que permitan discernir si es posible implantar recuerdos, ya que, como ella misma dice, en una investigación es igual de importante no contaminar la escena del crimen como el testimonio de un testigo.

Vamos a destacar algunos de sus famosos experimentos.

Perdidos en el centro comercial

Se trata de una prueba realizada a diferentes sujetos en las que se les relató cuatro episodios referentes a su propia vida, gracias a la información que habían aportado previamente amigos y familiares. La peculiaridad es que uno de esos cuatro, era falso, y consistía en la experiencia de haberse perdido de niños en un centro comercial.

Pasado un tiempo se les pidió que rememorasen todas esas vivencias y dijeran si se acordaban. Nada menos que un 25% de los participantes dijeron recordar el evento falso.

Y, lo que es aún más asombroso, cuando se les explicó que una de las cuatro anécdotas con las que estaban trabajando, no había sucedido, y se les pidió que intentasen averiguar cuál, más de un 20% dijeron una diferente a la fraudulenta.

Accidente de tráfico

En otro experimento, a los voluntarios se les hacía visualizar unas secuencias de vídeo en las que se veían unos accidentes entre diferentes coches. Posteriormente se les pidió que recordaran lo sucedido, pero se hizo a través de preguntas muy concretas, que en unos casos incluían términos como “contacto” y en otros “choque”, y similares.

El resultado no dejaba lugar a dudas. Con algo tan sencillo como la elección de una palabra u otra, ya estaban logrando sugestionar a los sujetos, pues aquellos a los que se les formuló la pregunta con términos “suaves” afirmaban que los coches iban a una velocidad baja, mientras que los otros estaban seguros de que los vehículos se movían muy rápido antes del impacto.

Implicaciones

Tras las profundas investigaciones realizadas por Elizabeth Loftus, llegó a una conclusión clara: es posible implantar recuerdos, y además es relativamente sencillo hacerlo.

Para sintetizar la repercusión de este fenómeno, ella misma ha utilizado una frase, realmente demoledora, en una de las entrevistas que le han hecho: “Tus recuerdos son como los artículos de la Wikipedia. Tú los puedes modificar, pero también pueden hacerlo los demás”.

Referencias bibliográficas:

  • Ramirez, S.; Liu, X.; Lin, P.A.; Suh, J.; Pignatelli, M.; Redondo, R.L.; Ryan, T.J.; Tonegawa, S. (2013). Creating a False Memory in the Hippocampus. Science. Vol. 341, Issue 6144, pp. 387-391
  • Loftus, E., Ketcham, K. (1996). The myth of repressed memory: False memories and allegations of sexual abuse. Macmillan.
  • Loftus, E. (1993). The reality of repressed memories. American Psychologist.
  • Loftus, E. & Guyer, M.J. (2002). Who abused Jane Doe? The hazards of the single case history. Skeptical Inquirer.